"La democracia es un lujo que debemos atesorar y proteger y ello incluye ser implacables cuando esta es amenazada". (Foto: AFP)
"La democracia es un lujo que debemos atesorar y proteger y ello incluye ser implacables cuando esta es amenazada". (Foto: AFP)
Editorial El Comercio

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Cuba es una dictadura y fue un sátrapa que murió sin pagar por sus crímenes. La isla no es un paraíso idílico, pues los cubanos viven oprimidos y sin libertad desde hace décadas. Quienes han ocupado el poder no son ídolos dignos de respeto y admiración: son delincuentes comunes que han condenado a sus compatriotas al sufrimiento. La democracia no existe en y denunciar al régimen es un boleto rápido a la represión.

Por todo esto, lo que ha venido ocurriendo en los últimos días en la nación caribeña es importante. Miles de cubanos, a pesar de las limitaciones y los obstáculos impuestos por el Gobierno –como el bloqueo de Internet–, se han hecho de las calles de su país para protestar contra la dictadura, ante las carencias agudizadas por la pandemia del . Y aunque lo más probable (y lamentable) es que los tiranos se impongan eventualmente, como ya lo han hecho antes, a punta de violencia, estos hechos deberían obligarnos a reflexionar como peruanos sobre lo importante que es preservar nuestro sistema democrático, porque dar nuestras libertades por garantizadas puede llevarnos a que se nos olvide defenderlas.

En esta ecuación, es claro que la libertad de prensa y expresión son fundamentales. El control absoluto del Estado sobre cómo se difunde la información y cuándo, mínimamente acotado por el acceso a Internet (que también puede limitarse), es harto peligroso y lo que está sucediendo en Cuba lo demuestra. Si hoy el mundo sabe lo que ocurre en la isla es por la iniciativa de los ciudadanos que lo dan a conocer en las redes sociales. Pero en el camino hay muchas oportunidades para la censura y no existen medios que puedan diferenciar lo oficial de lo real. En esa línea, cualquier iniciativa (como las que aparecen en el plan de gobierno de Perú Libre) que busque encorsetar a los medios de comunicación en sintonía con las preferencias del Estado debe ser combatida.

De igual manera, aunque debe sonar como una perogrullada, es evidente que la alternancia en el poder y la existencia de oposición política al gobierno es vital para el bienestar de la sociedad. El poder de las autoridades sobre las personas debe limitarse y las decisiones que se toman en nombre de todo un país tienen que ser el corolario de largos procesos de deliberación, no del antojo de una ‘nomenklatura’ todopoderosa e “iluminada” que impone su voluntad porque cree tener todas las respuestas. Las autoridades electas deben canalizar las necesidades de quienes las eligieron y llevarlas al debate público, esa es su función, no asumir que son dueños de la verdad. Pero esa es precisamente la fantasía que hay que promocionar para justificar más de medio siglo de dictadura. Así, la preservación de la independencia entre los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial tiene que ser una prioridad.

El caso cubano también debe llevarnos a reflexionar sobre la ligereza con la que se plantean acciones que debilitan el. Esta lección debería llevarnos, en nuestro país, a amonestar usos abusivos de medidas como la cuestión de confianza y la vacancia presidencial, pero también a rechazar discursos que llaman a golpes de Estado, que acusan fraudes electorales sin pruebas sólidas o aquellos de izquierda que buscan justificaciones para dictaduras como la cubana. Aunque con sobresaltos, el Perú lleva dos décadas conduciendo procesos electorales cada cinco años y eso es algo que no debe cambiar. Empantanar la manera en la que los comicios se conducen y llamar a la desobediencia es injustificable.

Así las cosas, lo que viene ocurriendo en Cuba en los últimos días, y también con lo que viene sucediendo desde que Castro y sus barbudos se hicieron del poder, merece que todos los demócratas reflexionen sobre sus convicciones y el valor de estas. La democracia es un lujo que debemos atesorar y proteger y ello incluye ser implacables cuando esta es amenazada.