El péndulo peruano, por David Rivera
El péndulo peruano, por David Rivera
David Rivera

La semana pasada nos quedó pendiente analizar los países donde se apoya más la economía de libre mercado. En la lista aparecen naciones asiáticas como Vietnam con 95% de su población a favor, Corea del Sur con 78% y China con 76%. En América Latina aparece arriba en la tabla Venezuela con 67%. El Perú está a la mitad con 53%.

Una lectura posible es que en los países que han padecido los estragos del intervencionismo estatal en su máxima expresión, se cree y confía más en el modelo opuesto. Una segunda es que en los países en los cuales se ha encontrado un balance entre mercado y Estado (Asia), es donde la población percibe mayoritaria y categóricamente sus beneficios.

Las dos lecturas tienen implicancias diferentes. En términos de análisis, mirar la propia peruana puede resultar ilustrativo. Hemos llegado a cada etapa de nuestro péndulo económico renegando de lo que pasó en las décadas previas y adoptando políticas que demostraran que todo lo anterior estuvo mal. Si nos comparamos con los países de la Alianza del Pacífico, en el Perú es donde el Consenso de Washington se ha aplicado de manera más ortodoxa. A estas alturas deberíamos preguntarnos por qué con más de diez años de crecimiento continuo, con una clase media ensanchándose y con la pobreza reduciéndose, tan solo la mitad de la población apoya el modelo. Por supuesto que hay otras variables en juego, como que en Colombia y Chile sus élites, incluidas las empresariales, han tenido presente la variable institucional, así como la importancia del Estado en ciertos campos de la economía.

Pero incluso considerando esto último, en Asia la intervención ha sido mucho mayor. Y no nos referimos a controles de precios o de las importaciones, sino a estados agresivamente promotores de aquello que les parecía relevante: cadenas productivas, innovación, creación de zonas francas, etc. La famosa frase de Deng Xiaoping (no importa de qué color es el gato, lo importante es que cace ratones), no es precisamente una loa a la libertad económica versus el estatismo.

Recoge bastante bien la filosofía de sociedades con capacidad para aprender de su pasado y construir su futuro con la mirada puesta en la solución de problemas y no en la negación de lo que no se quiere ser. Contra lo que se piensa en el Perú, el Estado puede ser el mejor aliado del mercado. Eso es lo que han entendido los países que han logrado los mejores niveles de progreso en el mundo.

La evidencia internacional es suficiente, tanto en Estados Unidos, Europa, Asia como incluso en los países de la Alianza del Pacífico. Y muestra que en los 90 el Perú volvió a caer en un extremo producto del rechazo a aquello que nos hizo tanto daño (el estatismo y populismo de los años 70 y 80). Lamentablemente, ni nuestros líderes políticos ni empresariales, de ningún bando, han tenido la capacidad de construir un discurso y una propuesta acordes con nuestra realidad social y cultural. Esperemos que esta vez no terminemos nuevamente en el otro extremo.

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