El calendario de fiestas religiosas en Chincha es nutrido. Los hatajos de negritos acompañan las ceremonias, especialmente en el Día de Melchorita, en enero. En este caso, no observamos una festividad religiosa, sino el aniversario de la bodega Chinchaysuyo, una de las más antiguas. (Foto: Luis Miranda / Somos)
El calendario de fiestas religiosas en Chincha es nutrido. Los hatajos de negritos acompañan las ceremonias, especialmente en el Día de Melchorita, en enero. En este caso, no observamos una festividad religiosa, sino el aniversario de la bodega Chinchaysuyo, una de las más antiguas. (Foto: Luis Miranda / Somos)
Luis  Miranda

Periodista

Conforme a los criterios de

Trust Project
Saber más

Los chinchanos sienten que su tierra es una potencia turística dormida. Les gustaría que la descomunal huaca Centinela brille como un polo turístico del nivel de Chan Chan o Pachacámac. Pero aún sin haber sido puesta en valor la llamada ciudadela del dios Chinchaycámac y del señor de Chincha –el soberano al que Pizarro confundió con el inca Atahualpa debido a su evidente riqueza–, es una maravilla que todo peruano y visitante extranjero debería conocer.

Impresionan sus palacios y pirámides con rampa, sus grandes plazas y una ubicación estratégica frente al mar. Los chincha fueron grandes comerciantes y navegantes, y esta ciudadela es el mejor testimonio de su influencia.

MIRA: El presente de Pachacámac: una vuelta por el último valle de Lima tras 200 días de aislamiento

Los incas también construyeron aquí palacios que se mantienen altivos, aunque en ruinas. En la Plaza de Armas de la misma Chincha Baja, pueblo fundado por Diego de Almagro en 1537, se mantienen los restos de dos importantes iglesias que fueron destruidas por el terremoto del 2007. Una de ellas es la iglesia del convento de Santo Domingo, construida en el siglo XVI y donde aún son visibles parte del techo original y pinturas murales.

La huaca Centinela data del año 900 d. C. hasta la ocupación inca. Tiene 75 hectáreas y conserva varios edificios monumentales. (Foto: Luis Miranda / Somos)
La huaca Centinela data del año 900 d. C. hasta la ocupación inca. Tiene 75 hectáreas y conserva varios edificios monumentales. (Foto: Luis Miranda / Somos)
El grupo Son de Chincha –convocado por la bodega Chinchaysuyo para esta nota– es uno de los seis grandes combos de folklore afro de la provincia. También destacan el grupo de los Ballumbrosio, Sol de Ébano y Raíces Negras. (Foto: Luis Miranda / Somos)
El grupo Son de Chincha –convocado por la bodega Chinchaysuyo para esta nota– es uno de los seis grandes combos de folklore afro de la provincia. También destacan el grupo de los Ballumbrosio, Sol de Ébano y Raíces Negras. (Foto: Luis Miranda / Somos)

A los chinchanos les gusta decir que este distrito pudo ser la capital del Perú si la historia de Almagro hubiera sido otra. De hecho, Chincha es más que los mejores tamales del país y una de las cunas del folklore afroperuano. En Chincha Alta hay una impresionante actividad comercial, grandes hoteles y bodegas vitivinícolas, suficientes para realizar varias rutas del pisco y el vino. Es famosa la frase: si vino a Chincha y no tomó vino, para qué eme vino.

La cachina de uva es un vino joven con que los locales riegan sus generosos almuerzos, sobre todo esas carapulcras de papa fresca y con sopa seca que distinguen a Chincha de ciudades vecinas de buena sazón. Pero hay otras bayas que están llenando de orgullo a la soleada localidad sureña. Se trata de los arándanos, perlas azules que, gracias al impulso del ingeniero Federico Beltrán, hoy generan mucho empleo, sobre todo a mujeres chinchanas, y han convertido al país en una potencia de la agroexportación. Los arándanos de aquí son grandes y tienen certificación orgánica.

Mujeres recolectan arándanos en Agrofrut. El Perú es el primer exportador mundial de esa fruta. (Foto: Luis Miranda / Somos)
Mujeres recolectan arándanos en Agrofrut. El Perú es el primer exportador mundial de esa fruta. (Foto: Luis Miranda / Somos)
Restos de la iglesia del convento de Santo Domingo, que conserva murales policromados del siglo XVI. Fue destruida por el terremoto del 2007 y merece una restauración. (Foto: Luis Miranda / Somos)
Restos de la iglesia del convento de Santo Domingo, que conserva murales policromados del siglo XVI. Fue destruida por el terremoto del 2007 y merece una restauración. (Foto: Luis Miranda / Somos)

En los espectáculos de danza afro y festejo que ofrecen algunas bodegas y restaurantes suele aparecer el famoso decimista Piturro, quien empieza sus declamaciones con esta frase: “Chincha del frejol colado, chincha pedazo del cielo, su carapulcra al costado, la tierra de mis abuelos...”. El legado afro es tan fuerte que en Chincha casi todos los niños saben zapatear, sean o no afrodescendientes. En enero, durante las multitudinarias fiestas en honor a Melchorita Tasayco Saravia, los grupos de zapateadores compiten tratando de destrozar el piso con sus saltos y figuras. Esto ocurre en Grocio Prado, donde un altar dedicado a la “sierva de Dios” se ha convertido en centro de peregrinación y también epicentro de tiendas de artesanías y dulcerías. El frejol colado se alinea junto al dulce de camote o el de ciruela. Y los picarones con miel de hoja de higo conviven con los escapularios y los sombreros y canastas de paja. Si bien El Carmen, con su vecina hacienda San José, se ha estado llevando el turismo, el resto de la provincia tiene mucho que mostrar: Tambo de Mora, Sunampe, Grocio Prado, etc. Ahora que empieza a reabrirse el turismo con los protocolos de ley, Chincha es una gran opción cercana a Lima. //

MIRA: Lunahuaná: todo lo que tienes que saber si quieres volver al paraíso de los deportes de aventura

COTO Y CATA

Los mejores lugares para disfrutar de Chincha son la bodega Tabernero, la hermosa bodega Chinchaysuyo y también Uvas de Ica, de Tomás Gentille, con sus licores de frutas.

No deje de visitar las bodegas Don Salvattore y Rotondo en hoteles Casa Andina y Columbus.

La bodega restaurante Las Casuarinas vende la popular cachina. Para comer, busque Lorena y la Casa de la Nonna. Y por supuesto, El Olivar. En Grocio Prado, pedir el dulce de la calabaza llamada alcayota.

VIDEO RECOMENDADO

México: Quintana Roo se abre al turismo tras bajar riesgo por COVID-19

TAGS RELACIONADOS