La Gala del MET (Museo Metropolitano de Nueva York) tuvo lugar el pasado 13 de setiembre. Aquí una foto que reúne a distintas personalidades del mundo del espectáculo, la música y la moda: Lourdes León, Symone, J Balvin, Irina Shayk, Jeremy Scott, Karen Elson, Taraji P. Henson, Tom Daley y Cynthia Erivo. Foto: Getty Images/AFP
La Gala del MET (Museo Metropolitano de Nueva York) tuvo lugar el pasado 13 de setiembre. Aquí una foto que reúne a distintas personalidades del mundo del espectáculo, la música y la moda: Lourdes León, Symone, J Balvin, Irina Shayk, Jeremy Scott, Karen Elson, Taraji P. Henson, Tom Daley y Cynthia Erivo. Foto: Getty Images/AFP
/ Mike Coppola
Roger Loayza

Me enteré de la (llevada a cabo en el Museo Metropolitano de Nueva York, de ahí el nombre) un día antes del evento. Para alguien que espera con ansias esta fecha anualmente -y cuya cancelación pandémica del 2020 había dejado un enorme vacío- podríamos decir que fue un poco irresponsable de mi parte, dado mi amor por todo aquello relacionado con la moda. En mi defensa diré que quienes seguimos este evento desde siempre estamos más que acostumbrados a esperarlo el primer lunes de cada mayo, y el traslado al pasado lunes 13 de setiembre como cierre de la Semana de la moda de Nueva York (que regresó a los desfiles presenciales) resultó algo confuso. Sin duda, fue igual de gratificante.

Nueva York parece haber recuperado su efervescencia característica desde las celebraciones por el Orgullo de la comunidad LGBTQI en junio, seguido por la mencionada semana de la moda, la celebración de los 40 años de MTV en la ceremonia de los Video Music Awards este fin de semana y, claro, la gala del MET. El tema de este año fue “The American Lexicon” o, en otras palabras, el lenguaje de la moda estadounidense. Pese a que la moda americana es la hermana menor de la francesa y la italiana, su aparición en el mundo fue fundamental para moldear la moda como la conocemos sus usuarios hoy, sobre todo en el día a día.

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Aunque podríamos trazar las contribuciones de la moda estadounidense hasta la creación de los jeans por Levi Strauss, a mi manera de ver el protagonismo lo logró luego de la Segunda Guerra Mundial. Fue ahí cuando los creadores norteamericanos supieron responder a las necesidades de las mujeres (que abandonaron los overoles y las fábricas para regresar a una nueva forma de vida) de una manera más práctica y amigable que la controversial propuesta parisina de Christian Dior y su New Look. Nombres como Bonnie Cashin y Claire McCardell fueron esenciales para crear piezas separadas y fáciles de combinar entre sí, adaptándose a las múltiples actividades diarias de cada mujer. Lo hicieron acompañados por accesorios que pudieran ser tanto funcionales como vistosos, materializando de esta manera lo que hoy conocemos como “sportswear”.

Serena Williams y Alexis Ohanian en la alfombra roja del MET Gala 2021.  Uno de los requisitos obligatorios para ir al evento era que los invitados estén vacunados. Foto: EFE
Serena Williams y Alexis Ohanian en la alfombra roja del MET Gala 2021. Uno de los requisitos obligatorios para ir al evento era que los invitados estén vacunados. Foto: EFE
/ JUSTIN LANE

Lo que yo esperaba de los asistentes era algún homenaje a estos diseñadores tan importantes en Estados Unidos (Charles James, por ejemplo), referencias a lo tradicionalmente norteamericano como el quilting (técnica emblema de dicho país), referencias a Hollywood, al denim y a los jeans, a lo hippie, y también la oportunidad para hacer algún “statement” o mensaje político. Como lo he dicho hasta el hartazgo, la moda es un lenguaje que expresa el sentir de nuestros tiempos, y dado lo turbulento de la atmósfera actual, algún tipo de manifestación era de esperarse en la alfombra roja del museo.

