Eduardo Dargent Bocanegra se pregunta que pasará luego del 28 de julio tras una campaña tan polarizada. (Foto: Alonso Chero)
Eduardo Dargent Bocanegra se pregunta que pasará luego del 28 de julio tras una campaña tan polarizada. (Foto: Alonso Chero)
Fernando Vivas

Columnista, cronista y redactor

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Dargent acaba de publicar “El páramo reformista” (PUCP, 2021) y lo define como un ensayo pesimita, que no es cosa habitual en él, pero en estos tiempos no es para menos. Empieza, desde el epígrafe, a ver la imposibilidad de las reformas que, sin embargo, porque no deja de ser optimista, postula: no solo hay manzanas podridas que sacar del cesto, el mismo cesto esta podrido y, por lo tanto, la tarea es enorme.

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Según la última encuesta de Datum se ha acortado la distancia entre Castillo y Fujimori. Escribiste sobre los rasgos autoritarios en ambos. ¿Crees que los de Castillo tienen que ver con que hasta ahora sea el favorito?

Pensaría que es al revés. Con la ventaja que tuvo al inicio, si hubiera mostrado reflejos democráticos más profundos y acompañados de ciertos gestos que le den fortaleza, probablemente ya tendría la elección en el bolsillo. Hay una enorme cantidad de votantes que no ponen estos temas de democracia en el centro de sus preocupaciones y ven en Castillo una posibilidad crítica frente al sistema. En “Ni amnésicos ni irracionales”, Alberto Vergara formula esta teoría sobre la forma de votar partida. Me parece que menospreciar la relevancia de ciertos rasgos democráticos puede ser un error. Además, son importantes para calmar a los indecisos.

En el análisis damos importancia a los rasgos de autoritarismo o democracia y no tanto a la consistencia del candidato, que no se desdiga, que no muestre tantos vacíos y excusas.

De acuerdo. Solo vemos algunos rasgos claves, los que se politizan y generan miedo, o nos quedamos atrapados en lo económico. Sin embargo, hao otras cosas, otros temas muy relevantes que ninguno de los dos los está mirando. Recién Castillo ha hecho algunos guiños al lado más democrático. Falta consistencia y comprensión de lo que implica gobernar. El debate mostró que algunos habían minimizado a Castillo y que Keiko lo iba a arrasar. Mi impresión es que no fue así. Pudo decir algunas cosas, pero su ‘debe’ más grande es quién lo va a acompañar, en qué quedan sus dichos sobre la Defensoría, el TC.

La encuesta de Datum dice que un 44% ganó el debate y un 32% dice que Castillo. ¿La iniciativa favoreció a Keiko?

Parece que la percepción es de alguien que estaba cuesta abajo y fue a pelear un debate; solo en eso ya Keiko gana. Mi punto es que Castillo no iba a tener nada que decir; pero, con todo, no le fue mal. No solo los debates le van a acortar distancia.

Quedó en evidencia que debe resolver su falta de equipo técnico. ¿Por eso el pacto con Verónika Mendoza es crucial?

Es crucial de varias formas. Uno hubiese esperado que con toda esta distancia Keiko se hubiera dado cuenta que el tema económico no es lo esencial, que hay otros temas por donde atacar. La diferencia la mandaba a tener iniciativa en el tema democrático y no lo hizo, Castillo gana por puesta de mano al meter algunos de esos temas [en el compromiso firmado tras su reunión con Mendoza].

¿Tienes la impresión de que ya Castillo está contando con que tendrá a los técnicos de Verónika?

No me parece tan claro. Los técnicos de Mendoza que fueron atacados en la campaña por un sector de la derecha como las 7 plagas del apocalipsis, le darían a Castillo una fortaleza frente a la posibilidad de que [Vladimir] Cerrón le ponga la gente; sin embargo, son personas inteligentes que no van a subirse a un coche sino tiene garantías. No creo que ni Óscar Dancourt o Pedro Francke sean títeres del poder. Tendrían que pensar bien qué garantías les ofrecen antes de ponerse en una foto con Castillo.

