Se acerca el 14 de febrero, el famoso Día de San Valentín, la celebración del amor y la amistad. Cabe preguntarse ¿qué clase de amor va a celebrar una sociedad como la nuestra, que cuenta con 12 feminicidios en lo que va del año? La pregunta es pertinente en un país que el 2021 registró, según reportó la Defensoría del Pueblo, 146 feminicidios y 5.900 mujeres desaparecidas, y cuya capital se encuentra entre las ciudades más peligrosas del mundo para ser mujer. La violencia contra la mujer no es, pues, un asunto privado o “personal”, como han repetido tristemente representantes del Gobierno las últimas semanas, justificando sus propias denuncias.

¿Por qué tantas relaciones se ven marcadas por la violencia? La psicóloga Natalia Parodi nos ayuda a reflexionar al respecto.

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.- Hoy hablamos de relaciones ‘sanas’ y relaciones ‘tóxicas’. Sobre las segundas, decimos que ‘eso no es amor’. ¿Es correcta esa valoración, según el resultado de las relaciones que establecemos?

Lo importante es que cualquier vínculo que tengamos nos haga bien y no nos lastime. El indicador de que una relación funciona es que saca la mejor parte de cada uno. Cuando esto ocurre, estamos ‘encajando’, con sintonía, confianza y respeto. Cuando no ocurre, entonces ‘enganchamos’, atracándonos, hincándonos, asfixiándonos, sin poder salir, haciéndonos daño, con la inseguridad, el dolor y el resentimiento (incluso el temor) a flor de piel. Sea o no sea amor, lo saludable es salir de ahí. Y aunque pueda doler al inicio, luego estaremos mucho mejor.

.- Hay relaciones donde se llega a la violencia psicológica o física. ¿Qué condiciona que una persona la soporte?

La crianza, el trauma, el miedo. La carencia, la dependencia. Para ‘darte tu lugar’ tienes que saber cómo es ser tratada saludablemente. Si alguien se queda mucho tiempo donde la tratan mal, es porque no se imagina que realmente la puedan tratar mejor en otro lugar. Creen que esta relación es única y que no habrá nada mejor ni nadie que las quiera más. A veces más asusta el vacío que el dolor.

El año 2021 nuestro país registró, según reportó la Defensoría del Pueblo, 146 feminicidios y 5.900 mujeres desaparecidas
El año 2021 nuestro país registró, según reportó la Defensoría del Pueblo, 146 feminicidios y 5.900 mujeres desaparecidas
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.- ¿Nuestra crianza condiciona la forma en la que entendemos el amor y las relaciones?

Sin duda. Si nos han tratado con cariño, con paciencia, con respeto. Si les ha importado lo que sentimos, lo que pensamos, lo que queremos, lo que necesitamos. Si han respetado nuestros procesos y el tiempo que hemos necesitado para aprender, crecer y madurar. Si alguien se tomó el tiempo y el amor para intentar comprendernos y buscar nuestra felicidad, así nos trataremos a nosotros mismos. La forma en que nos hablaron será la voz que interiorizamos y el modo en que nos hablamos a nosotros mismos. Si nos han hecho sentir poco importantes o sistemáticamente mal con nosotros mismos, será así como nosotros nos tratemos en la adultez, al igual que permitiremos el mismo tipo de maltrato, porque nos parecerá normal.

.- ¿Cómo evitar crianzas dañinas?

La crianza respetuosa es el camino. La empatía, la paciencia, la firmeza con amor. La constancia, el amor incondicional. Cuidar a nuestros niños, jugar con ellos. La violencia verbal y física como formas de crianza generan traumas del desarrollo. No podemos desahogar nuestras frustraciones en nuestros hijos. Y si un día nos ocurre, debemos disculparnos con ellos por el exceso. Vale molestarse. No vale agredir. Vale equivocarse algunas veces, no vale hacer daño siempre y parcharlo con una disculpa rutinaria. Detenernos a pensar, a tomar consciencia de cómo estamos criando, ya es un paso hacia la salud. El siguiente debe ser aprender a contenernos. Si no lo estamos logrando, no perder más tiempo y pedir ayuda. Y en la pareja, un indicador de la necesidad de buscar ayuda es cuando te ampayas habiendo repetido los mismos conflictos, o parecidos, con otra pareja. Entonces te das cuenta de que allí no es problema de pareja sino de una búsqueda inconsciente de repetir algo irresuelto.

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.- ¿Soportamos relaciones dañinas porque tenemos idealizado el amor?

No sé si es la causa, pero el amor de las películas es plano, tiene pocas dimensiones y retrata más un romance que una relación. Cuando pasa el tiempo, el día a día, la cotidianidad, es menos glamorosa y excitante, pero tiene otros encantos. Compartir la vida real, ser un buen equipo, repartirse responsabilidades, contar el uno con el otro. A veces discutir, ponerse de acuerdo. A veces reír. A veces aburrirse. Y luego apapacharse a ver una película juntos. Pagar cuentas, limpiar la casa, cocinar, criar, trabajar, agota. Pero también puede ser lindo, que así sin tanto adorno, recién despertados, a veces cansados y otras tensos, hay una persona que nos quiere tal cual somos, y es mutuo.

.- ¿Cómo podemos transitar hacia relaciones más sanas?

Es muy importante una sincera disposición a intentar comprender lo que siente y necesita el otro. Tomar en serio lo que dice. Escucharlo con el corazón. Esto requiere mucha empatía. Y mucho amor. Validar lo que siente. Si no lo logramos, podemos por lo menos respetar lo que pide y decide. El amor no es una batalla. Si bien el conflicto es parte de la vida, la manera de resolverlo es con sincera apertura a expresarnos y a escuchar. Y entonces podremos entendernos. Si no hay esto, creeremos que se trata de un debate donde habrá un ganador, pero cuando eso pasa, ambos pierden.

Hoy en día hay mucho diálogo de sordos. Escuchamos sin escuchar, planeando qué contestar. No con el sincero interés de entender lo que nuestra pareja nos está queriendo decir y siente. Si logramos escuchar de verdad, con el corazón abierto, importándonos, estaremos construyendo una relación saludable.

Un ingrediente clave en las relaciones (de pareja o con los hijos o con amigos), es la curiosidad. El interés de volver a conocerlo, de redescubrirlo. ¿Quién es esta personita que está creciendo en mi casa? ¿Quién es este hombre que duerme en mi cama? ¿Quién y cómo es esta señora que me ha parido? No mirarlos con los ojos de “quiero que sea como yo quiero que sea”, sino con los ojos respetuosos y amorosos de la curiosidad, de dejarlos ser y de conmovernos por tenerlos en nuestra vida.

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