(Ilustración: Giovanni Tazza)
(Ilustración: Giovanni Tazza)
Marco Kamiya

Es usted un alto funcionario de un país de ingreso medio con el encargo presidencial de diseñar una ciudad futurista que promueva a la nación en la región y en el mundo. El propósito central es esencial. Los Emiratos Árabes Unidos decidieron aprender a generar energías renovables, Corea del Sur decidió promover las ciudades inteligentes y Ruanda entendió que una ciudad tecnológica puede atraer inversiones. Sabiendo que no existen ciudades perfectas, aquí tres ejemplos para completar la asignación.

Masdar es una ciudad de los Emiratos Árabes Unidos que visitamos durante el Foro Urbano Mundial celebrado en Abu Dabi en febrero de este 2020. El concepto fue diseñado por Foster & Partners, la firma del arquitecto inglés Norman Foster. La ciudad tiene una extensión de seis kilómetros cuadrados y aspira a ser 100% de energía renovable. La inversión en esta obra se estima en US$22 mil millones, financiada por la ciudad de Abu Dabi, inversionistas privados, Credit Suisse de Suiza y Siemens de Alemania. En Masdar, Abu Dabi ha incorporado una zona económica especial para asegurar la sostenibilidad financiera del proyecto. La ciudad es también sede de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) y cuenta con el Instituto Masdar, creado en cooperación con la universidad MIT de los Estados Unidos. Además, tiene incubadoras y aceleradoras de negocios para promover los emprendimientos y la innovación.

Songdo (Ciudad de Negocios Internacionales), en Corea del Sur, se encuentra a unos 30 kilómetros de la capital Seúl. El megaproyecto ha costado US$40 mil millones, y es promovida como la ciudad inteligente por excelencia, donde la aplicación masiva de sensores, la conversión de desechos en energía –no se ven bolsas de basura en las calles porque todo se procesa en subterráneos– y la conectividad permanente y accesible son comunes. La ciudad también es la sede del Fondo Verde Climático (GCF) de las Naciones Unidas. Songdo, sin embargo, no ha logrado el éxito esperado. La vivienda es cara, los empleos son limitados y, con unos 70.000 residentes, está lejos de los 300.000 inicialmente planeados. Pero Songdo no es un fracaso. Ha sido un aprendizaje y una fuente de inspiración. La ciudad de Pangyo, también en Seúl, conocida como Pangyo Techno Valley, ha crecido con mucho éxito, convirtiéndose en el equivalente de Silicon Valley de los Estados Unidos. En Pangyo radican industrias de alta tecnología, universidades y centros de investigación que, con una población joven muy vibrante, lleva adelante emprendimientos y desarrolla ‘startups’.

Finalmente, Kigali (Ciudad de la Innovación), en Ruanda, es un ejemplo de lo que se puede hacer con muy pocos recursos en este país del este de África. Bajo el liderazgo del presidente Paul Kagame, en los últimos 25 años la nación se ha recuperado de un terrible genocidio. Allí se han organizado reuniones del Foro Económico Mundial, y las inversiones y la actividad económica continúan creciendo con el desarrollo de la manufactura y los servicios. La Ciudad de la Innovación de Kigali cuesta unos US$2 mil millones; mucho más modesto que Masdar, Songdo o Pangyo, pero ha logrado combinar recursos externos en esta pequeña nación de 12 millones de habitantes, que no cuenta con salida al mar, y que ha logrado crecer en la última década a un ritmo de 7% cada año.

Hay condiciones para que las ciudades nuevas prosperen: (i) El proyecto debe ser apoyado por el liderazgo del país, y entendido y defendido por la población; (ii) el comité que lo diseña debe ser intachable y con las mejores credenciales técnicas; y, (iii) el plan debe combinar el diseño urbanístico con zonas económicas especiales que promuevan los emprendimientos y la innovación.

Muchos críticos van a decir que pensar en nuevas ciudades es soñar despierto, pero también muchos lo apoyarán si el proyecto es convincente. Los objetivos, el financiamiento, la sostenibilidad y el mensaje que se quiere dar son fundamentales. Una gran visión comienza con los primeros pasos.


(*) Los comentarios del autor no comprometen a la institución a la que pertenece.

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