Dargent cree que el pacto en construcción entre Mendoza y Castillo es crucial para este, pero no está claro hasta dónde podría llegar.
Dargent cree que el pacto en construcción entre Mendoza y Castillo es crucial para este, pero no está claro hasta dónde podría llegar.

O sea, es un pacto en construcción entre Verónika y Castillo, con Cerrón en lugar secundario.

Es interesante la relación con Cerrón. Estamos especulando, nadie sabe bien que está pasando en la interna, y eso es clave para saber cuánto se puede formar un equipo técnico. Creo que la confianza de Castillo en su ventaja en las primeras encuestas lo ha hecho minimizar el peso de estas cosas que no son las fundamentales, pero sí terminan marcando cambios en el electorado que acorten la distancia, como viene sucediendo.

¿Crees en la posibilidad de que Castillo nos sorprenda llamando técnicos de otras tendencias?

Creo que para Castillo sería un error democrático. El mensaje que damos en el Perú de postular con una postura y luego gobernar con otra, tampoco es buena y te explota en la cara. Pero en Castillo se confunde ser técnico con ser de derecha; a veces, hay un radicalismo absurdo que lleva a pensar que un maestro puede dirigir el Minedu, como si un sindicalista va a dirigir el ministerio para reforzar la agenda del sindicato. Hablar de técnicos es hablar de personas solventes, capaces de decirle no al presidente. Parte de lo que dejó Mendoza, quizá por eso no levantó, es que para tener un mejor país necesitas técnicos.

El discurso tecnocrático quedó muy malparado en campaña, mira a Julio Guzmán. Pero lo interesante es que ahora Keiko quiere hacer compromisos similares al de Castillo.

Castillo ha desperdiciado el tiempo para meterse la elección en el bolsillo y Keiko ha tenido dos estrategias: la del miedo al comunismo y el clientelismo. Pero se dejó ganar la oportunidad, después de años de un congreso fujimorista, de ofrecer garantías. Ella está pensándolo cuando Castillo lo ha hecho.

¿Pero hay una voluntad de adaptarse, cuando en Chota empezó a mencionar varias veces la palabra cambio?

Es un problema complicado el del ADN fujimorista. Hablas de cambio y hablas de los 90. Eso funciona con algún electorado pero tiene otros que se resisten. Hay un anti muy fuerte que no solo se basa en el recuerdo de su padre sino en el manejo del Congreso.

Keiko Fujimori, según Dargent, dejó pasar el mejor momento para ofrecer garantías democráticas.  (Foto: GEC)
Keiko Fujimori, según Dargent, dejó pasar el mejor momento para ofrecer garantías democráticas. (Foto: GEC)

En el libro que estás sacando, “El páramo reformista”, hablas de la figura del barril podrido. Si el barril es el estado, ¿hay que hablar con contundencia de un cambio en el modelo de estado?

Totalmente. En un modelo de desarrollo no vale decir que la economía está perfecta sino funciona el estado. ¿Cómo diablos vas a construir infraestructura? El modelo económico pasa por la política, si vas a tener impactos diferenciados de la economía en el territorio. No vale decir ‘yo quise hacer pero no funcionó’. Del lado de las campañas de derecha en la 1ra vuelta y ahora de Keiko, no hay suficiente idea de cambio. Y en el caso de Castillo me rebelo con esa frase falsa, ‘no más pobres en un país rico’. No somos un país rico, somos un país que depende en gran medida de recursos naturales. La campaña está mostrando que para que el sistema produzca un desarrollo sostenible y realista, no se trata solo de buena voluntad, hay que pensar mucho más en estas cosas. No creo que ninguno vaya a tratar la parte más dura de los problemas del estado peruano.

Cuando prometen un estado que no persiga al ciudadano emprendedor, que no le ponga tantos requisitos, ¿no están tocando el tema?

