Cuando se anunció el matrimonio de los futuros Duques de Sussex, la prensa resaltó la lista de restricciones que significaba esta unión para la actriz, y la que más llamó mi atención fue el tener que renunciar a su profesión.  (Foto: AFP)
Cuando se anunció el matrimonio de los futuros Duques de Sussex, la prensa resaltó la lista de restricciones que significaba esta unión para la actriz, y la que más llamó mi atención fue el tener que renunciar a su profesión. (Foto: AFP)
/ DANIEL LEAL-OLIVAS
Roger Loayza

“Aquellos que se olvidan de su pasado están condenados a repetirlo.” Los invitados a mi desfile de invierno 2014 se encontraron con esta cita de George Santayana en sus asientos. Dicho texto se encontraba colocado sobre un pentagrama musical ya que la inspiración de la temporada era la película The Sound of Music (La Novicia Rebelde), específicamente la escena donde la familia Von Trapp cruza los Alpes suizos huyendo de los nazis para poder empezar una vida nueva donde sus convicciones no se vieran amenazadas. Tomé esa escena para hacer un paralelo con la situación de la comunidad gay en la Rusia de Vladimir Putin luego de ver un documental de la televisión inglesa llamado Hunted (Cazados). Ahí se mostraba una suerte de bullying sistematizado apañado por el gobierno, donde reinaban la censura y las agresiones físicas ante la mirada inactiva de las autoridades y las humillaciones; todo esto grabado y viralizado en internet.

En este documental aparecía una pareja de lesbianas, cada una con un hijo de una relación heterosexual anterior, que debían tener sobornado prácticamente a todo su edificio para no ser delatadas ante alguna entidad pública y así perder la custodia de sus niños. En un momento una de ellas dice que una posibilidad es huir de su país y buscar un futuro mejor en otro lugar. Como verán, la historia se repite y los roles protagónicos rotan.

Ante la intempestiva separación de los Duques de Sussex de la familia real británica, no han dejado de aparecer comentarios y especulaciones al respecto. (Foto: AFP)
Ante la intempestiva separación de los Duques de Sussex de la familia real británica, no han dejado de aparecer comentarios y especulaciones al respecto. (Foto: AFP)
/ TOLGA AKMEN

Trasladémonos al año 2020 en Lima, Perú, donde hace una semana una adolescente publicó una conversación de Whatsapp donde había recibido varios mensajes de voz con un alto contenido de odio de parte de tres alumnas de un colegio de mujeres. Aparte de los insultos homofóbicos y racistas, las chicas la incitaban a que se suicidara, diciéndole que nadie en este mundo la extrañaría, palabras que ya escapan de un simple “bullying” escolar y que bordean lo criminal. Felizmente la víctima de esta agresión virtual tuvo las agallas de denunciar este incidente públicamente. No lo celebro por un simple hecho de acusar con el dedo, sino por lo que representa para aquellos que están pasando por una situación similar y no cuentan con el debido soporte dentro de su círculo más cercano. Al ver esta publicación y el apoyo recibido, comprenderán que existe toda una comunidad que le hace frente a las mentes pequeñas y retrógradas que manifiestan sus propios miedos, evidentes complejos e infelicidad agrediendo a quienes consideran diferentes.

Si bien podemos criticar este tipo de situaciones desde una distancia, igual debemos reconocer que somos partícipes de actitudes similares aún cuando no seamos ni homófobos ni racistas ni logremos hacer llegar nuestro mensaje de odio de manera directa a nuestro blanco en discusión. Ante la intempestiva separación de los Duques de Sussex de la familia real británica, no han dejado de aparecer comentarios y especulaciones al respecto. Desde los memes burlones que comparan a Meghan Markle con Yoko Ono, pasando por los titulares agresivos que sostienen que está destruyendo una familia, hasta los hashtags #Megxit y #Harryverderci, pocos medios (y público en general) han visto la decisión con buenos ojos.

Para ser honesto, Meghan Markle no es un personaje que me llame la atención en particular. Nunca he visto Suits (la serie en la que actuaba), no es mi tipo de belleza, y no despierta en mí la fascinación que lograron Carolina, Estefanía, Diana y otros íconos de la realeza europea de mi infancia. Sin embargo, sí celebro varias de sus acciones, como cuando de niña envió una carta al presidente de Procter & Gamble para hacerle notar lo sexista de su comercial para el detergente Ivory.

