Las uñas eran las herramientas perfectas de los gatos para trepar, defenderse y cazar a sus presas. En los gatos domésticos otra es la historia.
Las uñas eran las herramientas perfectas de los gatos para trepar, defenderse y cazar a sus presas. En los gatos domésticos otra es la historia.
Lucero Yrigoyen M.Q.

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En la naturaleza todo tiene un por qué. Los gatos, antes de ser domesticados, preferían vivir en lugares altos -como los árboles- para sentirse seguros. Así, sus uñas eran las herramientas perfectas para trepar, defenderse y cazar a sus presas. Aunque parezcan tiernos y cariñosos, nuestras felinas también pueden sacar las garras cuando se trata de seguir el instinto de su naturaleza: eso sí, nunca para atacar, sino para rascarse o, más bien, para rascar todo aquello que les resulte llamativo.

Gracias a que sus uñas tienen un ligamento que les permite enfundarlas o retraerlas a voluntad, los gatos podían defenderse ante cualquier peligro, alimentarse de sus presas y, sobre todo, sobrevivir. Con la domesticación, las necesidades del gato cambiaron: ya no necesitan trepar ni cazar, ahora nadie los persigue y tienen la comida servida en un plato. Sin embargo, como pasa con todos los felinos, ellos también mantienen el instinto.

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Lo primero que debemos hacer como dueños responsables es mantener sus uñas cortas, pero siempre vigilantes de no hacerles daño al hacerlo. Se deben cortar solo hasta cierto punto ya que, si nos pasamos, esto podría ocasionarles un sangrado. Al mantener una rutina de higiene con sus patitas, no solo evitamos que arañen muebles o cortinas; también prevenimos que se hagan daño al rascarse o se atasquen involuntariamente en alguna tela o superficie.

¿Qué alternativas hay?

Hay tres soluciones que te ayudarán a que tu gato no destroce tus muebles o cortinas. Una de ellas -como ya indicamos- es el corte y limado periódico de las uñas, que, si bien no frenará el deseo de arañar superficies, sí reducirá considerablemente el daño ocasionado.

La segunda alternativa es darles un rascador con soguilla para que tengan un lugar único y perfecto para acicalar sus uñas. Puedes impregnarlo con la llamada hierba gatuna (o catnip) para les sea más atractivo. Procura acercarlo a las superficies que más araña (como los bordes de los muebles) para que reemplace una acción por otra.

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El tercer consejo es que agites una lata vacía con piedritas cerca a él cuando lo encuentres haciendo algo no debido; así asociarán la acción a un estimulo auditivo molesto. Cuando rasque donde debe -los rascadores vienen en diversas formas y son adaptables a casi cualquier espacio de tu casa- aliéntalo premiándolo con algún alimento sabroso, dándole su juguete preferido o acariciándolo.

Jamás, bajo ninguna circunstancia, le extraigas las uñas (acción conocida como oniectomia); ya que es una mutilación y se considera un acto de crueldad animal, además de ocasionarles problemas de conducta y atenta contra su naturaleza. La Ley de Protección y Bienestar Animal N° 30407 prohíbe esta cirugía.

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