Paulo Rosas Chávez

La noche del 17 de diciembre de 1996, la misma en que 14 terroristas del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) tomaron la residencia del embajador japonés y secuestraron a todos los invitados de la fiesta que había organizado, el coronel José Williams Zapata fue convocado por su superior. Él ya sabía lo que ocurría en la casa de San Isidro, pues trabajaba como jefe del Estado Mayor de Operaciones en la Primera Brigada de Fuerzas Especiales. Esa misma noche, le dijeron que comandaría la patrulla encargada de rescatar a los rehenes.

El equipo, formado por miembros del Ejército y de la Marina, inició su preparación al día siguiente. En Chorrillos, en la base de la Brigada de Fuerzas Especiales, usaron una tiza para dibujar la distribución del primer y el segundo piso de la residencia. Pasaron los días y esos trazos fueron reemplazados por ladrillos. Todo ello se desarrolló en estricto secreto.

En paralelo, Williams y otros oficiales discutían el plano táctico de la operación. Los primeros días se evaluó una incursión militar intempestiva, luego se pensó en usar las casas aledañas y, pasadas algunas semanas, se decidió usar túneles por debajo de la residencia.

¿A quién se le ocurrió? Zapata cuenta que la idea “fue producto de conversaciones de más de una persona”. Sobre el rol del entonces presidente Alberto Fujimori, Zapata afirma: “Cada uno hizo su tarea, la militar correspondió a los militares; y la política, a los políticos”.

Finalmente, el fracaso de las negociaciones y el rechazo de los terroristas al ofrecimiento de Fidel Castro para acogerlos en Cuba precipitaron la operación, que recibió el nombre de Chavín de Huántar.

(Elaboración: El Comercio)

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—El rescate—
Minutos antes de las 3:23 p.m., el vicealmirante Luis Giampietri, uno de los rehenes, transmitía mensajes al exterior. El Servicio de Inteligencia había introducido micrófonos a la residencia y el marino, veterano estratega, había detectado uno de estos en la funda de una guitarra que le había enviado su esposa.

Las condiciones para iniciar el rescate eran que los terroristas estén jugando su habitual partido de fulbito en el primer piso y que todos los rehenes estén en la segunda planta. Con todo listo, Giampietri dijo dos veces la frase clave: “Mary está enferma”.

Inmediatamente, una explosión resonó en toda la casa y los comandos emergieron de los jardines. Los terroristas quedaron aturdidos y, segundos después, las fuerzas de asalto entraron a la residencia por puertas y ventanas. En el primer piso, se inició un tiroteo que acabó con la vida del cabecilla terrorista, Néstor Cerpa.

Durante todo el cautiverio, Cerpa había asegurado a Francisco Tudela que, sin importar el desenlace, sería asesinado. Con ello en mente, el entonces canciller apresuró su escape. Cuando un emerretista apodado ‘Coné’ llegó a su cuarto para matarlo, lo encontró saliendo por la terraza, casi al encuentro de un grupo de comandos encabezados por Juan Valer. El terrorista lanzó una granada y disparó su fusil. Falló en su objetivo de matar a Tudela, pero acabó con la vida del hoy héroe nacional.

La operación siguió su curso y, a causa de otras explosiones, la residencia se empezó a incendiar. Fue a las 4:58 p.m. que, habiéndose asegurado la integridad de los rehenes, los comandos entonaron el grito de victoria.

—Héroes de la democracia—
El presidente Pedro Pablo Kuczysnki presentó ayer la ley que declara héroes de la democracia a los comandos Chavín de Huántar. Esta fue aprobada el jueves por el Congreso.

Sobre los comandos, el mandatario reiteró que ellos “dieron el último clavo al ataúd del terrorismo”.

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