Vanessa Cruzado Alvarez

Su espacio natural por excelencia -y con soberbios atardeceres de verano- es la Costa Verde. El parque más limeño es el Campo de Marte, sede de intercambio cultural de las tribus urbanas. El espacio más representativo es la Plaza San Martín, punto de concentración para defensa de causas ciudadanas. Una ciudad con personalidad criolla (“está presente en la música, en la comida, en la literatura”, dice Rolando Arellano, especialista en marketing cuantitativo)- que, sin embargo, aún margina (“el acelerado proceso de discriminación a las comunidades andinas y amazónicas bajo un esquema de discriminación agresiva provoca nuevas generaciones achoradas”, explica Jorge Yamamoto, psicólogo social). Resulta irónico que el origen de , provenga de una lengua que hasta ahora le damos la espalda.

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En la sierra central, los españoles fundaron Jauja como capital. Pronto buscaron un espacio con mejores condiciones geográficas. “Ruidíaz, Juan Tello y Alonso Martínez estuvieron a cargo de las expediciones y confirmarían que las tierras del curaca Taulichusco, en el valle del Rímac, eran ideales para fundar una nueva ciudad”, cuenta el historiador Max Gonzales. Francisco Pizarro fundó la ciudad un 18 de enero de 1535 bajo el nombre de la Ciudad de los Reyes del Perú. Algunos historiadores sostienen que la denominación se debe a los Reyes Magos; otros, en honor a los reyes de España (Carlos I y su madre Juana).

Se manejan hipótesis sobre el origen del nombre Lima. Para el lingüista y “refleja el fonetismo propio de la variedad quechua hablada en la costa centro-sureña peruana”. “Hacía referencia a un importante oráculo que estaba situado en lo que hoy es Barrios Altos. El resto pétreo visible es la famosa ‘piedra horadada’, llamada también ‘piedra del diablo’. El parecido de Limaq o Límac con el nombre del río Rímac es evidente”, explica por su parte el lingüista Agustín Panizo. En vez de Rimaq (‘el que habla’), los habitantes pronunciaban Limaq (el fonema /r/ era sustituido por /l/).

Entre los interesados por el origen del nombre de la ciudad, estuvo el Inca Garcilaso de la Vega. En los Comentarios Reales de los Incas señala que “el nombre Rímac es participio de presente: quiere decir ‘el que habla’. Llamaron así al valle por un ídolo que en él hubo en figura de hombre, que hablaba y respondía a lo que preguntaban”.

La sustitución de los fonemas, señala Panizo, se debe a la influencia del aimara central, que antiguamente se había hablado también en esa región. “Prueba de ello es el jaqaru, lengua de la familia lingüística Aru/Aimara que aún se habla en la provincia de Yauyos, en la sierra sur de Lima”, agrega Panizo. Del mismo modo que en el Valle del Mantaro, reflexiona Cerrón-Palomino, aunque en forma menos drástica en Lima.

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Con la adaptación castellana “dicha consonante fue suprimida en labios de los españoles”, agrega Cerrón-Palomino. Pone de ejemplo Pachacamac, que proveniente de *pacha kama-q ‘el sustentador del universo’, “en cuya base articulatoria la región postvelar -es decir, el fonema /q/- no solo no cumple ninguna función distintiva, sino que, de modo más compulsivo, las reglas de su sistema fonológico tampoco admiten consonantes oclusivas (p, t, k, b, d, g) en posición final de palabra”. //

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