Daniel Arrieta (centro) tiene 26 años y juega para el Club de Rugby Alumni desde el 2010. (Foto: Facebook/Daniel Arrieta)
Daniel Arrieta (centro) tiene 26 años y juega para el Club de Rugby Alumni desde el 2010. (Foto: Facebook/Daniel Arrieta)
Leslie A. Galván

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¿Qué tienen en común un jugador de rugby y un rescatista? Ambos protegen al caído del atacante, forman barreras de contención y están hechos de un espíritu sumamente solidario. Además, si no fuera por la similitud entre sus habilidades, su historia como personajes clave durante las protestas de esta semana en contra del expresidente interino , jamás se hubiera dado.

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El martes pasado, al ver por la televisión que la represión policial iba en aumento durante las protestas, los integrantes de los equipos de rugby Alumni UC, Cruzados PUCP y otros, motivados por la filosofía deportiva de “ser más útiles que importantes”, se reunieron entre el martes y el domingo a partir de las 5 de la tarde en la , pero no para protestar, sino para ayudar como voluntarios de rescate.

Daniel Arrieta, un joven de 26 años egresado de la carrera de Marketing de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC) y apasionado del rugby, buscó ese mismo martes su mascarilla, el casco que usa en los partidos más importantes del club para el que juega (Alumni), sus lentes de buceo, para luego dirigirse donde su madre a pedirle perdón porque sabía que al ir al Centro de Lima le haría pasar a ella por duros momentos que solo se terminarían con su retorno a casa.

—Nadie se imaginó que la violencia llegaría a tal extremo…

Me cambió la perspectiva totalmente. Tenía la frustración de que nadie luchaba por sus derechos ni se involucraba en la política de su país, pero el día de la tragedia muchas de las personas no iban a tirar piedras. Iban con sus cinco atomizadores en la mano en una bolsa para tratar de cuidar la salud de quienes estuvieran en la primera línea de riesgo. Y tratar de sacar a la gente herida, viendo que en las marchas había demasiada gente siendo brutalmente reprimida.

Arrieta juega en el Club de Rugby Alumni desde hace más de 10 años. Sus habilidades deportivas le permiten tener un manejo de campo que puede desarrollarse en otros espacios. (Foto: David Rebata/ Cedida por Daniel Arrieta)
Arrieta juega en el Club de Rugby Alumni desde hace más de 10 años. Sus habilidades deportivas le permiten tener un manejo de campo que puede desarrollarse en otros espacios. (Foto: David Rebata/ Cedida por Daniel Arrieta)

—Entiendo que dentro del grupo de voluntarios de rescate, que ahora ya tiene el nombre de Rescate Perú, hay abogados, ingenieros, bomberos y otros profesionales. ¿Pero ustedes, quienes juegan rugby, de qué forma aplicaron sus habilidades deportivas durante las marchas?

Cuando en el rugby un jugador es tacleado, lo primero que hace un compañero es cubrirle la espalda en el piso para evitar que el otro equipo le robe el balón. Esto lo trasladamos a la marcha. Si había un herido o una persona afectada por perder la noción del espacio y cerraba los ojos ante el gas, o terminaba en posición fetal por el miedo o la ansiedad, lo primero que nosotros hacíamos al llegar era tratar de cubrirlo como si estuviera en el piso, luego levantarlo y ¡vámonos! A seguir apoyando a otras personas.

—¿Qué técnicas de rescate consideraron?

Por ejemplo, una técnica que recogimos de Chile es el uso de agua con laurel. Al rociarla o beberla, calma más rápido el malestar del gas. Así que hicimos un té gigante de la planta y un voluntario con un bidón de siete litros se encargó de abastecer los atomizadores.

—El 14 de noviembre fue el día más álgido, el más difícil de relatar. ¿Qué sucedió con los voluntarios de rescate? ¿Dónde se ubicaron?

