La novela causó conmoción por tener una protagonista lejos de los cánones tradicionales de belleza.
La novela causó conmoción por tener una protagonista lejos de los cánones tradicionales de belleza.
Vanessa Romo

"Mi papá todavía sueña con que algún tipo se sobrepase conmigo”. En el minuto 33 del primer capítulo de Yo soy Betty, la fea, Beatriz Pinzón, la protagonista de la novela, describe con esta frase la magnitud de su amor propio. Inexistente. Su padre acababa de cuestionarle severamente si se había quedado sola con su entrevistador en Ecomoda, la empresa en la que postuló al cargo de secretaria, pese a sus numerosos títulos universitarios y posgrados. “No puedo postular a nada más porque esos puestos se los dan a las bonitas”, sentencia Betty con una carcajada llena de resignación.

Cuando vimos esta escena a fines de 1999 en nuestros televisores, muchas y muchos reímos como ella. Reímos también mientras Armando Mendoza, el jefe y amor platónico de Betty, le gritaba aunque gracias a ella Ecomoda seguía en pie, o mientras acosaban al diseñador de modas de la empresa.

“Hoy no se podría hacer algo así porque es sectario, hay homofobia, es profundamente machista. Tienen todos los códigos que no podrían existir ahora”, dijo recientemente Jorge Enrique Abello, el actor que interpreta al autoritario don Armando.

Netflix subió a su plataforma todos los capítulos de la telenovela 'Betty la Fea'.
Netflix subió a su plataforma todos los capítulos de la telenovela 'Betty la Fea'.

La primera razón por la que reflexionamos ahora sobre Betty obedece a una efeméride: en octubre pasado se cumplieron 20 años de su primera transmisión. Meses antes falleció su creador, el guionista Fernando Gaitán, por lo que RCN, el canal que la proyectó esa primera vez, volvió a hacerlo. De dos puntos de rating que tenían pasaron a 13. Hace dos meses, la plataforma Netflix la repuso para toda América Latina. Según cifras del propio Netflix, en México es la segunda serie más vista.

La otra razón es sociológica: con el éxito de las recientes retransmisiones de la novela, esta se lee como una cápsula de tiempo de lo que ocurría a inicios de siglo y cómo, en dos décadas, la visión de la belleza y el trato a la mujer cambió. ¿Qué más nos enseña la retransmisión de Yo soy Betty, la fea y cuál es la clave de su éxito, incluso en tiempos de feminismo?

-EN CÓDIGO DE HUMOR-

Giuliana Cassano, investigadora en temas de comunicación audiovisual y estudios de género, identifica que el humor fue y sigue siendo un factor importante para su fama. “Estábamos acostumbrados al esquema de melodrama y llegó una novela con comedia de situación, algo que se ve claro en la figura del ‘Cuartel de las Feas’”, señala.

Para la docente de la PUCP, históricamente el humor ha permitido tocar temas difíciles. “En este caso son los mandatos heteronormativos sobre las mujeres, sobre cómo deberían ser y vestirse”, agrega Cassano a Somos.

Las protestas contra la violencia a la mujer crecieron en los últimos años. La imagen de la mujer sumisa es desterrada por la de la mujer que no se calla.
Las protestas contra la violencia a la mujer crecieron en los últimos años. La imagen de la mujer sumisa es desterrada por la de la mujer que no se calla.

Para el periodista y crítico de televisión colombiano Omar Rincón, la novela leída en la actualidad sí es una crítica a la masculinidad, ya que sus personajes hombres, a comparación de los femeninos, son caricaturescos. “Si se ve bien la construcción de don Armando o el padre de Betty, estos son como payasos”, comenta.

Mientras tanto, para el periodista Fernando Vivas, este producto, aunque tenía mérito porque exponía la discriminación por atractivo que existe incluso en la actualidad en el sector laboral, solo “jugaba a ser revolucionaria”.

“Aparentemente cambió la forma de hacer novelas al poner una protagonista no convencional, pero el hecho de haber escogido a una actriz guapa para interpretarla [Ana María Orozco] ya era suficiente demostración de que se seguían validando los preceptos más tradicionales y patriarcales”, dice.

-UN FINAL FELIZ-

Una gran parte de jóvenes veinteañeras son las principales espectadoras de la retransmisión de la novela colombiana. El humor sigue sirviendo como conexión, pero desde ellas han llegado muchos cuestionamientos a la construcción tanto de la belleza como del amor tóxico.

“Desde niña le dijeron que era fea y eso la llenó de miedos que se traducen en inseguridad”, dice la joven youtuber Mariángela Urbina en una de las decenas de críticas y reflexiones que han salido a partir de esta retransmisión.

“Es un reflejo de todas las estrategias de sobrevivencia que tuvimos y aún tenemos las mujeres para lidiar con la violencia, la discriminación, el clasismo y la misoginia”, afirma Fátima Valdivia, antropóloga y feminista, a Somos. “Betty muestra la complejidad que vivimos a diario, lo que nos violenta y nos hace reír”, añade.

Acaso uno de los errores que la mayoría de jóvenes resaltan de la historia es el final. “Betty no debió ceder a cambiar, sino brillar con los bráquets, el capúl [copete], los lentes y sin maquillaje”, opina Mariángela.

“Cuando ves un producto de hace 20 años ves cuánto cambiaste. A veces miras las noticias y piensas que nada ha cambiado, que las cosas están peor. Pero esto te abre los ojos y te dice cuánto has avanzado”, afirma Cassano. Por ello, Betty seguirá siendo un clásico. //