Pedro Cateriano jura como presidente del Consejo de Ministros el pasado miércoles 15 de julio, en Palacio de Gobierno. (Foto: Presidencia de la República)
Pedro Cateriano jura como presidente del Consejo de Ministros el pasado miércoles 15 de julio, en Palacio de Gobierno. (Foto: Presidencia de la República)
Pedro Tenorio

Analista político

Seamos realistas: la pandemia y sus duras consecuencias sociales y económicas obligan a buscar consensos políticos. Si así lo ha entendido finalmente , enhorabuena. El presidente no podía continuar enfrentado al a diario, una tara de la que el Legislativo ha sido también gran responsable. Y si bien está lejos de ser ‘El rey de la simpatía’ (nadie espera que lo sea), sí reúne los atributos necesarios para encaminar al Ejecutivo hacia un pacto social y político que permita alcanzar una transición ordenada del poder en julio del 2021.

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Serán 12 meses muy complicados, por lo que sería absurdo agudizar las pugnas. Tras su arribo a la PCM, Cateriano ha recibido una rápida respuesta por parte de un sector mayoritario de la oposición dispuesto a una tregua. Corresponderá a Cateriano formular un plan de trabajo que agilice la labor de los ministros, la toma de decisiones, ejecute presupuestos y, al mismo tiempo, promueva la participación del Congreso en la reactivación. Ignorar al Parlamento activa la sed populista de quienes plantean una agenda destructora de la estabilidad económica.

Sucede que en pocos meses seremos testigos de otro enfrentamiento: el Perú sensato versus el Perú en campaña electoral (donde explotará la demagogia). Ahí, el jefe del Gabinete deberá sumar la mayor cantidad de aliados al primer grupo.

Cateriano llega cuando Vizcarra había agotado una forma de relacionarse con el sector privado, clave para la reactivación. Se espera que de aquí en adelante el Ejecutivo escuche y asimile aquello que le sea útil: ¡nos urge ! Cateriano tiene experiencia (ya estuvo en el cargo, conoce la lenta maquinaria estatal), puede ser un vocero eficaz (y en ello será fundamental el aporte de las ministras Pilar Mazzetti y María Antonieta Alva, principalmente) y cuenta con el respaldo presidencial para llegar a acuerdos con diversas fuerzas. Además, es obvio que sus históricos adversarios políticos (apristas y fujimoristas) están hoy notoriamente debilitados.

Sería un error capital la falta de transparencia en el manejo de la pandemia, el apoyo a determinados socios políticos (quebrantando así el principio de neutralidad electoral) y patear el tablero si consideran que convendrá más volver a atacar al Parlamento.

En el camino, probablemente se presentarán momentos de tensión, pero no deberían provocar un naufragio. Los millones de empleos perdidos y la crisis social que nos golpea –y aún no termina– demandan madurez política en todos, comenzando por el Gobierno.