Normalmente, José Luis Juan De Dios viaja hasta Bethania todas las semanas para dar clases a entre tres a seis niños en la escuela primaria de este anexo de Yauyos. La cuarentena lo ha llevado a reinventar sus clases. Fotoilustración: Verónica Calderón
Normalmente, José Luis Juan De Dios viaja hasta Bethania todas las semanas para dar clases a entre tres a seis niños en la escuela primaria de este anexo de Yauyos. La cuarentena lo ha llevado a reinventar sus clases. Fotoilustración: Verónica Calderón
Vanessa Romo

Nunca antes José Luis Juan de Dios sintió a sus alumnos tan lejos como ahora. Ni cuando tenía que salir de Huancayo a las 4:30 a.m. para subir una hora en carro y otras cuatro en moto hasta la escuela primaria de Bethania, un anexo del distrito de Colonia, en Yauyos, Lima, a 4.800 metros de altura. Tampoco cuando la mayoría de los pequeños estudiantes no llegaban a clases porque se había desatado una tormenta en el camino entre sus estancias -lugares de pastoreo- y la escuela, a unas tres horas de distancia. Al menos esas veces él sabía que los vería en algún momento y retomarían las clases perdidas. Ahora, en medio de una cuarentena interminable por una pandemia y con una Bethania a la que no llega ni la señal de radio, al José Luis se le hizo más claro que esa distancia que ahora sentía estaba cargada de una estructural desigualdad.

José Luis solo pudo estar una semana en clases, aunque dos de los tres chicos que estaban matriculados en la escuela no llegaron. Era lo normal, por las labores de pastoreo a veces tardan ese tiempo en volver a caminar tres horas en la mañana y tres en la tarde para asistir a la escuela. Antes de verlos a todos, la cuarentena se activó. Tuvo que bajar rápidamente a Huancayo y desde allí se preguntó durante una semana cómo llegar a Dayana, Deyvis y Yuliana. Ellos tres eran sus únicos alumnos, un número que puede representar un margen de error para las estadísticas nacionales. “Pero donde hay un alumno, debe haber un maestro”, dice José Luis.

Con esa consigna en mente, recordó a Ruth Villazana Pascual, la dueña de la única bodega de Bethania. Desde que enseña en el 2018 observó que la tienda de Doña Ruth es el punto de encuentro ocasional de la escasa población de Bethania, que permanece sobre todo en las estancias, donde viven sus alumnos. En el pueblo, aunque aún permanecen en pie unas 20 casas, únicamente vivían la señora Ruth, él, la profesora de Inicial y el vigilante de una mina que ha cesado sus operaciones. Esa es la razón por la que la mayoría salió de Bethania y se convirtió en una aldea fantasma.

La señora Ruth, quien carga los materiales de clase, es el nexo entre los padres y el profesor.
La señora Ruth, quien carga los materiales de clase, es el nexo entre los padres y el profesor.

Sin embargo, los papás de los alumnos tendrían que bajar eventualmente del campo a la bodega para abastecerse de víveres. “Así nació el agente educativo, como el agente municipal o el de los bancos”, dice el profesor José Luis. Luego de convencer a la señora Ruth, diseñó un sistema para que cada dos semanas - o cada vez que un camión que lleva víveres se anime a subir- lleve a Bethania los materiales para Dayana, Deyvis y Yuliana. Cuando los padres fueran a la tienda, recogerían las fotocopias.

A 45 minutos de la ciudad, en el cerro Warmichay, hay un punto de conexión de celular. Hasta allí suben los pequeños para comunicarse con el profesor y poder resolver sus dudas. “Todas las mañana ellos me timbran y les devuelvo la llamada para hablar de lo que aprendieron en esos días”, cuenta. Ha tratado de adaptar sus clases a esta nueva forma de enseñanza. “Antes teníamos el aula letrada en la escuela, que era ponerle nombre a todos los elementos que había en ella. Ahora trabajamos con los padres para tener la casa letrada y que lo hagan dentro de sus hogares”, cuenta.

El colegio necesita ser rehabilitado. Por ahora, desde el 2018, el profesor José Luis repara una pared o un aula con el dinero que le asignan desde el Estado que en los últimos cuatro años no supera los 30 mil soles. Foto: Archivo de José Luis Juan De Dios.
El colegio necesita ser rehabilitado. Por ahora, desde el 2018, el profesor José Luis repara una pared o un aula con el dinero que le asignan desde el Estado que en los últimos cuatro años no supera los 30 mil soles. Foto: Archivo de José Luis Juan De Dios.

