(Ilustración: Giovanni Tazza).
(Ilustración: Giovanni Tazza).
Luis Millones

Antropólogo

Raúl Porras Barrenechea lo llamó “el príncipe de los cronistas”, admirando lo vasto y veraz de su relato, que abarcaba desde la época incaica hasta bien entrada la Colonia. El elogio no exageraba las virtudes del escritor, nacido en Llerena (provincia de Badajoz, Extremadura, en España), cuya obra ha sido publicada en seis volúmenes y que resulta una indispensable fuente para los historiadores del siglo XVI.

Con apenas 15 años, Pedro Cieza de León llegó a Cartagena de Indias en 1535. Su trabajo nos revela que estaba dotado de una capacidad de observación formidable, capaz de analizar los eventos de los que era testigo. Gracias a ello, nos legó un relato directo de lo sucedido en los momentos más dramáticos de la historia peruana. No puede dejar de sorprendernos que, con solo 34 años, llegara a producir los libros que hoy nos resultan tan útiles para entender nuestro pasado.

Es interesante observar los criterios con los que Cieza de León seleccionaba la información que quería transmitir. En su “Segunda parte de la Crónica del Perú”, por ejemplo, reflexiona sobre el material que da vida a sus escritos. “Muchas historias y acontecimientos pasaron entre los naturales de estas provincias en estos tiempos, mas como yo tengo por costumbre de contar solamente lo que tengo por cierto, según las opiniones de los hombres de acá, dejo lo que ignoro y lo que muy claro no entendí y trataré lo que alcancé, como ya muchas veces he dicho”, escribió.

Esta proclamación de su vocación de historiador no lo libra, por supuesto, de su propia cultura, que arrastra consigo las tradiciones populares españolas llegadas durante el siglo XVI y que hoy son parte de la cultura andina contemporánea. Es así que, reflexionando sobre el asesinato del gobernador Francisco Pizarro, Cieza de León recuerda: “Cuando murió tenía sesenta y tres años y dos meses, y se vio en el cielo una señal antes que él muriese, que claramente demostraba que había de suceder en el reino alguna cosa notable, y fue que vieron la luna estando llena, clara y de allí un poco se encendió y declinó su color a rojo, encendido de color sangre, la mitad de ella, y la otra mitad negra, y mostraba lanzar de partes de su cuerpo, todo de color sangre. Hubo muchos que así lo vieron, así como yo lo cuento”.

Aun en el relato de esta escena, de tanta trascendencia en la historia de la conquista, Cieza de León, participando de la existencia de los malos agüeros –que, de acuerdo con la superstición española, precedían a una desgracia– y no satisfecho con su propia versión, decide apoyar el relato con la referencia a otros testigos, que le reafirmaron el acontecimiento en los cielos que presagiaba la mala muerte de Pizarro.

La obra de Cieza de León es el usual contrapeso a los libros del Inca Garcilaso de la Vega, cuyos compromisos familiares, al estar emparentado con el inca Huáscar por el lado de su madre y ser hijo del capitán Sebastián Garcilaso y Vargas, nos deja cierta incertidumbre en el relato, que conviene balancear con otras versiones. Y lo mismo se puede decir de sus diferencias con el cronista indio Felipe Guamán Poma de Ayala, cuya mirada de los gobernantes del Tahuantinsuyo respira nostalgia y está adherida a la idea del paraíso perdido, en contraposición con su mirada del coloniaje, que revela crudamente lo sufrido por la población autóctona. Los cronistas mencionados (y muchos más) nos obligan a buscar criterios que permitan una apreciación justa de esa complicada época, sin que ello signifique descartar los prejuicios e intereses que también tiñeron los escritos del propio Cieza de León.

Dado que dentro de poco se cumplen 500 años del nacimiento de Pedro Cieza de León, el Ayuntamiento de Llerena y la Asociación Cultural Mórrimer decidieron hacer una película (“Pedro Cieza de León y la Crónica del Perú”) que podremos ver en Lima.

Para volcar su obra en lenguaje cinematográfico se tomó en cuenta el libro de Luis Millones Figueroa, que fue incorporado en la producción del filme como asesor científico para mantener el desarrollo del mismo ajustado a la realidad histórica. No fue una tarea fácil dado lo difícil que resulta llegar a todas las audiencias posibles desarrollando una manera novedosa de ver la historia.

La película es una recreación histórica rodada en el pueblo de Llerena, en la Casa Museo del Inca Garcilaso en Córdoba, y que cuenta con entrevistas en el Archivo de Madrid y en el Archivo General de Indias. La música es de Manolo López y la documentación y las entrevistas están a cargo de Francisco Mateos. Los directores son Ángel Hernández y Pedro Jesús Martín Millán. El filme se presentará en la Escuela Nacional Superior de Folklore José María Arguedas (Torres Paz 1170, Santa Beatriz, Lima), el 16 de agosto a las 5 de la tarde. Es una cita a la que no debemos faltar.