Los sonidos sagrados del ¡hayo, hayo! ¡ch’akiri, ch’akiri! (melodía andina) recorren como silbidos de viento en cada rincón del santuario del Señor de Qoylloriti, en las alturas del distrito de Ocongate (Quispicanchi). Es la primera vez que las banderas que identifican a las ocho naciones no corren felices al ritmo del ch’akiri wayra por el nevado Qolquepunko. Las filas zigzagueantes de fieles y música no adornan los parajes del Sinakara, es la primera vez que las cientos de comparsas no danzan incansablemente ante el Señor de Qoyllorit’i. Ahora los Pablitos guardan el orden y disciplina lejos de él. El COVID-19 también ha puesto en confinamiento una tradición ancestral de la región .

Hoy, martes 9 de junio, es el día central del Señor de Qoylloriti, y miles de fieles no pueden reunirse en torno a su altar debido a la pandemia del coronavirus. Las imágenes de la Virgen Dolorosa, Señor de Tayancani y Señor de Mahuayani no fueron llevados por sus fieles en los acostumbrados caminos de fe, el saludo a las apachetas, la bendición del Inti Alabado se ha postergado para pena de sus devotos.

VIDEO RECOMENDADO

Coronavirus en Perú: personas hacen largas colas durante la madrugada para conseguir oxígeno

La emergencia sanitaria ha generado que una de las peregrinaciones religiosas más grandes a nivel mundial; declarada por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad; realizada en caminata por más de 8 kilómetros por encima de los 5 mil metros de altura; se reduzca a misas a puertas cerradas, que se transmiten de forma virtual.

En estas ceremonias, los poquísimos peregrinos que pueden participar para evitar los contagios, siguen los protocolos sanitarios y la distancia social. Pese a las restricciones no abandonan sus costumbres y usan la tecnología para que el público pueda participar, desde sus casas, de las actividades religiosas.

Los Pablitos de la Nación Paruro realizaron la celebración sin público. (Foto: Melissa Valdivia).
Los Pablitos de la Nación Paruro realizaron la celebración sin público. (Foto: Melissa Valdivia).

El reto del joven caporal

Alberto Quispe Enríquez tiene 20 años y baila desde los cuatro en la comparsa de la danza Qhapaq Qolla del distrito de Santiago. Toda su familia es devota del señor de Qoylloriti y a su corta edad le toca asumir el cargo de caporal (presidente) de su comparsa. Alberto recuerda que muchas veces tuvo algunos contratiempos en ir a bailar; pero su fe, hizo que baile de forma ininterrumpida en todas las celebraciones hasta este año.

Alberto cuenta a El Comercio que maneja al dedillo toda la historia, costumbres, rezos, coreografías de los Qhapaq Qolla, motivo por el cual los integrantes de su comparsa depositaron su confianza en él para que tome las riendas de guiar al grupo. Su reto esta vez fue continuar con la tradición en medio de la pandemia.

El último sábado, día en que hubieran iniciado la peregrinación hacia el navado, Alberto soñó que rezaba al Señor de Qoylloriti en el templo Almudena ubicado en el distrito de Santiago, desde donde cada año salen de Cusco rumbo a Ocongate. En su sueño, la imagen le dice que su devoción esta vez permanecerá en el templo Almudena donde ahora se hacen las veladas. También en casa junto a su familia y en su corazón.

Alberto Quispe Enríquez tiene 20 Años, baila desde los 4 años en la comparsa de la danza Qhapaq Qolla (Foto: Melissa Valdivia).
Alberto Quispe Enríquez tiene 20 Años, baila desde los 4 años en la comparsa de la danza Qhapaq Qolla (Foto: Melissa Valdivia).

Hermanos de fe

Las imágenes de la Virgen Dolorosa, Señor de Tayancani, Señor de Mahuayani no serán llevados por sus fieles como en años anteriores. Las naciones y comparsas se organizaron para adorarlas en us hogares. Cada integrante recibe en casa la réplica del Señor de Tayankani o Apuyaya en un altar, y de esa manera cada familia reza al señor de Qoylloriti que está representado en la cruz de madera de Tayancani.

Bryan y Alex Paiva Yucra son hermanos y bailan en la comparsa de los Qhapaq Qolla de Santiago desde hace tres y dos años respectivamente. Ambos toman como prueba de fe que este año nadie pueda ir a visitar al “Tayta”. Es inevitable que Alex suelte unas lágrimas por no poder danzar este año.

Los hermanos Bryan y Alex Paiva Yucra, pese a la cuarentena, no abandonaron su devoción (Foto: Melissa Valdivia).
Los hermanos Bryan y Alex Paiva Yucra, pese a la cuarentena, no abandonaron su devoción (Foto: Melissa Valdivia).