Una labor sacrificada

La vida en Bethania no es la bucólica romántica que queremos imaginar desde Lima. La mayor parte del tiempo nieva constantemente, y cuando no lo hace, el frío no le da tregua a los huesos. A tanta altura, no se pueden cosechar muchas cosas, por ello la ganadería es la principal labor en las estancias. Caminar seis horas para acceder a clases tampoco es algo valeroso, sino triste. Es el resultado de una discriminación que se evidencia más en tiempos de pandemia.

Esa desigualdad no era algo que el profesor Jose Luis desconociera, por supuesto. Toda su primaria la realizó en un colegio unidocente, como el que ahora enseña. Fue en la localidad de Tincoyauricocha, no tan lejos de Bethania, también en la sierra de Lima. A sus 39 años y con 16 años como profesor reconoce que una de sus heroínas es su primera maestra, Raida Ruíz, quien se dividía con gracia y paciencia entre los pocos alumnos del colegio. La sonrisa permanente de la profesora solamente desapareció con un accidente que se llevó a casi todos los maestros de la zona rural de Yauyos a fines de los años 80. Ella se salvó de milagro. Ser profesor en el Perú nunca ha sido fácil.

El caso de José Luis se hizo viral hace pocos días en redes sociales y muchos le agradecían por su vocación. “Tenemos que reconocer que en el país no están distribuidas las oportunidades de educarse de la misma manera y eso nos ha llevado a llevar este proyecto de tablets con señal satelital. Mientras eso sucede, lo que haces tú es importante”, le dijo el ministro de Educación, , hace una semana en un programa que tiene todos los sábados en TVPerú.

José Luis estaba nervioso y no pudo preguntarle cómo podían hacer para hacer este mecanismo de traslado de materia más formal. Ha pensado que la municipalidad de Yauyos podría ayudar con sus camionetas y no tener que estar pidiendo favores a los pocos vehículos que se animan a subir. El trabajo se complica con las ampliaciones de cuarentena, pero se imagina que un día podrá volver a la escuela e ir con los niños a la laguna Warmicocha, en una de esos raras mañanas soleadas de invierno, y poder hablar de las plantas, del agua, tocarlas. Así será algún día.

Esta postal es del 2018, el primer año que José Luis enseñó en Bethania. Subieron a la laguna Warmicocha para aprender sobre el medioambiente.  Foto: Archivo de José Luis Juan De Dios.
Esta postal es del 2018, el primer año que José Luis enseñó en Bethania. Subieron a la laguna Warmicocha para aprender sobre el medioambiente. Foto: Archivo de José Luis Juan De Dios.

Iniciativas que valen

Clases por altoparlantes. En las zonas más alejadas del país, como en zonas de frontera, el uso de las bocinas del pueblo son claves para que los alumnos escuchen las lecciones desde casa. Eso sucede en el Alto Napo, en Loreto y en Cenepa, en Amazonas. Esa práctica también es usada por los pueblos asháninkas en el Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem) y en Echarate, en la selva cusqueña.

El aula-buzón. En la Institución 503350 Araypallpa, en el distrito puneño de Paruro, los profesores dejan las fichas en un buzón ubicado en la puerta de la escuela. Los padres los recogen todos los días y se hace un reforzamiento por el parlante comunal a las 5 p.m.

Esta es la forma que los profesores en Paruro, Puno, han encontrado para comunicarse con sus alumnos: el buzón escolar. Foto: Ministerio de Educación.
Esta es la forma que los profesores en Paruro, Puno, han encontrado para comunicarse con sus alumnos: el buzón escolar. Foto: Ministerio de Educación.

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¿Qué es un coronavirus?

Los coronavirus son una amplia familia de virus que pueden llegar a causar infecciones que van desde el resfriado común hasta enfermedades más graves, que se pueden contagiar de animales a personas (transmisión zoonótica). De acuerdo con estudios, el SRAS-CoV se transmitió de la civeta al ser humano, mientras que el MERS-CoV pasó del dromedario a la gente. El último caso de coronavirus que se conoce es el covid-19.

En resumen, un nuevo coronavirus es una nueva cepa de coronavirus que no se había encontrado antes en el ser humano y debe su nombre al aspecto que presenta, ya que es muy parecido a una corona o un halo.

¿Qué es la Covid-19?

La covid-19 es la enfermedad infecciosa que fue descubierta en Wuhan (China) en diciembre de 2019, a raíz del brote del virus que empezó a acabar con la vida de gran cantidad de personas.

El Comité Internacional de Taxonomía de Virus designó el nombre de este nuevo coronavirus como SARS-CoV-2.

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