Gabriela Machuca Castillo

No ver para creer.

Richard Picón Cornejo (47) tuvo que quedarse ciego para encontrar luz. Es en el escenario donde se mueve ahora con seguridad, aplomo, libertad. En el 2009 dejó de ver luego que ambas retinas se le desprendiesen, una de ellas a causa de un letal pelotazo en una pichanga de fútbol. Entonces, hubo que empezar de cero. Casi a los 40 años, se vio obligado, en nuevas y dolorosas circunstancias, a aprender a caminar, a preparase un sandwich, a tomar el micro. También a detectar la maldad. Al vivo que nunca falta y siempre quiere pagar con dinero falso. Al idiota que se mofa de su condición o le patea el bastón. Menuda gran batalla. En esas andaba cuando hace seis años una persona querida le habló del Centro de Rehabilitación de Ciegos de Lima (CERCIL), en Surco. Allí podría asesorarse para adaptarse a la nueva vida que le había tocado asumir. Tomar la decisión tampoco fue sencillo. Richard vive en San Juan de Lurigancho. Esos son varios kilómetros, tréboles, puentes, baches y desafíos de distancia.  

"Finalmente lo hice. Allí no solo encontré ayuda, sino grandes amigos. Y, lo mejor de todo, el teatro. Resulta que funcionaba ahí un taller dirigido por el actor Lucho Cáceres. Sabía quién era él, lo había visto en la tele, pero nada más. Entré para probar y no pude irme nunca más", cuenta Richard en medio de los ensayos generales de las dos obras que CERCIL viene presentando este mes en su local. "Lo curioso es que yo nunca había actuado en mi vida. Siempre he sido tímido. Cuando en el colegio pedían voluntarios, solo agachaba la cabeza y trataba de perderme entre mis compañeros. Ahora no. Estar frente al público me llena de vida, me tiene tenso también, muy concentrado cuando tenemos funciones, pero contento, emocionado", agrega. Richard ha sido el protagonista de las obras que allí se han presentado desde hace más de un lustro. De hecho, es tal su talento que ha sido convocado ya por Yuyachkani. También ha participado en el cine como actor en la película "Amigos en apuros".  

La obra en la que Richard se presenta esta temporada, junto a 17 compañeros tan entusiastas como él, se llama "Prefiero no ver" y gira alrededor del tema de la corrupción. Su personaje, un tipo invidente, honesto y querido, es ascendido en la municipalidad distrital donde trabaja. Ello ocasiona que el alcalde, siempre en la sombra, le pida "favores" y tareas deshonestas a cambio de operarlo para que recupere la visión. La historia fue concebida y escrita por todos ellos, bajo la guía de Cáceres, y es una de las dos que se presentarán del 13 al 20 de diciembre a las 8 p.m. en el local de la institución. La otra pieza lleva el título "No te veo, no te escucho" y reúne por primera vez a parte del elenco del CERCIL con el del Teatro En Silencio, compuesto por sordomudos. Se tratan, pues, de presentaciones sui géneris, casi no planteadas así en la ciudad. 

Verse en el otro
Lucho Cáceres, uno de los actores peruanos más reconocidos de su generación por el público y la crítica, está a cargo del grupo de teatro SinVERgüenza desde hace nueve años. "Ximena Ramírez, quien es directora hoy de CERCIL, fue mi compañera cuando estudiaba Derecho en la Universidad de Lima. Un día me citó aquí a almorzar y todo este mundo nuevo abrió mi curiosidad y disparó mis ganas de dar la mano a quien lo necesita. Luego me invitó a dictar clases, a manera de voluntariado, y acepté. Desde entonces estoy con ellos", detalla. Agrega que el taller, dictado una vez a la semana, se sostiene principalmente en la técnica de la improvisación teatral y que este ha ido creciendo en diversos aspectos con el tiempo.

"Cuando empezamos no teníamos caja teatral, ni luces, micrófonos o equipo de sonido. Ahora estamos más equipados y tenemos algunos auspiciadores, aunque todavía nos falta apoyo. Además solo nos presentábamos frente a nuestros familiares y amigos. El segundo año cobramos dos soles cada entrada. El tercero, cinco. Hoy, 20 soles. Aquí hay una capacidad para 100 personas y siempre estamos al 70% u 80%. Hemos crecido, definitivamente, pero siempre hay que ir por más. Este año ya arrancamos con las 14 funciones previstas e invitamos cordialmente al público a que venga a vernos. Las obras solo duran 30 minutos cada una. Se van a llevar un experiencia inolvidable", cuenta. Luego, respira hondo y se aguanta la emoción cuando se le pregunta por qué lo hace. "Es una forma de dar las gracias... Yo soy agnóstico, pero no sé si sea casualidad el que el me hayan pasado muchas cosas buenas desde que comparto mi tiempo con ellos, desde que aprendo mucho de ellos también. Mi misión, a fin de cuentas, es tratar de que ellos encuentren verdad en el escenario. Que sean conscientes, en mayor o menor medida, el talento que cada uno tiene. Y en esas estamos".  La relación director-grupo, claro, ha trascendido ya a lo personal. De  ahí que se junten en cumpleaños, en parrilladas, en otras chambas. Cariño y regaños fraternos a través de los años de por medio, como pasa, pues, con los buenos amigos.

"Yo a Lucho lo quiero como a mi hijo. Con él he tenido la oportunidad de cumplir el sueño de mi vida: ser actriz. Hoy estoy por perder completamente la visión, pero el teatro es un gran bálsamo para mí. Es el escenario donde yo me siento feliz", relata la dama encantadora que es Consuelo Guembes, de 71 años. Ella arrancó en el grupo en el 2015 tras ver menguada cada vez más su visión al padecer de retinitis, miopía, presbicia y cataratas. "Mi condición y mi edad no me quitan las ganas enormes que tengo de vivir. Y así es, precisamente, como yo me siento cuando estoy con mis compañeros de SinVERgüenza: viva. Ojalá los lectores de la revista tengan la oportunidad de venir a vernos. Todo lo que hacemos aquí es con el mayor profesionalismo y mucho amor". Ya lo saben. No se pierda la oportunidad de ver una puesta en escena realmente interesante, entretenida y diferentes. Las entradas están en Teleticket de Wong y Metro.//