Yonhy Lescano y su hijo Juan Lescano, fruto de su matrimonio con Patricia Contador, abogada nacida en Chile. (Foto: Archivo familiar)
Yonhy Lescano y su hijo Juan Lescano, fruto de su matrimonio con Patricia Contador, abogada nacida en Chile. (Foto: Archivo familiar)
Fernando Vivas

Columnistas, cronista y redactor

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Lo conocemos de sobra. Es imposible huir de . Todo peruano informado ha estado expuesto al menos 5 minutos a alguna de sus performances en el pleno del Congreso y se ha irritado, emocionado o reído con sus provocaciones. Lescano navega por la política causando sentimientos mixtos, nunca nos deja indiferentes.

Parecía honrar la consigna ‘de qué están hablando para oponerme’, pero ello no ha sido un demérito. Su imagen de aguafiestas congresal no desentona con el ánimo callejero. Por eso ha remontado la antipatía generalizada a los parlamentarios y, en particular, a la de la bancada de su partido (AP), con cuya aventura vacadora marcó absoluta distancia.

Lo llamo y me contesta desde Huanta. Su gira debía continuar hacia Andahuaylas; pero ha decidido abortarla para pasar la cuarentena en Lima. ¿Por qué te lanzas ahora y no lo hiciste antes?, le pregunto. “Porque ahora sí tengo la experiencia y el apoyo de mi partido y siento que puedo servir más a mi país; por eso me estoy lanzando. Tengo respaldo no solo del partido sino del país, que siento que valora mi trabajo parlamentario”.

Ha estado en Congreso desde el 2001 hasta el 2019. Mucho tiempo como para que no se aburriera de pelear con todas las mesas directivas y especialmente con su correligionario ‘Vitocho’ García Belaunde; mucho tiempo como para no haber delatado afanes presidenciales antes del 2021. ¿Lo pensaste antes? “No”. ¿No pensaste en lanzarte a las internas en el 2016?, insisto. “Sí, pero uno tiene que ser objetivo y dije ‘todavía no, creo que tenemos tiempo, vamos a esperar’. Esperé y llegó la hora y consideré que estaba en la edad [61], y tenía el respaldo, había sembrado para cosechar”.

El termómetro

En los políticos de carrera, como Lescano, lanzarse al más alto cargo es pura ambición que sale del forro, claro que sí; pero también es un asunto de escalafón. Por eso, en ellos, el afán suele ser más gradual que en los outsiders. “Fue todo un proceso de trabajo político, del trabajo en el Congreso, de respaldo en la calle”, me dice.

¡Proceso! Los izquierdistas siempre se delatan con esa palabra. Pero Lescano, aunque se le reputa del ala zurda de Acción Popular, no es político de ideología y rollo (aunque no pare de hablar como abogado alegoso que es). Es de bases y de calle. Mientras otros candidatos buscaban cascarón; él, simplemente, tenía que conseguir el sí del partido.

La teoría de su #porquémelanzo es más bien animista, está en el orden natural: “Fue algo que va madurando, a una fruta que ves madura, la agarras, y uno dice ahora sí, tenemos que hacerlo, con esa intuición que tenemos los políticos de decir ‘ahora es el tiempo’. Había varias señas políticas, señas populares”.

Lescano en una gira junto a su esposa Patricia Contador, abogada nacida en Chile. (Archivo familiar)
Lescano en una gira junto a su esposa Patricia Contador, abogada nacida en Chile. (Archivo familiar)

¿Y cómo se combinan y leen las señales, hay una metodología para ello? No se lo pregunten a Lescano, no se lo pregunten a ningún político que reivindique su derecho a intuir. Mientras pienso en la sin razón de la intuición, Yonhy sigue: “Es una especie de termómetro que tienen las personas que emprendemos esta clase de proyectos, uno lo ve y lo siente en la calle”.

Una vez vi el termómetro. Era el verano del 2016, en plena campaña, me bajé del Metropolitano en la estación Angamos y ahí estaba Yonhy, solo, repartiendo volantes y me dio uno con su cabezota impresa. En ese momento, en el que la gente pedía renovación al Congreso, era un sudoroso dinosaurio con las antenas sensibles. Ya no iba por su Puno natal, sino por Lima, y ganó una curul por cuarta vez consecutiva.

¿Te pusiste algunas condiciones para postular, por ejemplo, aparecer en las encuestas? “No, sabes que no soy querido por los grupos económicos, por mi trabajo en la lucha por la defensa del consumidor”.

