Luis  Miranda

Periodista

Es posible verlos por todo el valle. Activos, dinámicos, llenos de un buen humor que llenaría de envidia a ciertos jóvenes hipocondriacos y depresivos. Algunos te invitan un buen pisco de su propia bodega y otros te muestran sus cultivos de uva. Los más humildes trabajan hasta bien pasados los 90 años. Y no es raro encontrar a un bisabuelo de casi cien descansando en la puerta de la estancia familiar.

Los ancianos en Lunahuaná se mezclan con la población mayoritariamente juvenil y los turistas ansiosos de emociones fuertes. El hermoso pueblo ubicado al borde del río Cañete y a menos de una hora de la carretera Panamericana se ha labrado el nombre de capital del canotaje o rafting y de otros deportes de aventura que, sin embargo, no han opacado su actividad relacionada con el néctar de las viñas.

En Lunahuaná hay decenas de buenas bodegas que producen vinos fragantes y sobre todo un excelente pisco de uvina, la negra y azulada cepa no aromática exclusiva del valle cuyo origen es un misterio. Su cultivo enorgullece a los lugareños porque fue la última variedad en ser reconocida como uva pisquera y porque tiene tal concentración de taninos y antioxidantes que probablemente tenga mucho que ver con el hecho de que en el valle del río Cañete abunden las personas longevas.

De hecho esta baya pequeña, dulzona y astringente tiene tantos taninos que otrora era comprada por bodegueros de ciertos valles para teñir sus vinos. Al menos eso dice la gente entre copa y copa.

(Foto: Luis Miranda)
(Foto: Luis Miranda)

El saber popular dice que el pisco mata el colesterol malo. Y hay quienes aseguran que los mismos médicos al ver la salud de los adultos mayores terminan recetando un vasito de pisco cada día.

Lo cierto es que no hay poblador que no beba cada día más de unas gotas de ese trago que pasa por la garganta sin dejar ardores: un buen pisco de uvina. O de cualquier variedad, porque aquí también crecen todas las variedades de cepas pisqueras y además muchas otras que se han adaptado de maravillas.

Una de ellas es la uva Cabernet Sauvignon, también oscura y astringente, que aquí ha dado un vino considerado como uno de los mejores tintos del país. En el viñedo Los Reyes trabaja Nicho, un joven de casi 90 años y gran bebedor de vino y pisco. Trabaja cuidando las parras que dan origen al preciado vino campeón, pero también ayuda en el servicio de canopy ligado a la empresa. Su vitalidad es tanta que se empeña en demostrarme que puede subirse al canopy y deslizarse por el aire sobre el río Cañete como si fuera un adolescente.

Durante el más reciente concurso de sopa chola (una variedad local de sopa seca) organizado por la municipalidad distrital, las cocineras favoritas pasaban las siete décadas. La sabiduría que da una vejez lúcida sería una de las razones de que en este rincón de Cañete las personas de la tercera y cuarta edad tengan un bien ganado prestigio. Ellas guardan en su memoria recetas queridas como la de la mazamorra de uva.

“La vida que uno vive aquí es de paz y tranquilidad”, señala el alcalde del pueblo, quien asegura que el pisco disipa cualquier angustia. “Nos aseguramos que nuestros ancianos tengan seguro médico y estén inscritos en programa del vaso de leche”, añade.

El burgomaestre anda dándole vueltas a la idea de mejorar la imagen del distrito utilizando los rostros saludables de sus ancianos. Un valle de vida larga y feliz.

(Foto: Luis Miranda)
(Foto: Luis Miranda)

Según Manuel Sánchez, ferviente admirador del pisco y dueño de Piscuy, un restaurante que provee de cuyes deshuesados a restaurantes como Maido, la longevidad en Lunahuaná se debe al clima seco. “En Lunahuaná y los distritos vecinos de Pacarán y Zúñiga se produce la uvina, que posee resveratrol, uno de los antioxidantes que se encuentran en el vino tinto”, señala.

A este componente se le atribuyen notables beneficios para la salud, con efectos cardioprotectores. En Lunahuaná es una costumbre de los lugareños tomar muy temprano una copa de cachina o pisco de uvina, y la dosis se incrementa con la llega de los amigos en la época de poda y vendimia.

El trabajo diario en la chacra mantiene el cuerpo listo para sembrar y cosechar manzanas, maracuyá, chirimoyas, membrillos, granadillas, y tubérculos como el camote morado, también lleno de antioxidantes.

Como fotógrafo quería hace tiempo retratar a los famosos longevos de esta parte del Perú. En el camino encontré algunos viejos vigorosos y otros con serios achaques, pero en todos vi un buen humor a prueba de quejas y tragedias. Incluso uno de los ancianos vivía solo, abandonado por sus hijos. Pero su principal reclamo no era la soledad sino que no tenía un trabajo para seguir contribuyendo con su comunidad.

El secreto de su longevidad era la ilusión de seguir siendo útiles a los demás.

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