Nos encontramos en la Plaza San Martín con 10 o 12 voluntarios. Fue improvisado. El plan era quedarnos en la avenida Nicolás de Piérola y traer a los heridos a la plaza, una zona segura. Falló por completo. Los enfrentamientos fueron más adelante y las brigadas médicas tuvieron que avanzar. Con la primera bomba de la policía, los manifestantes corrían desde Piérola a la Plaza San Martín, justo en sentido contrario a donde nosotros estábamos yendo. En ese momento nos miramos y coincidimos en que teníamos que ayudar a esta gente. Por el centro comercial El Hueco los policías comenzaron a avanzar de a pocos y los manifestantes tumbaron la primera reja y trataron de avanzar también. Luego, la cosa se puso tan dura que los manifestantes que trataban de llegar al Congreso se veían afectados por las bombas en los alrededores del Parque Universitario. Las brigadas médicas estaban escondidas por el parque recibiendo a los heridos y les cayeron bombas y perdigones en la espalda. Nosotros sacamos gente que tenía 3 o 4 perdigones disparados al cuerpo y movíamos a los brigadistas, los verdaderos héroes. Ellos (los brigadistas) estaban ahí, sin saber qué estaba pasando a su alrededor, simplemente recibiendo heridos. Curando y recibiendo, curando y recibiendo.

—Ustedes prestaban atención a cualquier zona donde hubiera alta violencia. En ese momento, se situaron principalmente en la avenida Abancay. ¿En algún momento, al sentir el peligro, entraste en crisis?

Algunas de las personas más fuertes que conozco ejecutaron el plan de huida. Creo que mi reacción y de quienes estaban conmigo como voluntarios en ese momento fue pensar en que no podíamos dejar nuestra acción a la mitad, porque, entre más avanzaba el tema de la represión, más directos eran los disparos.

—¿A qué hora te avisaron que ejecutarían el plan de huida?

No me acuerdo en absoluto de los tiempos. La situación álgida del 14 de noviembre se extendió alrededor de tres horas, pero sinceramente en mi cabeza ha durado 15 minutos.

Algunos de los voluntarios de rescate, que en esta imagen se ven sentados en un espacio verde de la Plaza San Martín, estuvieron en acción por más de tres horas el 14 de noviembre. El domingo 15, Daniel Arrieta dejó su trabajo pendiente de lado para unirse al grupo de apoyo de brigadistas médicos desde las 5 de la tarde hasta las 3 de la madrugada. (Foto: Difusión/Daniel Arrieta)
Algunos de los voluntarios de rescate, que en esta imagen se ven sentados en un espacio verde de la Plaza San Martín, estuvieron en acción por más de tres horas el 14 de noviembre. El domingo 15, Daniel Arrieta dejó su trabajo pendiente de lado para unirse al grupo de apoyo de brigadistas médicos desde las 5 de la tarde hasta las 3 de la madrugada. (Foto: Difusión/Daniel Arrieta)

—Sin embargo, tenían en cuenta el toque de queda. Para las 11 de la noche, ¿dónde se encontraban los policías?

Estaban a la mitad de Abancay. Algunos de ellos usaban el edificio de la Corte Superior de Lima como escudo para poder disparar las bombas hacia arriba y que caigan en la avenida. Ni siquiera disparaban a las personas que tenían delante, algo sobre lo que no estoy de acuerdo, sino que parecía que jugaban GunBound (un videojuego) con las personas. Jugaban a ver a quién le cae. Incluso yo tengo un video donde me reconozco y veo cómo cae la bomba, y cómo estamos tratando de sacar a la gente, ¡y la bomba llega del cielo! En algún momento, me quedé solo tratando de ayudar una persona. Al voltear he visto que la bomba venía directamente hacia mí, a la altura de mi tórax. Incluso te podría decir que fue bastante lejos, pero la ráfaga del gas de la bomba te permite identificar cuál ha sido la ruta del proyectil.

—Luego de la protesta y producto de la represión, Inti Sotelo y Jack Pintado ya no están con nosotros. Además, varios manifestantes quedaron heridos. ¿Cómo reaccionaste tras lo ocurrido?

Muchos de mi grupo de voluntarios vieron pasar los perdigones por los costados. Sintieron cómo la chispa rozó su piel. Hay gente que también recibió algunos golpes. Es algo impensado. Vi una persona herida en el cuello. Sentí esa impotencia de, ni siquiera, poder llamar a una ambulancia y sacar a estas personas rápidamente. A veces, ni siquiera saber qué hacer, porque yo no tengo entrenamiento en primeros auxilios. Y luego saber de estas muertes y de tantos heridos… es una sensación muy dura, me causa impotencia.

—Este domingo se convocó a una manifestación y una vigilia. ¿Cuál fue su estrategia ese día?

Para el domingo ya éramos más de 30 voluntarios. Coordinamos las rutas de escape dentro de un plan de contingencia con la Cruz Roja y las brigadas médicas. Afortunadamente anteayer no hubo nada así, y no tuvimos que sacar a nadie por represión policial, y esperemos que siga siendo así.

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