El rechazo recibido por Meghan Markle tiene un tinte racista pero, por sobre todas las cosas, es un ataque personal hacia un figura que el público no conoce. En la foto, la Duquesa aparece junto a su madre, Doria Ragland. (Foto: AFP)
El rechazo recibido por Meghan Markle tiene un tinte racista pero, por sobre todas las cosas, es un ataque personal hacia un figura que el público no conoce. En la foto, la Duquesa aparece junto a su madre, Doria Ragland. (Foto: AFP)
/ STEVE PARSONS

Markle tenía 11 años en ese momento y logró que la compañía cambiara el texto del comercial para que el público al que iba dirigido no fuera solamente femenino. Recientemente fue la editora invitada de la edición británica de Vogue, donde –junto con el editor de la revista, Edward Enninful– decidió resaltar a mujeres que lideraban las “Fuerzas de Cambio” a nivel mundial. Artistas, activistas, personajes del mundo político, y demás figuras femeninas que están derribando barreras y cambiando nuestra manera de pensar alrededor del mundo, formaron parte de una edición histórica (y una portada memorable). Estas dos “hazañas”, han hecho que simpatice con ella, y mucho, porque siempre celebraré a aquellos que utilizan su plataforma y poder de alcance para impulsar cambios positivos en el planeta. Y como podemos ver por la anécdota del detergente, esto no es una simple pose sino algo que es fiel a su naturaleza.

Como digo siempre, la secundaria nunca termina, y por más bien que uno haga, siempre habrá un grupo de ‘Mean Girls’ (and boys) que logren ver lo negativo en lo positivo. Este fue el caso con esta edición de Vogue, donde los detractores de la duquesa no se hicieron esperar para criticarla por haber sido demasiado “política” y “divisiva” en su selección porque, por ejemplo, incluía a mujeres transgénero. Edward Enninful no dudó en resaltar que el rechazo recibido por Meghan Markle tenía un tinte racista pero que, por sobre todas las cosas, era una ataque personal hacia una figura que el público no conocía. La sistematización de este rechazo se vuelve más evidente cuando se comparan acciones similares entre ella y Kate Middleton, y cómo éstas son divulgadas por la prensa de manera totalmente distinta y sesgada, sacando a la luz esa característica nefasta del ser humano por destruir y dividir.

La sistematización de este rechazo se vuelve más evidente cuando se comparan acciones similares entre ella y Kate Middleton, y cómo éstas son divulgadas por la prensa de manera totalmente distinta y sesgada.
La sistematización de este rechazo se vuelve más evidente cuando se comparan acciones similares entre ella y Kate Middleton, y cómo éstas son divulgadas por la prensa de manera totalmente distinta y sesgada.

Cuando se anunció el matrimonio de los futuros Duques de Sussex, la prensa resaltó la lista de restricciones que significaba esta unión para la actriz, y la que más llamó mi atención fue el tener que renunciar a su profesión. Recuerdo que en su momento le mencioné este detalle a varios amigos, comentándoles lo inconcebible que me resultaba y cuán enamorada debía estar para poder dejar su métier de lado. Todos, absolutamente todos, me contestaron “Ay Roger, imagínate cómo no va a renunciar a ser actriz ¡si ahora ya no va a tener que trabajar nunca más!” Con el anuncio de su inminente regreso a las pantallas me gustaría saber qué opinan, aunque seguro me dirán “bueno, qué le queda”.

Por otro lado, quien sí parece recordar el pasado y no está dispuesto a repetirlo es el Príncipe Harry. Este tipo de situaciones que involucran un ambiente hostil y tener a la prensa en contra son algo absolutamente familiares para él y de cuyo lado más oscuro ha sido víctima cuando perdió a su madre, la Princesa Diana. Podríamos decir que los últimos dos años cumplen la función de una suerte de dèja vu y que hacen que la decisión tomada sea totalmente comprensible.

Podríamos decir que los últimos dos años cumplen la función de una suerte de dèja vu para el Príncipe Harry y que hacen que la decisión tomada sea totalmente comprensible. (Foto: AFP)
Podríamos decir que los últimos dos años cumplen la función de una suerte de dèja vu para el Príncipe Harry y que hacen que la decisión tomada sea totalmente comprensible. (Foto: AFP)
/ DANIEL LEAL-OLIVAS

El 4 de setiembre de 1997, a cuatro días de la muerte de Diana, Madonna decidió hablar al respecto robándole unos minutos de cámara a los premios MTV antes de anunciar la presentación de The Prodigy: “Antes de presentar a la siguiente banda, me gustaría tomar un momento para hablar de lo que le pasó a la Princesa Diana. No voy a pararme aquí a dar un sin fin de quejas y críticas a los paparazzi o al comportamiento irresponsable de los editores de tabloides. Porque aunque ellos nunca cambien, hay algo que podemos hacer todos nosotros. Es hora de que tomemos responsabilidad por nuestra propia e insaciable necesidad de perseguir chismes, mentiras y rumores, de vivir indirectamente a través de la miseria ajena. Es hora de que nos demos cuenta de que cada cosa que decimos y hacemos tiene un efecto sobre el mundo que nos rodea. Que estamos todos conectados, que todos somos uno. Y hasta que cambiemos nuestro comportamiento negativo, tragedias como esta continuarán sucediendo.” Para pensarlo y aplicarlo en nuestro día a día.