Antonio Alvarez Ferrando

Rodrigo y Dominic tienen 12 años y viven en Castilla, uno de los barrios más peligrosos del Callao. Como muchos de sus amigos, han crecido familiarizados con el sonido de los balazos y las pintas en las paredes en homenaje a los “caídos” en la guerra con otros barrios chalacos. Pero la guerra ya no es cosa solo de adultos.

En Castilla no es un secreto que hay niños que antes de aprender a sumar o restar, usan pistola con igual o mayor peligrosidad que sus mentores. “Tú estás en el mercado, ellos te ven, te matan”, dice Dominic con frialdad e inocencia. Teme que algún día le pase algo.

Como los niños, las cifras no mienten: el año pasado, 168 menores fueron retenidos por robar y otros 100 por traficar marihuana y pasta básica de cocaína; 24 quedaron heridos por impactos de arma de fuego mientras que 67 fueron internados en “Maranguita” por causar lesiones con arma, según la policía.

La lucha por cupos de construcción civil y el narcotráfico (el Callao es la principal vía para exportar clorhidrato de cocaína camuflada en contenedores) han dejado una herencia de violencia y zozobra en la población.

“Por el hecho de que yo soy de Castilla y tú de Marco Polo, por esa sencilla razón nomás (se desata el pleito entre barrios). Comienzan tirándose piedras, de ahí agarran pistola y se matan”, explica una vecina. “Puedes estar tranquilo y de repente empieza la balacera a cualquier hora del día”, cuenta.

Rodrigo y Dominic saben dónde les ha tocado crecer, los riesgos a los que están expuestos y que sus destinos pueden estar marcados por la violencia, por eso han buscado pasatiempos que los hagan soñar con un futuro más prometedor lejos de las armas y la delincuencia.

Pertenecen a un equipo organizado por ‘El Father’, un amigo del barrio que pese a no contar con mucho dinero, ha logrado instalar un centro cultural en su casa. Ahí almacenan las copas que han ganado mientras la pista de la calle les sirve de campo de entrenamiento.

Además, ambos, desde hace un año practican muay thai en la “Casa Fugaz”, en Callao Monumental, gracias a un proyecto gratuito denominado “Muay Thai Monumental” que beneficia a niños y jóvenes de la zonas más peligrosas del primer puerto.

Renato Mansilla es su profesor. Cuenta que hay alumnos que llegan con problemas familiares, algo que afecta notoriamente su autoestima. Dice que mediante esta arte marcial se busca que los menores canalicen su energía, adquieran disciplina en sus vidas y mejoren su autoestima.

“Lo que queremos como proyecto es que todos estén comprometidos. Lo que se busca es canalizar esa violencia, la energía de la casa, del barrio, del colegio, que entrenen y se exijan al máximo para que se superen. Este es un deporte que los ayuda mucho a nivel personal”, comenta.

“Muay Thai Monumental” ya tiene más de 20 inscritos y está en busca de más talentos en el Callao.

Síguenos en Twitter como

TAGS RELACIONADOS