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¿Hubo manifestaciones políticas? Claro que sí. Estuvo, por ejemplo, la congresista Alexandria Ocasio-Cortez con las palabras “Tax the Rich” (“cóbrenle impuestos a los ricos”) en un vestido que, más allá de la frase que portaba, no decía mucho. También por el lado de la congresista Carolyn Maloney con un vestido que decía textualmente “Equal rights for women” (“Derechos igualitarios para las mujeres”) en colores que hacían referencia al movimiento sufragista femenino de principios del siglo XX. Particularmente hubiera preferido algo más sutil en ambos casos, ya que me parece que se genera una conexión más emotiva cuando los mensajes en la moda son menos explícitos y nos exigen cierta interpretación, como lo hace el arte.

Quizá esta sutileza llegó de parte de la persona menos esperada: Kim Kardashian. Para quienes no lo vieron, el look -creación del diseñador georgiano Demna Gvasaglia para Balenciaga- fue enteramente negro. Cubría toda las superficie de su cuerpo, incluida la cara, y seguía la silueta de su emblemática cola de caballo hasta terminar en el piso con una capa bifurcada como extensión de su cuerpo. La reacción inicial de muchos de mis seguidores en redes sociales fue que su look era parte de la campaña publicitaria de su flamante ex-marido Kanye West, quien nuevamente ha estado apareciendo con la cara cubierta después de algunos años para promocionar su nuevo álbum. Es muy probable que así haya sido.

Kim Kardashian vestida de Balenciaga. Foto: Getty Images/AFP
Kim Kardashian vestida de Balenciaga. Foto: Getty Images/AFP
/ Mike Coppola

Sin embargo, mi interpretación inicial fue otra: la de una alusión a la realidad de las mujeres en algunas localidades de Estados Unidos. La nueva ley anti-aborto que ha sido aprobada recientemente en Texas nos ha dejado helados a muchos, resaltando la obsesión de las autoridades por mandar sobre el cuerpo femenino, un control que pareciera brotar de la misma semilla que promueve la misoginia en los países o sociedades más fundamentalistas de Medio Oriente. A mi manera de ver, Kim Kardashian pasó de ser una de las personas más reconocibles del mundo a ser una sombra por una noche, un ente que ocupa un espacio pero al cual no se le adjudica ningún tipo de autonomía, sino que acompaña el movimiento de otro ser. Algo muy similar a lo que podría llegar a pasar si este asalto a los derechos de la mujer sigue escalando sin encontrar ningún tipo de oposición.

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Por otro lado, me quedé pensando también en cómo -pese a estar totalmente cubierta de pies a cabeza- el planeta entero sabía que se trataba de Kim Kardashian. Lo mismo con el actor Evan Mock, que llegó a la alfombra roja con la cara cubierta; el look de Madonna en el after party de los premios de MTV (cubierta por un velo y lentes de sol); o Kim Petras llegando a los mismos premios con un enterizo de látex que le escondía la cara, dejando solo sus ojos y labios al descubierto. No lo asocié como una tendencia que se desprende de nuestra reciente necesidad de utilizar mascarillas por el virus que aún azota al planeta, pero sí encontré un punto en común.

Si bien estas mascarillas se han vuelto un accesorio absolutamente tedioso, también han tenido algunos beneficios, como tapar algún tipo de erupción cutánea, o el hacernos menos reconocibles en la calle si queremos evitar a alguien. Y ahí me detuve. ¿Por qué el personaje más sobreexpuesto de nuestros tiempos se “desaparecería” en una noche tan importante? ¿Y por qué lo habían hecho las demás celebridades mencionadas anteriormente? Si lo llevamos un poco más allá, Kim Kardashian parecía esa silueta femenina que sale en las aplicaciones antes de colocar una foto de perfil propia.

En una sociedad que vive obsesionada por la fama a cualquier costo, donde vivimos documentando cada momento de nuestras vidas para las redes sociales y casi ni nos incomoda ser filmados en la calle por un extraño, quizá hemos dejado de valorar la privacidad, algo que siempre mencionan las celebridades como lo que más extrañan de sus vidas previas al estrellato. Entonces, ¿es acaso el anonimato el nuevo lujo?

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