Yasmin Rosas

En el 2014, los caminos de Jorge Cajacuri, diseñador gráfico, y Cristian Gutiérrez, administrador de empresas, se juntaron. Sin que ellos lo esperaran, enrumbaron en un viaje por la , una travesía que empezó en Iquitos y que continúa hasta ahora, seis años después.

Para el primer viaje alquilaron un pequeño bote y se embarcaron en las aguas del río Momom sin saber exactamente qué les esperaba. Jorge recuerda que debían permanecer quietos para no agregarle más inestabilidad a la diminuta embarcación que surcaba las rebeldes aguas. Fueron casi dos horas en las que vieron los imponentes árboles y el cielo azul característico de la selva.

Lo que en un inicio fue una aventura, se convirtió en una estadía de una semana en la que compartieron con las familias y con los maestros artesanos de la comunidad de Centro Fuerte. Jorge y Cristian aprendieron a despertar con los primeros rayos del sol y luego a camuflarse entre la vegetación para recorrer senderos imaginarios, reconociendo una infinidad de árboles, plantas y animales.

“A través de una red de contactos llegamos a unas artesanas que trabajaban con el caucho silvestre. En ese momento Cristian, que estaba interesado en los bosques, y yo decidimos ir a conocer el producto para empezar a trabajar en prototipos de biotextiles. No teníamos idea de qué es lo que iba a salir de eso”, dice Jorge a Somos.

Lo que ambos buscaban era ver de cerca la extracción de caucho de la shiringa, un árbol cuya principal característica es el líquido lechoso que sale al raspar su corteza. “Vivimos la experiencia del bosque. Fue muy necesario para comenzar el proyecto”, explica aún algo emocionado Cajacuri.

ASÍ ES EL INCREÍBLE TRABAJO DE EVEA

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Las zapatillas que nacieron en la selva y ya salvaron más de 3 mil árboles en el Perú


A su regreso, conscientes del potencial de lo que habían encontrado se dedicaron de lleno a la investigación y al desarrollo de bosquejos de los productos que podrían hacer y complementaron el equipo fundador con Celeste Moreno, diseñadora de modas.

Más adelante se sumaron Estefanía Cavalie; publicista, y luego Elizabeth Javier, gestora social. De todos ellos nació lo que hoy es Evea, una empresa de calzado que sigue la visión que tuvieron desde el primer día: cuidar la biodiversidad, desarrollar materiales sostenibles y tener una producción responsable.

El equipo tardó unos cuatro años en sacar el primer lote: un calzado con la suela hecha con el 60% de caucho silvestre y en la que se emplea una tela hecha a base de retazos y merma recolectada por recicladores. “Es un tema de circularidad, del que siempre estamos pendientes”, acota Jorge.

-Impacto y empoderamiento-

Gracias a las alianzas estratégicas que Evea ha ido formando con algunas organizaciones como el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), el Programa De Las Naciones Unidas Para El Desarrollo (PNUD) y el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (Sernanp), se ha logrado mejorar la calidad de vida y empoderar 59 familias de las comunidades Yutupis, Kagkas, Inayuam, Saasa, Kachi, Kuith y Nueva Jerusalén.

Asimismo, se vienen formando vínculos con algunas otras comunidades de Madre de Dios y Cerro de Pasco, en donde también se ha descubierto la existencia de la shiringa.

“Hay muchas personas jóvenes que se interesan por el proyecto. También hay muchas mujeres que buscan ser económicamente activas dentro de su familia”, nos explica el diseñador gráfico. “Los ‘shiringueros’ son hombres de 50 años para arriba y el resto de la población no se interesa en esta actividad”, agrega.

Por lo general, el kilo del caucho extraído de la shiringa oscila entre los 1,5 y 2,5 dólares. Pero en Evea se compra a casi el doble del precio comercial (US$4,5 - 5). Esto es para poner en valor el delicado y meticuloso proceso que se emplea para extraer el ‘látex blanco’ o ‘jebe fino’, como también se conoce el caucho de la shiringa.

