En el día que deja el cargo de presidente de la nación más poderosa del mundo, la figura de Donald J. Trump luce chamuscada, cual personaje de caricatura al que una bomba le estalla de pronto en el rostro. Desde noviembre pasado todo le salió mal al magnate de 74 años, desde perder las elecciones de EE. UU. hasta su escandaloso intento por revertirlas alegando un fraude que no pudo demostrar. Lo del asalto al Capitolio sobrepasó todo. Desde entonces su soledad fue palpable. Más de veinte importantes corporaciones, entre ellas Coca-Cola, suprimieron sus donativos a los republicanos. Lo que más le debe de haber dolido de todo: que le cerraran Twitter y otras redes sociales que le permitían amplificar su voz.
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