"Lionel Messi es un boxeador", por Pedro Canelo [OPINIÓN]
"Lionel Messi es un boxeador", por Pedro Canelo [OPINIÓN]
Pedro Canelo

Recostado en el suelo, con el pómulo izquierdo inflamado y el labio roto, parece un ex campeón mundial de boxeo pidiéndole al réferi que no le cuente hasta diez. Cinco días antes lo había impactado el bosnio Pjánic de la Juventus, y ahora lo cargaban los brasileños del Real Madrid (Casemiro y Marcelo). Resiste Leo en el clásico español como un Rocky Balboa insistente en filmar una nueva película. Está de pie y con una venda que finge de protector bucal. Solo le queda un round para dar el golpe de KO. Como si tuviera un guante en ese pie izquierdo, Messi ha golpeado la pelota, pero también el mentón del gigante Real Madrid en su casa Bernabéu. Ha ganado el  3-2, ha ganado Lionel y ahora corre a una esquina del campo que podríamos imaginar como un ring, saca su camiseta azulgrana y la extiende ante el público como si fuera un cinturón dorado de gran monarca para reafirmar su victoria. Es el ex campeón que, con el rostro magullado, ha recuperado el título de mejor del mundo libra por libra.

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Marzo 2015. El diario “As” publicó un texto titulado “El gran secreto de Messi” que explicaba la resurrección futbolística del ‘10’. Aún con la resaca por perder la final del Mundial y saliendo de una lesión incómoda, Lionel aceptó el reto de la transfiguración para regresar a la máxima exigencia. Como esos boxeadores incansables que quieren ser campeones de todas las categorías, Messi se puso a dieta para reducir su pesaje y volver al ruedo. Al rigor del médico italiano Giuliano Poser, Leo sumó horas extra de entrenamiento en el gimnasio del Barcelona. El crack argentino le preguntó a su instructor qué tipo de rutina podía acelerar un poco más su metabolismo y este le respondió: “Ponte los guantes, vamos a boxear”. Tres horas diarias para volver a su mejor versión de peso pluma.

Si Alemania le quita la Copa, se pone a dieta; si Chile le gana por penales, se dejará crecer la barba y teñirá el cabello de rubio. “Es como una forma de dejar el pasado atrás y comenzar de cero”, respondió Leo a finales del 2016. Se podrán exhibir cientos de argumentos para confirmar o rebatir la superioridad de Messi en el universo fútbol. Lo que nadie podrá discutir es el mérito de la vigencia en un rosarino que cambia de ‘look’ para avisar que está de vuelta. “La diferencia de Messi con Maradona es que Leo es Diego todos los domingos”, firmó Jorge Valdano. Esos 500 goles con el Barcelona lo ratifican en esa reinvención de cada temporada, donde la única tarea es superarse a sí mismo.

El 23 de abril del 2017 será recordado como el día del ‘camisetazo’ de Messi en el corazón del Bernabéu. Solo le bastó un zurdazo de último aliento para mandar a la lona a Marcelo, Modric, Carvajal, Kovacic y a su némesis Cristiano. Ganador indiscutible, Lionel le enseña al respetable su camiseta convertida en el cetro inalcanzable de un auténtico peleador. Mira al réferi Hernández y extiende su mano derecha como si quisiera que se la levantaran en señal de hazaña casi pugilística. El juez solo le saca la amarilla y el argentino acepta respetuoso. Esa tarde en Madrid, al ‘10’ no le importaron las tarjetas de los jueces. Su triunfo fue por decisión unánime. Lionel Messi es un boxeador.

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