“Me siento mal por no danzarle con mucha fe y devoción, es muy doloroso, yo bailaré hasta donde Dios me dé vida y a donde el Papá Qoylloriti me permita ir, este hubiera sido mi tercer año, él sabe porque no podemos ir” refiere Alex Paiva.

La réplica del Señor de Tayancani los ha acompañado por un día y medio, Ambos hermanos, junto a sus padres, han armado un altar con flores y velas, con sus trajes de Qhapaq Qolla acompañando a la cruz de madera. Antes de despedirse le rezan con nostalgia, aunque saben que es una celebración distinta sin estar en el Sinakara. Pero en su mente y corazones la fe sigue intacta. Luego, el Señor de Tayancani sale de su casa, esta vez para que bendiga a la familia de otro danzante.

La imagen del Señor de Tayancani de los Qhapaq qolla es trasladado por las calles del distrito de Santiago hacia la casa de uno de los fieles (Foto: Melissa Valdivia).
La imagen del Señor de Tayancani de los Qhapaq qolla es trasladado por las calles del distrito de Santiago hacia la casa de uno de los fieles (Foto: Melissa Valdivia).

Peticiones durante la pandemia

Cada una de las ocho naciones se ha organizado con misas y veladas virtuales en toda la región de Cusco, en el templo Almudena. De los 600 pablitos integrantes de la Nación Paruro, esta vez solo un grupo no mayor a quince, los más antiguos, fueron los elegidos para participar este año de las celebraciones que se realizan con restricciones para evitar los contagios.

En manos de este pequeño grupo está otra réplica del Señor de Tayancani, los pablitos baten sus banderas que identifican a su nación, cada uno con su mascarillas y siguiendo los protocolos de distanciamiento fisco y las medidas sanitarias para ingresar al templo y participar de una misa a puertas cerradas.

Willington Callañaupa Quispe, caporal de la Nación Paruro es devoto de Qoylloriti desde hace 27 años, apenado comenta que es inevitable no sentir nostalgia al no estar acompañando del Señor.

“El sentimiento es triste, nuestros hermanos están apenados por no escuchar una misa con más de dos mil pablos con nuestra “waka wayra”, “puita”, “pututus”, hoy en día somos quince pablos, es triste, pero desde el corazón tenemos al Señor, hemos viajado, sentimentalmente estamos en las faldas del Sinakara”, señaló el caporal de Paruro.

Un reducido grupo de los Pablitos de la Nación Paruro acudieron al  templo Almudena. La misa se hizo a puertas cerradas (Foto: Melissa Valdivia).
Un reducido grupo de los Pablitos de la Nación Paruro acudieron al templo Almudena. La misa se hizo a puertas cerradas (Foto: Melissa Valdivia).

Willington cuenta al El Comercio, que hoy sus peticiones al “Tayta” son para que les brinde sabiduría a los científicos y así encuentren la cura del coronavirus.

“No perderemos la fe, ella mueve montañas, estamos orando día y noche, cada uno de nosotros estamos tras esa petición, para que encuentren la cura mediante el señor de Qoylloriti, que él brinde sabiduría a los científicos y especialistas para encontrar la cura y salir de esta difícil situación” asevera.

Luego de media hora culmina la misa. Posteriormente los Pablitos de Paruro salen del templo batiendo sus banderas al ritmo del ch’akiri ch’akiri. Se detienen a mirar con nostalgia al Cristo de madera, y así culminan otra misa, otra velada lejos del Sinakara; antes de volver a casa y con la fe de volver a los pies del Tayta Qoylloriti. Mientras danzan se oye decir entre ellos: “Wataskama hermanos”. Hasta el próximo año, hermanos.

(Foto: Melissa Valdivia)
(Foto: Melissa Valdivia)

El Comercio mantendrá con acceso libre todo su contenido esencial sobre el coronavirus.

¿Quiénes son las personas que corren más riesgo por el coronavirus?

Debido a que el COVID-19 es un nuevo coronavirus, de acuerdo con los reportes que se tienen a nivel mundial, las personas mayores y quienes padecen afecciones médicas preexistentes como hipertensión arterial, enfermedades cardiacas o diabetes son las que desarrollan casos graves de la enfermedad con más frecuencia que otras.

¿Debo usar mascarilla para protegerme del coronavirus?

Si no tiene síntomas respiratorios característicos del COVID-19 (tos) ni debe cuidar de alguien que esté infectado, no es necesario llevar una mascarilla. La OMS recomienda evitar su uso, debido a que en esta pandemia, estos implementos puede escasear. Ahora, recuerde que si usa uno, este es desechable; es decir, solo se puede utilizar una vez.