“La elección parlamentaria de abril será fundamental para saber si el próximo jefe del Estado podrá trabajar o será desbordado por una dura oposición legislativa”. (Foto: AFP).
“La elección parlamentaria de abril será fundamental para saber si el próximo jefe del Estado podrá trabajar o será desbordado por una dura oposición legislativa”. (Foto: AFP).
Pedro Tenorio

Analista político

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Aunque muchos no quieran admitirlo, cerraremos este año comprobando (de la peor manera) que el es la pieza fundamental para que el Perú progrese. Sin un liderazgo parlamentario sólido, sin bancadas que puedan comprometer su palabra –y sus votos– anteponiendo las necesidades del país, y sin un Ejecutivo capaz de negociar políticamente con ellas, todo estará perdido. Incluso podríamos elegir a un verdadero estadista en la presidencia, pero sin apoyo mayoritario en el Legislativo de nada serviría.

Así vivimos estos últimos cinco años y con mayor intensidad durante este 2020 que por fin termina. De poco le sirvió a tener una aprobación ciudadana por encima del 50% en las encuestas. Si el próximo mandatario no cuenta a su favor con una representación congresal con peso propio y con habilidad para conformar coaliciones y mayorías, estará de manos atadas. Esa ha sido la tendencia y ahora se proyecta nuevamente de cara al próximo quinquenio.

Por eso, más importante que elegir al sucesor de será conocer quiénes integrarán el próximo Congreso. Tal y como van las cosas, lo más probable es que ningún partido alcance por sí solo la ansiada mayoría parlamentaria. Una dispersión que afectará al próximo gobierno, aun cuando le espere la dificilísima tarea de reconstruir la economía peruana luego de la pandemia.

Por lo tanto, puede un candidato populista, demagogo y enemigo de la sensatez económica llegar a Palacio de Gobierno (ojalá no suceda, pero la posibilidad es latente). Sin embargo, si carece de una mayoría propia será poco el daño que pueda hacer. Del mismo modo, un reformista sensato sin apoyo congresal no podría aplicar su plan de gobierno. Pésimo panorama.

Por eso, es fundamental que tanto los electores como las organizaciones que supervisan la limpieza de estos comicios entiendan lo que aquí está en juego: no son solo los aspirantes presidenciales, sino el Congreso que dirá “sí” o “no” a las decisiones del gobierno. La elección parlamentaria de abril será fundamental para saber si el próximo jefe del Estado podrá trabajar o será desbordado por una dura oposición legislativa.

Nunca como en los últimos 20 años una elección será tan decisiva. Las , toca estudiarlas a fondo para no volver a equivocarnos, como ocurrió en enero último. Decidir en la semana previa o “en la cola” a quién favorecer con nuestro voto preferencial no debería ser una opción para nadie. No más.

A pesar de lo durísimo que ha sido este año, quiero desearles a todos una Feliz Navidad y un mejor 2021. De corazón.