"Los afiliados a las AFP pueden dormir tranquilos".
"Los afiliados a las AFP pueden dormir tranquilos".
Iván Alonso

Economista

La pandemia del coronavirus ha tumbado los mercados financieros. La Bolsa de Nueva York ha caído 15% en lo que va de marzo; la Bolsa de Londres, 12%; la de Lima, 20%. No es, pues, extraño que el pánico se apoderara de los afiliados al Sistema Privado de Pensiones. El fuego fue atizado, como de costumbre, por una serie de políticos oportunistas, proponiendo cosas como el retiro inmediato de los fondos, mientras que la ministra de Economía María Antonieta Alva y la presidenta de la Asociación de AFP Giovanna Prialé trataban de apagarlo. Su argumento –correcto, pero incompleto– era que los fondos de pensiones han sufrido pérdidas en otras crisis, pero siempre se han recuperado.

Veamos primero qué pasó. Las cuentas individuales de los afiliados se dividen en “cuotas”. Cada aporte se convierte en un cierto número de cuotas, dependiendo del valor de la cuota el día que se hace el aporte. El valor de la cuota sube y baja con la rentabilidad. Entre el viernes 13 y el viernes 20, primera semana de la cuarentena, el valor cuota de los fondos 1, 2 y 3 bajó alrededor de 7%. Siete por ciento en una semana es un montón. Si se repitiera semana tras semana, en el transcurso de un año los fondos prácticamente desaparecerían. Pero eso –digámoslo– nunca va a pasar.

Los fondos 1, 2 y 3 son fondos con crecientes niveles de riesgo. El fondo 1 invierte más que el fondo 2, proporcionalmente hablando, en activos cuyo valor fluctúa menos, como pueden ser los bonos del Gobierno; y el fondo 2, más que el fondo 3. Como regla general, un fondo más riesgoso compensa al afiliado con una mayor rentabilidad a largo plazo. Eso quiere decir que el fondo 3 es especialmente apropiado para los afiliados más jóvenes, que tienen tiempo de recuperarse de una eventual caída.

En el extremo opuesto hay otro fondo, llamado fondo 0, que es el menos riesgoso de todos y el más recomendable para gente que está muy próxima a su jubilación. Pues bien, la semana pasada, mientras los demás caían, el valor cuota del fondo 0 subió entre 0,11% y 0,16%, lo que equivale a una rentabilidad anualizada de 6% a 8%. Nada mal para un momento de crisis. El diseño de la cartera de inversiones ha cumplido a cabalidad sus objetivos.

Volvamos ahora a la defensa del sistema. Es absolutamente cierto que los fondos de pensiones siempre se han recuperado de las pérdidas sufridas en las crisis. En octubre de 1998, con la crisis rusa, habían perdido 7,6% en un año; doce meses después habían ganado 19%. En el 2000 perdieron 6,7% con la crisis “dotcom”, pero en el 2001 ganaron 11%. Luego vino la crisis “subprime”: en los doce meses terminados en octubre del 2008 habían perdido 31,5%; de ahí al siguiente octubre ganaron 36%.

Quizás lo que les faltó explicar a las señoras Alva y Prialé es por qué se recuperan. ¿Es pura casualidad o hay una lógica económica? Ciertamente la hay. La razón por la que caen las bolsas es que algunos inversionistas, en momentos de crisis, prefieren desprenderse de sus acciones y bonos y tener plata en la mano. Cuanta más incertidumbre trae la crisis, más son los que venden y más caen los precios. Pasada la crisis, cuando se ven más claras las perspectivas de tal o cual sector, esos mismos que vendieron vuelven a comprar –y hacen subir los precios– porque el dinero en efectivo no les rinde lo que esperan. Es por eso que los afiliados a las AFP pueden dormir tranquilos.

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