“En promedio, el ingreso mensual de una persona de la zona es de aproximadamente S/120. Nosotros podemos hacer que se duplique. De repente ese dinero, para alguien de la ciudad es muy poco, pero para una persona de la selva, tener 120 soles extra es algo muy poderoso. Es adquirir más cosas de alimentación, es ir al pueblo más cercano y tener una cena con la familia, tener más cosas de salud y mejores accesos a la educación”, explica Cajacuri.

Además de la extracción del caucho, Evea y sus aliados planean realizar talleres en los que se enseñen otras formas de utilizar esta materia prima. Se están haciendo pruebas de color y trabajos de bisutería para que estas familias puedan seguir aprendiendo y empoderándose.

Mientras conversa con nosotros, Jorge recuerda a Virgilio, un líder comunero de la zona de Condorcanqui. Según explica, es un hombre que ha formado una familia bastante joven, pero que gracias al beneficio económico ha comprado una pequeña embarcación y piensa tener un emprendimiento propio. "Lo más importante es que piensa en explotar otros recursos y tiene otras visiones de negocio, escuchar eso es gratificante”, dice Jorge.

-Preciado recurso-

Pero, ¿cómo se llega a obtener este producto tan resistente y amigable con el ambiente?

La shiringa es un árbol longevo, que puede llegar a medir hasta 30 metros de altura. Esta planta acumula 229 toneladas de carbono y en su ambiente natural almacena el 50% del agua de lluvia, evitando así la erosión del suelo.

Uno de sus rasgos característicos, como ya lo mencionamos líneas más arriba, es que al raspar su corteza se encuentra una especie de látex de color blanco, que al mezclarse con otros productos da como resultado un material resistente. En el Perú, la shiringa se encuentra en los departamentos de Loreto, San Martín, Ucayali y Madre de Dios.

Los meses de extracción son entre abril y agosto. Este periodo se conoce como “zafra grande” y es en donde la planta produce la mayor cantidad de jebe. Se descansa en setiembre y el trabajo de extracción se retoma entre octubre y diciembre, durante la “zafra chica”, periodo de extracción a menor escala.

Para obtener el recurso se debe hacer un corte en diagonal, este debe ser preciso, de tal manera que sirva como un camino para que gotee el látex. Lo recomendable es sacar entre 150 y 200 mililitros por árbol cada 48 horas. Luego, los maestros cogen tierra y la frotan sobre la corteza para así ir curando a la planta.

Lo que sigue es mezclar lo recolectado con algunos otros insumos para que se haga una especie de pasta y luego se le va dando la forma de una lámina. Por cada jornada de trabajo de 6 o 7 horas se pueden hacer hasta 2 kilos de caucho.

Después de todo ese proceso, las láminas son transportadas a Lima y entre la confección de la suela y del resto del calzado, el producto se obtiene en una semana. “El caucho silvestre es inestable y tuvimos que trabajar mucho para obtener un material que vaya acorde con el producto que queríamos fabricar”, enfatiza Jorge.

Hasta el momento, con la ayuda de Evea y su visión de producción responsable se han preservado 2,723 hectáreas de bosque y 3.540 árboles de caucho silvestre, así como una cantidad incontable de fauna y flora de la Amazonía.

“No hay algo más gratificante que ver a las familias cuando llegan con sus láminas de caucho y las pesan para poder venderlas. Van todos acompañados con sus niños o van los jóvenes que aspiran a hacer algo más. Eso es lo que queríamos lograr”, concluye el joven diseñador.

Durante estos últimos meses, el equipo también ha trabajado con el polvo de neumáticos en desuso para poder crear otro tipo de suelas. Asimismo, se vienen realizando pruebas de un biotextil elaborado a base del caucho extraído de la shiringa para poder fabricar mochilas, maletas, carteras y demás, con la finalidad de reemplazar el cuero animal y el uso de plásticos.

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-Sobre Evea-

Los productos ecoamigables se pueden revisar el catálogo online en su página web o en su página de Facebook, y en Instagram .

También pueden encontrarlos en Vernacula de la Av. Los Conquistadores 635, San Isidro, o en Beeversa del Jockey Plaza.