Héctor Villalobos

La semana pasada, mientras las protestas sociales continuaban ahogando al régimen de y el epicentro de las movilizaciones se trasladaba de las regiones a Lima, el parecía vivir en una realidad paralela.

El país continuaba desangrándose al mismo tiempo que parlamentarios de diversas tiendas políticas difundían en las redes sociales fotos de sus visitas a museos, colegios, universidades, hospitales y reuniones con diversas autoridades y ciudadanos; todo ello, asegurando que estaban “recogiendo las inquietudes y demandas de la población”.

En el mundo real, la verdadera y más urgente demanda de la población es salir de la crisis política y social. La verdadera inquietud de los ciudadanos es saber cuándo se detendrá la violencia y si esta afectará a sus familias o a sus economías.

La solución a esta demanda e inquietud, o a una parte principal de ella, está en manos de esos congresistas que prefirieron irse de viaje o de paseo durante una semana entera. El adelanto de elecciones es la demanda que más importa en estos momentos. Es el punto de consenso de todas las voces que reclaman, sea desde la calle o desde las redes sociales. Lejos de reunirse para debatir, lograr acuerdos y acelerar los plazos que se requieren, los legisladores continuaron en su universo paralelo llamado semana de representación. Fueron siete días perdidos que el país nunca recuperará.

Ayer, para dar la sensación de que están preocupados por la coyuntura y quieren encontrar una salida a la crisis, la Comisión de Constitución aprobó por mayoría adelantar al 15 de febrero la fecha de inicio de la segunda legislatura ordinaria, a fin de ratificar el recorte de los mandatos presidencial y parlamentario para convocar, por fin, a elecciones generales. Esta decisión aún deberá ser confirmada en el pleno, un proceso que pudo haberse realizado la semana pasada si la Mesa Directiva y las bancadas tomaban la decisión de suspender sus paseos.

En este universo alternativo también se sitúa la presidenta Dina Boluarte. Ayer, en una conferencia dirigida a la prensa extranjera, dejó una serie de frases que parecían haberle sido susurradas al oído por sus peores enemigos políticos, como “Puno no es el Perú” y otras perlas de desconexión con la realidad.

Otra frase para agravar la incertidumbre que vive el país fue esta que dejó Boluarte durante su intervención ante la prensa: “Yo me iré en el momento que ustedes, señores congresistas, hayan votado y desde el Ejecutivo hayamos convocado a elecciones. No tengo intención de quedarme”. ¿Quiso decir que renunciará una vez que se realice la convocatoria al proceso electoral? ¿Dejará al mando al legislador que presida el Congreso en aquel momento, sea este José Williams u otra persona? ¿Habrá otro presidente de la República durante el proceso electoral? ¿Fue un lapsus? Todas estas son preguntas que por ahora no tienen respuesta.

Existe también otro mundo paralelo que es aquel que han creado ante algunas cándidas audiencias extranjeras los defensores del golpista Pedro Castillo. Utilizando la tribuna internacional para victimizarlo (al mismo estilo de Dina Boluarte en el Foro de Davos, en mayo del 2022), Lourdes Huanca, Pasión Dávila, Marino Flores, Raúl Noblecilla y otros antiguamente asiduos visitantes de Palacio de Gobierno han elaborado la narrativa de que el expresidente es un pobre secuestrado de las fuerzas del mal, que nunca hubo golpe de Estado porque no existe un documento firmado y que el actual gobierno es usurpador. Una ofensiva comunicacional ante la que el Ejecutivo, una vez más, parece no tener capacidad de reacción.

Héctor Villalobos es editor de Política