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Tráiler de "First Cow". (Fuente: Difusión)
Tráiler de "First Cow". (Fuente: Difusión)
Sebastián Pimentel

Es gracias a , cuya oferta se hace cada vez más atractiva, que podemos ver esta bella película de —cinta que debutó en Festivales en 2019, pero que recién puede tener una amplia exhibición—. Se trata de una nueva adaptación de una ficción literaria de Jonathan Raymond, de quien la realizadora norteamericana ya ha adaptado varios relatos (“Old Joy”, “Wendy y Lucy”), y con quien suele escribir sus guiones.

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First Cow”, cuya traducción es “Primera vaca”, tiene un inmejorable título-síntesis. Todo en el filme es iniciático. Todo es fundacional. Y la historia empieza con el descubrimiento, en la era contemporánea, de dos esqueletos en un bosque de Oregon, tierra surcada por el apacible río Umpqua. Con un corte directo, luego pasamos al año 1820, en un gran racconto —el filme en sí mismo— que nos dirá de dónde vienen esos huesos.

Como hablamos del indómito Oeste, en los albores del s. XIX, lleno de exploradores y buscadores de oro, estamos en las coordenadas del wéstern. Allí, Cookie Figowitz (John Magaro) es un cocinero que trabaja para algunos grupos de “traperos” —cazadores furtivos— de la zona. En una de sus excursiones, Cookie conoce al inmigrante chino King Lu (Orion Lee), fugitivo que huye tras haber asesinado a un aventurero ruso.

Esta es la historia de una amistad de dos jóvenes con casi nada en los bolsillos: Cookie, el cocinero tímido, y King Lu, el emprendedor entusiasta. A ambos los une un estilo más fino y delicado en el trato, en contraposición a los hombres rudos y patanes que abundan en el Oeste. Se podría decir que son masculinidades diferentes, que no calzan en la del macho prepotente que domina la actividad colonizadora de las tierras fronterizas.

A esta configuración de los protagonistas, hay que sumar una forma apacible de mirar. Extraña heredera del pulso narrativo de Eric Rohmer, esta directora filma en un tono impertérrito, y puntual, las acciones de sus personajes. Imbuida de una observación empática que recuerda a Truffaut, otro francés, la cámara absorbe la respiración natural del bosque, y registra, con paciencia casi amorosa, el día a día de Cookie y King Lu.

Esta es la amistad de dos hombres que no pueden adaptarse al resto, y que deciden empezar un negocio, nada menos, que de venta de bizcochos. Los arquetipos de los viejos wésterns se hacen añicos. No hay ambigüedad ni homosexualidad latente, tampoco. Es solo una amistad, en medio de un ambiente agresivo e inhóspito. Sin embargo, para hacer los bizcochos se necesita leche, la leche que solo puede extraerse de la única vaca de la zona.

Y aquí es que la película se convierte en un ensayo que habría fascinado a filósofos que imaginan la transición del mundo natural al social: desde Adam Smith y Rousseau, hasta Hobbes y Marx. Pero sobre todo Marx, porque lo que le interesa a Reichardt no es tanto mostrar una tierra sin ley, sino lo que pasa cuando la propiedad sobre los medios de producción es excluyente; lo que impide, a los desheredados, poder prosperar.

Pero este no es un filme de propaganda. Aquí, el espectáculo recae en actos mínimos: recolectar hongos, pescar en el río, fabricar utensilios de madera. Observamos, con ojos asombrados, muchos inicios; el de una empresa, el del mercado y la contabilidad, la oferta y la demanda. Pero también vemos el origen de la injusticia, el conflicto entre el poderoso y el menesteroso. Y, en medio, la primera y única vaca de la región. “First Cow” hace dos cosas a la vez. Muestra, con rara limpidez, el milagro de la fraternidad humana. Y disecciona, con imágenes no menos fluidas y cristalinas, el fracaso del sueño americano.

Ficha Técnica:

Título original: First Cow

Plataforma: .

Género: Drama

Productora: A24.

País y año: EEUU, 2019

Director: Kelly Reichardt

Intervenciones: John Magaro, Orion Lee, Toby Jones, Ewen Bremmer.

Calificación: ★★★★★ ( 5 )

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