(Foto: AFP)
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Erick Sablich Carpio

Analista político

Aparte del presidente y , pocos personajes políticos tienen capacidad para influenciar significativamente en el desenlace de la propuesta de adelanto electoral y lo que pueda venir luego de que se defina su destino.

La cabeza del Ejecutivo cuenta con las prerrogativas propias de su investidura para impulsar su proyecto y se sostiene en gran medida gracias al respaldo ciudadano que reflejan las encuestas que tanto fastidian a la mayoría parlamentaria. La segunda, encarcelada desde hace más de 9 meses y por el contrario sumamente impopular, guste o disguste controla los votos que determinarán en el Congreso la viabilidad del planteamiento. Es por ello que la movilización de ‘la calle’ asoma como el principal recurso de Vizcarra.

Héroes y/o villanos de esta irritante película, Vizcarra y Fujimori son sus protagonistas. Algunos otros actores políticos, sin embargo, tienen vela en este entierro.

podría constituir un escollo a las intenciones del jefe del Estado de oponerse a una eventual cuestión de confianza sobre el adelanto de elecciones (o de cualquier otra que persiga la disolución del Parlamento), la misma que tendría que salir de su despacho. También es cierto que podría ser sacrificado justamente para facilitar este camino (de buscarle el presidente un reemplazo inaceptable para Fuerza Popular), pero incluso su oposición como ex primer ministro restaría considerable credibilidad al gobierno.

Minoritaria voz conciliadora del Ejecutivo, hasta la fecha Del Solar ha lucido resignado a aceptar los designios de Palacio de Gobierno.Quien sin duda entendió la importancia de su posición es la vicepresidenta y ahora congresista no agrupada Mercedes Araoz, que se ha convertido en una de las principales críticas al ‘nos vamos todos’, haciendo evidente el error de Vizcarra al minimizarla. Araoz acierta cuando se opone a los sectores radicales que proponen una injustificada vacancia presidencial, pero no deja de estar a la expectativa de lo que pueda ocurrirle a Vizcarra respaldada por las reglas de sucesión constitucional, más allá de las obvias dificultades que tendría para construir un gobierno de ser vacado o de renunciar el mandatario.

Quien parece tener que navegar aguas aún más turbulentas es el presidente del Congreso, Pedro Olaechea. A pesar de su cercanía con sectores extremos incluso dentro del universo Con Mis Hijos No Te Metas y cierta predilección mediática por los ‘Breitbart’ locales (lo que resta a su imagen de interlocutor razonable), Olaechea genuinamente parece buscar una salida constructiva a la crisis, algo rescatable en este contexto. Al no ser siquiera integrante del partido que decide lo que pasa en el Congreso, no obstante, su autoridad real es escasa; basta ver cómo la semana pasada el fujimorismo torpedeó su reunión con Vizcarra. De intentarse una vacancia presidencial veremos si Olaechea muestra una republicana capacidad de renuncia que coadyuve a debilitarla o si es instrumental en su consumación.

Finalmente, de tener que dirimir sobre la pertinencia de una cuestión de confianza sobre reformas constitucionales, el fiel de la balanza podría recaer en el Tribunal Constitucional. Una vía institucional que requeriría varios meses para activarse, lo que la vuelve poco factible.