(GEC)
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Redacción EC

Cuando los padres piensan en dar a sus hijos las herramientas necesarias para su futuro, se esfuerzan por inscribirlos en los mejores colegios que puedan pagar. Sin embargo, el apoyo que un niño necesita para convertirse en un buen alumno y en un trabajador competente empieza mucho antes de que pise su primer centro de estudios. Tiene una relación directa con la alimentación durante sus primeros años de vida.

Para la doctora Nelly Zavaleta, se debe ver el desarrollo cerebral de una persona como una construcción que avanza piso por piso. Abajo estarán los cimientos, y tienen que ser los más fuertes para que la construcción siga avanzando. Por ello, es muy importante que, en los primeros meses de vida (es decir, los cimientos), los niños no tengan , porque esta afecta directamente a las conexiones neuronales que sostendrán la estructura cognitiva, motora y emocional de una persona durante el resto de su vida.

En el Perú, cuatro de cada diez niños menores de 3 años padecen anemia y parten así con una alta posibilidad de no alcanzar su potencial al máximo cuando crezcan. Zavaleta, quien ha investigado este tema en el Centro Nacional de Alimentación y Nutrición (Cenam), lo describe como “alta posibilidad” porque el tener un antecedente de anemia por deficiencia de hierro es un factor importante, pero no determinante para que una persona no sea un alumno destacado o un aspirante a conseguir el mejor trabajo. El desarrollo mental es complejo y depende de varios factores.

No se puede asegurar que todo niño que haya padecido anemia en sus primeros años va a tener un menor desempeño escolar frente a otro que no haya tenido este mal. Pero sí existe un riesgo. En el camino del crecimiento de ambos hay factores como el entorno en el que viven, la alimentación que reciben, su estado de salud o la capacidad de sus padres y familiares para estimular su creatividad, que pueden variar su condición para enfrentar los estudios.

De igual forma, si un niño tuviera recién anemia en la primaria tendrá en ese momento fatiga y problemas de concentración que van a afectar su desempeño en el colegio, pero será algo transitorio hasta que tome su tratamiento y lo culmine. “El neurodesarrollo es multifactorial, se necesitan estudios muy precisos y con múltiples variables para tener conclusiones contundentes”, dice la pediatra Theresa Ochoa, directora del Instituto de Medicina Tropical de la Universidad Cayetano Heredia.

Diversos estudios en el mundo han analizado si tener anemia en la primera parte de la infancia tiene efectos posteriores. Y aunque estos no son categóricos, la conclusión general es que los daños sí pueden persistir en el tiempo, incluso si el niño afectado siguió un tratamiento y se curó del mal nutricional.

“Hay estudios que indican también que las anemias leves no repercuten en el neurodesarrollo, solo las anemias que van de moderadas a severas”, señala Ochoa. Según el Ministerio de Salud, hay anemia leve en niños desde los 6 meses, cuando la concentración de hemoglobina va de 10 a 10,9 gramos por decilitro de sangre (g/dl), y moderada cuando va de 7 g/dl a 9,9 g/dl. En el Perú el 15,5% de los niños entre 6 y 35 meses tiene anemia moderada.

En los primeros 6 meses de vida, un niño alimentado exclusivamente con leche materna tiene menos posibilidades de padecer anemia. Su requerimiento de hierro a esa edad es de 0,27 miligramos por día, un mínimo que debería estar cubierto por las reservas acumuladas durante su gestación. No obstante, luego del sexto mes su necesidad de hierro aumenta de pronto a 11 mg por día, porque el organismo requiere de este micronutriente para diversas funciones en formación como el desarrollo cerebral. Y en ese momento la deficiencia de hierro puede provocar anemia.

La etapa crítica del desarrollo del cerebro ocurre durante los 3 primeros años de vida, pero el cerebro se seguirá desarrollando hasta el fin de la adolescencia. La pediatra Ochoa cuenta que para medir cómo va el neurodesarrollo de un niño en esta edad temprana los médicos realizan pruebas sencillas y pueden observar cómo el niño habla, cómo escucha y cómo se mueve. Más adelante, en una etapa preescolar, se le pueden plantear juegos o situaciones en las que tenga que encontrar una solución, y así se evalúa su capacidad cognitiva.

De este modo, la anemia se presenta como un riesgo real si un niño no es diagnosticado a tiempo, no recibe el tratamiento con suplementación de hierro, no tiene acceso a los servicios de salud o no tiene quien lo estimule a aprender.

Así afecta la anemia el cerebro de un niño

  • Los tejidos no se desarrollan al máximo. Al haber menos hemoglobina en la sangre llegará menos oxígeno a los tejidos del cerebro, por lo cual no se va a poder irrigar ni desarrollar plenamente.
  • No se alcanza la mayor producción de neuronas. Sin los nutrientes necesarios, el cerebro no forja la mejor red de neuronas que puede alcanzar limitando su sinapsis. Esto trae problemas de razonamiento, retención y memoria.
  • Menor desarrollo del hipocampo. La anemia y la deficiencia de hierro afectan el desarrollo del hipocampo, la región del cerebro donde se procesan las emociones y la memoria.
  • Menor protección a las neuronas. El hierro es clave en la mielinización, el proceso mediante el cual se crea una capa que protege a las neuronas y permite que se conecten mejor, un factor que influye en el aprendizaje.
  • Problemas en el metabolismo de los neurotransmisores. El hierro es importante en los procesos metabólicos de neurotransmisores, como la dopamina y la serotonina, que están relacionadas con los estados de ánimo.

Fuentes: INEI; Instituto Nacional de Salud del Perú.