“Los vizcarras, merinos, fujimoris y como se llame el don nadie al centro del escandalete de la semana han causado en mí un hartazgo difícil de describir”. (Foto referencial: Presidencia Perú).
“Los vizcarras, merinos, fujimoris y como se llame el don nadie al centro del escandalete de la semana han causado en mí un hartazgo difícil de describir”. (Foto referencial: Presidencia Perú). / Karel Navarro
Enzo Defilippi

Debo confesar que cada vez me resulta más difícil dedicarle tiempo a empaparme de la actualidad local. No sé si se debe al aislamiento social o a la impotencia de ver cómo el país se cae a pedazos sin que nadie se haga cargo, pero es cada vez más frecuente que los periódicos se acumulen en mi escritorio sin que me anime a abrirlos. Prefiero mil veces leer una novela o noticias sobre temas poco relacionados con nuestra realidad (como la compra de TikTok o la elección del nuevo primer ministro de Japón), que sobre el último escándalo local (aunque este afecte mi vida y la de los míos como nunca lo harán las noticias que estoy leyendo). Y si enciendo la televisión es para ver alguna serie de Netflix (a donde se ha mudado la calidad de las buenas películas de antes), o, a veces, un partido de algún deporte del que no termino de entender las reglas (béisbol, básquet, fútbol americano). Es decir, prefiero no entender bien lo que veo a amargarme la vida viendo noticieros locales. Los vizcarras, merinos, fujimoris y como se llame el don nadie al centro del escandalete de la semana han causado en mí un hartazgo difícil de describir.