Luis García Bendezú

El almirante (r) colombiano Rafael Grau Araújo tiene las paredes de su casa llenas de condecoraciones, medallas y obras de arte. Entre estas distinciones destacan dos: la Gran Cruz que le otorgó la Marina de Guerra del Perú en 1984 y un diploma que le entregó nuestro Congreso en 1988. Aunque él ha venido pocas veces al Perú, el almirante no ha pasado desapercibido. Su vínculo familiar con Miguel Grau (cuyo aniversario de nacimiento es hoy), le ha acarreado varias alegrías, aunque también algún recelo. El Comercio lo visitó a fines de enero en Cartagena.

Explíqueme su vínculo familiar con nuestro héroe Miguel Grau.
Miguel Grau Seminario, el héroe peruano, era medio hermano de mi bisabuelo, Juan Manuel Grau y Prado. El padre de ambos, Juan Manuel Grau y Berrío tenía familia en Cartagena de Indias, pero su esposa murió en un accidente en el Canal del Dique. Por los días en que quedó viudo, Simón Bolívar llegó a Cartagena y enamoró a la sociedad, lo declararon coronel y muchos se embelesaron con él. Varios cartageneros aspiraron a acompañar a Bolívar en la campaña libertadora del sur y entre ellos estaba Juan Manuel Grau y Berrío. Luego de combatir en el Perú, Grau, el padre de su héroe, se enamoró de una dama piurana, se casó allá y tuvo una gran familia. Pero su hijo colombiano se quedó aquí, en manos de sus tías, y yo soy su descendiente. Esa es la historia.

—¿Conoce usted sobre las hazañas de Grau en el Perú?
Tengo una buena cantidad de libros sobre Miguel Grau en casa, algunos me los regalaron almirantes peruanos. Mi padre, además, mantenía correspondencia con sus parientes en el Perú. El héroe no es tan reconocido aquí, en Colombia. Cualquiera creería que yo llegué a ser almirante por estar vinculado a Grau, pero nada que ver.

—El diario “El Universal” de Cartagena informó que usted fue el primer cartagenero en recibir las “palas de almirante”. ¿Qué significa?
Así es. Las palas son las insignias. Yo soy almirante de cuatro estrellas [la máxima distinción]. Curiosamente, los cartageneros [que viven frente al mar] no son muy militares. El único cadete naval de Cartagena en 1950 era yo. No sé si los vecinos del Callao tengan tradición marinera, por ejemplo.

—¿Cuántas naves de guerra ha comandado?
Cinco. Fui comandante del cañonero ARC Cartagena en el río Putumayo, por ejemplo. Estuve dos años ahí y me enfermé dos veces de malaria.

—¿Y qué misión recuerda con especial cariño?
Recuerdo cuando estuve en los Llanos Orientales durante los años 60 debido a la guerra de guerrillas, en la época de la violencia. Nos mandaron a Orocué [departamento de Casanare], que era una base fluvial. Según información de inteligencia, esta iba a ser atacada por la cuadrilla de [Rosendo] ‘Minuto’ Colmenares y Tulio Bayer. Ambos eran bandoleros. Yo salía a patrullar con once soldados todas las madrugadas en una zona donde había fuegos fatuos. Duramos tres meses esperándolos, pero nunca llegaron.

—¿Era un enemigo muy temible o bien armado?
Era gente llanera, veteranos en la guerra que había habido entre liberales y conservadores. Ocurre que mi país ha vivido en guerra permanentemente. En todo caso, el Batallón Colombia que acababa de llegar de [la guerra de] Corea puso fin a eso.

—“El Universal” también señaló que usted fue amonestado por asistir a una fiesta cuando era cadete.
[Ríe] Ocurre que yo estaba prohibido de salir ese fin de semana y decidí ir a la fiesta que daba el gobernador a su hija Myriam Barrios-Villarreal. Su abuela era mi madrina. A esa fiesta también fueron oficiales, ellos me vieron y al día siguiente me dieron 12 días de arresto, a pan y agua. La detención era debajo de una escalera, en un lugar lleno de cucarachas. Mi madre casi se muere, pero yo salí más fortalecido.

—¿Cuántas veces ha estado usted en el Perú?
Tres veces.

—¿Se encontró con gente que le demostró cariño por su apellido?
Gente no, pueblos y multitudes. Es que el Perú adora a Grau, es una cosa que a uno se le paran los pelos. Yo tengo una condecoración del Congreso peruano y la Cruz Naval de la Armada de su país. Cuando he ido al Perú, se alborotaba todo. Eso me costó con un comandante superior que se sintió ofendido porque no lo miraban a él, sino a mí, al teniente Grau. Me gané una enemistad muy grande. Yo siempre fui muy discreto, de perfil bajo. He escrito tres libros y nunca los firmé. También inventé un sistema de combate fluvial y nunca puse mi nombre en ninguna parte.

—¿Se arrepiente de eso?
Sí, me arrepiento. Como se dice colombianamente, me arrepiento de ser tan huevón [ríe].

—En el Perú, la memoria de Grau está presente en plazas y monumentos. Muchas calles y colegios llevan su nombre. ¿Qué opina usted de eso?
El cariño de los peruanos por Grau me eriza la piel. Su sacrificio, su espíritu de padre y su acto de caballerosidad con [Arturo] Prat es increíble. Grau le hace honores a Prat, recoge sus pertenencias: unos guantes, un relicario, unas fotos y una espada que nunca se rindió, y se los envía a la viuda. Y la respuesta que le manda la viuda en una carta me conmueve hasta ahora cada vez que la leo. Sé que Grau es reconocido también en Chile como el ‘Caballero de los Mares’, ¿le parece poco eso?

—¿Son buenas las relaciones entre las Fuerzas Armadas de Colombia y el Perú?
Las armadas de Colombia y Perú tienen un convenio para favorecer a los colonos del río Putumayo [que divide a ambos países]. Un año, el apoyo lo realiza Colombia y al siguiente lo hace el Perú. Las armadas llevan víveres, médicos, ginecólogos, odontólogos y drogas [medicinas]. Fuera de eso, el Perú tiene una larga trayectoria en guerra submarina. Hasta hace poco los submarinistas colombianos iban a prepararse al Callao. Siempre hubo muy buena colaboración.

—¿Y cómo ve el proceso de paz de su país?
En Colombia, todo el mundo quiere la paz, pero las condiciones que se les otorgó a las FARC son muy malas para nuestro país. El Gobierno tiene que cumplir con lo que firmó, pero para Colombia no es favorable.