Dejemos de lado la típica presunción de candidato progre, casi retórica, de que las encuestas las manejan los grupos de poder; y vamos a lo segundo, que, en su caso, es crucial: Lescano fue el primer congresista efectivamente dedicado a la defensa del consumidor, gran tema que le granjeó popularidad y espacio crítico en los medios. Es muy probable que no estuviera en esta lid, sino fuera por esa especialización.

Cuando tomaste esa bandera, ¿pensaste que te llevaría lejos?. “No, lo hice por convicción, porque veía abusos, situaciones injustas. Cuando salían las leyes [pro consumidor], el beneficio era desde el día siguiente y eso me gustaba”. Consejo de Yonhy y de un conejo a los candidatos al Congreso: métanse en la defensa al consumidor. Sin embargo, fue gradualmente abandonando la especialidad para convertirse en un a veces exasperante, a veces divertido pinchaglobos generalista. Y presidenciable.

Pásame la lampa

Acción Popular es un caos donde bancada, mesa, dirigencia y bases disparan hacia distintos lados; pero también ha sido capaz de producir las primarias más participativas que hemos visto. Yonhy es popular en las bases, sobretodo en las regiones, pero no tenía el respaldo de dirigentes claves para el arrastre de votos. ¿Ese era tu mayor obstáculo, no? “Bueno, sí, un obstáculo a superar era la lucha interna y la competencia interna. Estaba enfrentado a personas que tenían influencia y cierto poder económico”.

Como bien saben, esas ‘personas’ a las que alude Lescano, Alfredo Barnechea y Raúl Diez Canseco, se retiraron. Sus renuncias darían pie para dos capítulos de una serie alternativa, ‘por qué no me lanzo’, pero estamos ante un lanzado. ¿Qué sentiste cuándo se retiraron?. “Te diré, honestamente, que Alfredo no ha hecho trabajo político, creo que él sabía que no le iba a ir bien, por eso se va, no porque estaba mal el partido. Por eso mismo, el otro señor también se va”.

Conseguido el respaldo partidario, ¿eres de los políticos que consultan con el entorno familiar íntimo antes de tomar un paso trascendente? “Sí, hablé con mi esposa, mis hijos. La mujercita un poco se resistía porque habíamos enfrentado cuestiones un poco difíciles, infamias; el problema lo encaramos solos, sin abogados, mi esposa y yo somos abogados”. Lescano se refiere a la denuncia que le hizo una periodista que se sintió acosada por insistentes mensajes a su WhatsApp. El caso se ventiló, con mucho eco, en la Comisión de Ética y el entonces congresista fue suspendido por 120 días. “Dos peritos demostraron que era falso”, me dice, refiriéndose a dos peritajes de parte.

Volviendo al porqué se lanza: “La mujercita me dijo, no, la política es muy cochina; el varoncito sí apoyaba. Ahora, la mujercita sí me está apoyando porque sabe que es un proyecto importante. Mi mujer se ha involucrado mucho”.

Le pido hacer un rápido barrido de su vida para encontrar alguna señal de las grandes ambiciones que tiene hoy. ¿Fuiste el mejor de la clase en Ccota? (el núcleo campesino en el distrito de Platería en Puno, donde nació). “No, he sido un alumno regular, había chicos que sacaban mucho mejores notas”. ¿Y, luego, en la GUE San Carlos, en Puno, donde estudiaste la secundaria?. “Un tiempo fui delegado de la clase y hubo una huelga”. ¿Y en La Candelaria?. “Era un bailarín más”.

Se calla unos segundos, continuando el barrido vital. “Mi bisabuelo materno Rodolfo Ancieta era teniente coronel del ejército boliviano, le quiso hacer la revolución a Mariano Melgarejo [caudillo militar y presidente boliviano entre 1864y 1871]. Siento que de ahí me viene la vena política y siento que varios momentos de mi vida me estaban preparando”.

¿Cómo cuáles? “He estado a punto de morir varias veces. Casi me ahogo en la piscina del colegio Leoncio Prado, fuimos a un campeonato, me metí y no sabía nadar. Cuando atentaron contra mi, creo que fueron paramilitares, en Puno, en la época del terrorismo, creía que iba a morir. Volaron mi carro, pero yo era joven, podía correr rápido”.

¿Y de qué manera esos eventos te prepararon para la máxima ambición política, qué estás tratando de decir? “Que uno piensa ‘para algo me está manteniendo aquí el señor’”. ¿Y ahora mismo, con esta ola de muerte, no sientes que no es el mejor tiempo para postular? “No, me adecuo”, dice secamente, y me detalla sus cuidados y protocolos de gira.

Por supuesto que es terrible postular en tiempos en que la muerte roba cámaras, pero un candidato a presidente tiene que estar preparado para las más inauditas circunstancias.

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