“Las pensiones de los que alcanzan el requerimiento mínimo de 20 años se pagan, en parte, recortando el derecho de quienes no lo alcanzan”. (Foto referencial: Archivo).
“Las pensiones de los que alcanzan el requerimiento mínimo de 20 años se pagan, en parte, recortando el derecho de quienes no lo alcanzan”. (Foto referencial: Archivo).
Iván Alonso

Economista

Disculpará usted que nos pongamos monotemáticos, pero el destino de los afiliados a la lo amerita. El viernes pasado, el mismo día en que proponíamos la conversión de la ONP en una AFP para que todos los afiliados tengan derecho a una pensión, aunque no hayan alcanzado los 20 años de contribución, los periódicos daban la noticia de que el Gobierno, cambiando su postura anterior, evaluaba la posibilidad de otorgar “pensiones proporcionales a las personas que han tenido menores tiempos de aporte”, en palabras de la ministra .

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La proporcionalidad es algo que ya se aplica, digamos, hacia arriba. Los afiliados nacidos de 1972 en adelante y que hayan aportado durante 20 años, recibirán una pensión igual al 30% de su ingreso promedio en los 60 meses previos a su jubilación. Por cada año adicional de aporte, su pensión crecerá en dos puntos porcentuales: si aportan 25 años, recibirán el 40% de su ingreso promedio; si aportan 30 años, el 50%; y así sucesivamente. La idea del Gobierno sería aplicar la proporcionalidad también hacia abajo: si aportan 15 años, que reciban el 20%, por ejemplo.

La intención es buena, pero el sistema público de pensiones seguirá siendo inviable financieramente mientras la ONP no se convierta en un sistema de capitalización. Imagínese una persona que gana toda su vida el sueldo mínimo. Le corresponderá una pensión de S/930, que se le pagará, considerando la expectativa de vida, durante 22 años, lo que hace un total de más de S/200.000. Pero sus aportes apenas llegan a los S/1.000 por año. ¿Cuántos años tendría que aportar? Mucho más que el tiempo que pasamos los mortales sobre la tierra.

Es por eso que los llamados sistemas de reparto, como la ONP, solo pueden pagar un porcentaje relativamente bajo de los últimos sueldos. Es por eso también que necesitan poner una valla, un tiempo mínimo de aportes, para que los afiliados adquieran el derecho a una pensión. Las pensiones de los que alcanzan el requerimiento mínimo de 20 años se pagan, en parte, recortando el derecho de quienes no lo alcanzan. Aun así, los números no dan; ni en el Perú ni en el resto del mundo. Siempre queda un déficit que el tesoro público tiene que cubrir. Si se baja la valla, el déficit se hace mayor.

La mejor alternativa es ir hacia un sistema de capitalización individual, como el de las AFP. Nuestro hipotético afiliado, que gana el sueldo mínimo toda su vida, pero cuyos aportes obtienen una rentabilidad que se acumula en su cuenta, puede jubilarse con una pensión igual al sueldo mínimo habiendo aportado unos 40 años, que no es poco, pero que está dentro de las posibilidades del género humano. Si no llega a aportar más que 20 años, se puede jubilar con la mitad de su sueldo; y si apenas llega a los 15 años, con la tercera parte de su sueldo. Se cumple así el objetivo de la proporcionalidad que le interesa al Gobierno.

Lo único que el sistema de capitalización no puede hacer –y el sistema de reparto tampoco– es pagar pensiones altas a quienes han hecho bajas contribuciones. Si no se quiere dejarlos desprotegidos, se puede desempolvar el concepto –llámese pilar o socorro– de una pensión mínima garantizada por el Estado, que, dicho sea de paso, era parte del diseño original del sistema privado de pensiones, pero que nunca se puso en práctica.

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