Esa es parte de la vieja receta de De Soto, bien ochentera y en parte cierta. Nadie va a negar que las colas, el maltrato, lo complejo que es acceder a derechos, son un problema para la sociedad. Pero no es todo. Hay otros temas en el estado que pasan por servicios de calidad, por reformas. Mira, en educación, por ejemplo, tenemos a una candidata que se opuso a una reforma educativa en marcha y a un docente que también se opuso a medidas necesarias para reformar el magisterio. No tienen una mirada de la educación como algo que pueda generar un cambio sustantivo, no está en el discurso de los candidatos. Ellos hablan de construir más colegios y reivindicaciones sindicales. Sobre el sistema de salud, la pandemia nos lo ha tirado en la cara y no basta decir que recibirá más financiamiento. Una reforma requiere técnicos y también políticos que sepan traducirla a la opinión pública.

Keiko no pasa de hablar de vacunas, que ya están compradas por Sagasti y de pruebas y oxígeno. Castillo, menos que eso.

En el campo de Castillo no hay siquiera recursos técnicos y por el lado de Keiko, a los técnicos que conocemos, como el Dr. [Ernesto] Bustamante, han tenido que esconderlo un poco. Lo problemático es el legado político del fujimorismo de obstruir reformas. En este contexto, que cada uno te hable de reformas, te deja dudas.

En la campaña no hay solo dos actores, hay otros, por ejemplo, que quieren ayudar a Keiko y quizá van a estorbarla.

No me atrevo a decir que la estrategia del miedo y la de los recursos hacia abajo, no funcionen. Pero como estrategia de mensaje nacional te puede pasar una factura si no van acompañadas de otra cosa. Si la clase alta saca mensajes de terror y pánico, termina reforzando la idea de que más que una preocupación nacional es una preocupación por intereses particulares. Esa campaña deja muy mal a quien la haga. Muestra lo peor de una élite y Keiko equivoca al no marcar una diferencia con ese discurso.

O sea, que diga no me ayudes compadre.

No me ayudes compadre porque lo mío es otro rollo. Esta polarización va a tener un resultado el 28 y vamos a seguir atrapados en una polarización que va a ganar a la economía, a la sociedad, a todo lo demás. Pero el que gane puede hacer algunos gestos que sean incorporados del otro lado. Y no olvidemos que el Congreso puede ser igual que este pero más polarizado. Hay que estar mirando con mucho cuidado todo gesto autoritario. Y si entramos en una dinámica de destrucción y conflicto, va a ser una profecía autocumplida. Los que les preocupan la economía y las libertades, pueden acabar generando una polarización que atrape a la economía y las libertades. Se requiere que el que gane tenga suficiente visión, si se va quedar solo con los suyos, vamos camino a 5 años no necesariamente de autoritarismo sino de mucho desorden, de mucho desastre.

¿Pesan mucho los elementos identitarios en la polarización y en el hecho de que Castillo sea un profesor rural enfrentado a Lima?

Totalmente. La llegada de Castillo pone de manifiesto un voto critico que se repite y estaba ahí. Pero esta vez choca con alguien del establishment político, el fujimorismo asociado a la continuidad del modelo. Lo defendió muy fuerte en la primera vuelta. Añadiría que a diferencia de Humala y de Verónika, el estabishment no tiene vínculos con Castillo, no tiene idea de qué va a pasar con él. Eso incrementa el miedo y por eso se ha cuadrado la polarización.

¿Dejas abierta la posibilidad de que empresarios u otros actores estén llegando a Castillo y nos dé sorpresas?

Sí, diría eso y por otro lado diría que somos muchos los que reconocemos la importancia de reglas democráticas de un buen estado, que desconfiamos de las promesas de cambio profundo rápidas porque sabemos que no son ciertas y que la elección ha destruido a ese sector de centro en el Congreso. El centro tiene que convertirse en actor político a través de la sociedad civil, uno no puede darse el lujo de tener vocación de sanguche. Voten por quien quieran, o voten nulo, pero no se confíen y queden con la idea de que son sanguche.

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