(Foto: GEC)
(Foto: GEC)
Erick Sablich Carpio

Analista político

En menos de una semana, el Partido Morado ha tenido que afrontar serios escándalos que afectan a dos de sus principales figuras: al general en retiro , uno de sus fundadores y rostros más conocidos, y a su presidente y excandidato presidencial .

Los casos merecen ser diferenciados. El del señor Mora supone una gravísima denuncia por violencia familiar descarnadamente descrita por su esposa, según consta en el atestado policial respectivo. El del señor Guzmán, sin ser baladí, podría haberse restringido a un asunto que concierne a la esfera privada, pero su reacción tras el ahora conocido incendio y posteriores explicaciones sobre las circunstancias que lo rodearon lo han puesto en la arena de lo público.

Poniendo el foco sobre las consideraciones políticas que se podrían derivar de estos episodios, lo más resaltante es el pobrísimo manejo de crisis por parte de un partido que pretende no solo alcanzar una importante representación en el Parlamento, sino gobernar el país desde el Ejecutivo.

En lo que respecta al caso del señor Mora, el Partido Morado fue incapaz de brindar una respuesta célere, clara y contundente, acorde con la gravedad de la denuncia sobre un tema que toca fibras muy sensibles, como es el de la violencia contra la mujer. Hubo algún comunicado y una confusa conferencia de prensa en la que lo más notorio resultó ser la ausencia de Guzmán, pero la agrupación nunca supo comunicar quién había tenido la iniciativa de apartar a Mora del partido y de su candidatura, o de las limitaciones que tenían para lograr que el JNE lo retirase formalmente de los comicios. En algún momento, Mora incluso pasó a la ofensiva ante la permisividad de su exgrupo.

Quedó, al final de cuentas, la sensación de que el partido esperaba ajustar sus decisiones a las repercusiones que el caso pudiera alcanzar en los medios, sin perjuicio de las suspicacias que genera la afirmación de que ningún dirigente tuviera conocimiento de una denuncia que data de marzo del 2019 y había transitado tanto por el Ministerio de la Mujer como por el Jurado Especial Electoral.

Varios patrones parecen repetirse en el tratamiento de los cuestionamientos contra Guzmán. A pesar de tratarse de hechos de mediados del 2018, este no había preparado explicaciones convincentes (sobre algún punto, siquiera verosímiles), quizá pensando que el tema quedaría zanjado si repetía la frase: “Es un tema personal”. Guzmán cometió el error de no brindar descargos a “Panorama” y parece haber subestimado el impacto negativo que este incidente puede tener sobre su imagen. ¿Para qué salir en el programa periodístico de mayor audiencia dominical si carecía de una estrategia para enfrentar la denuncia?

Las consecuencias de estos escándalos sobre la elección congresal del domingo, más allá de un probable frenazo al crecimiento de la lista en Lima, seguramente serán marginales. Las dudas sobre el liderazgo de Guzmán al 2021, sin embargo, empiezan a surgir en medio de voces que suspiran por un nuevo salvador para el sector político agrupado alrededor del Partido Morado.