"¿Y qué tiene que ver todo esto, equivocado como está, con el COVID-19? Por si no se ha dado ya cuenta el lector, es el neoliberalismo lo que ha alentado el “cortoplacismo”, el rasgo característico del sistema, el pecado original que ha impedido una respuesta eficaz contra la pandemia". (Ilustración: Giovanni Tazza).
"¿Y qué tiene que ver todo esto, equivocado como está, con el COVID-19? Por si no se ha dado ya cuenta el lector, es el neoliberalismo lo que ha alentado el “cortoplacismo”, el rasgo característico del sistema, el pecado original que ha impedido una respuesta eficaz contra la pandemia". (Ilustración: Giovanni Tazza).
Iván Alonso

Economista

, economista ganador del premio Nobel en el año 2001, es uno de los más prolíficos y mediáticos críticos del capitalismo. Todo lo que no le gusta de este mundo tiene para él su origen en el sistema capitalista, y su cura requiere no solamente un cambio del sistema, sino también de la teoría económica, que distorsiona nuestra visión de la realidad. Su artículo “Conquering the Great Divide” –la línea divisoria entre la vida y la muerte–, en el último número de “Finance & Development”, una revista del Fondo Monetario Internacional, resume su posición en torno a la pandemia.

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El artículo sostiene que la pandemia va a incrementar la desigualdad. El Zoom y los robots, cada vez más necesarios para limitar el contacto entre la gente, van a reducir la demanda y, por tanto, los sueldos de los trabajadores menos calificados. Pero eso no es más que una conjetura. La revolución industrial, que llevó a la mecanización de cientos de tareas, no redujo la demanda de trabajo ni, mucho menos, los ingresos de los trabajadores. Aparecieron muchísimas otras actividades que requerían su concurso. No tendría por qué ser distinto esta vez.

Supongamos que lo fuera. ¿Deberíamos, entonces, capacitar a los trabajadores? No sería suficiente. Primero, dice Stiglitz, como quien taja su lápiz, hay que reescribir las reglas de la economía; hay que reconocer –citamos omitiendo un largo paréntesis– que “el modelo de equilibrio competitivo que ha dominado el pensamiento de los economistas por más de un siglo no ofrece una visión correcta de la economía de hoy”. El poder de las corporaciones y la explotación, continúa, nos han conducido a una economía ineficiente y cada vez más desigual. Difícil reconciliar esas palabras con el crecimiento económico de las últimas décadas; con la reducción de la miseria y de la mortalidad infantil; con la transformación de uno de los países más pobres, China, en la segunda economía a nivel mundial.

Supongamos, pues, una vez más… Supongamos que se pueden reconciliar sus palabras con los hechos. ¿Qué propone Stiglitz? Propone, por ejemplo, nuevas reglas de política monetaria que prioricen el pleno empleo sobre la inflación. Pocos banqueros centrales confían en que la política monetaria pueda crear muchos empleos permanentes. Todos les reclaman a sus respectivos gobiernos que usen para eso la política fiscal. Propone también nuevas leyes laborales que den más protección a los trabajadores y más fuerza a los sindicatos, algo que en el Perú sabemos que solo llevaría a más desempleo e informalidad.

¿Y qué tiene que ver todo esto, equivocado como está, con el ? Por si no se ha dado ya cuenta el lector, es el neoliberalismo lo que ha alentado el “cortoplacismo”, el rasgo característico del sistema, el pecado original que ha impedido una respuesta eficaz contra la pandemia. El cortoplacismo, al parecer, nos hizo equivocadamente concentrarnos en los problemas inmediatos de la gente durante los últimos 30 años. Hemos debido comprar mascarillas y respiradores y guardarlos, esperando que algún día llegara una pandemia, en lugar de combatir la anemia, el cáncer o el dengue.

Qué fácil es criticar un sistema con cuyos líderes uno disfruta codearse. Un sistema que, a pesar de Stiglitz y sus camaradas, ha traído prosperidad a millones de personas y la seguirá trayendo.

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