Gabriela Machuca Castillo

Serena Williams es más que la mejor tenista de la historia. Siendo mujer y negra, durante sus casi 20 años de carrera profesional ha abanderado la lucha por la equidad en un deporte llamado ‘blanco’ y en el que aún persisten las diferencias cuando se trata de uno u otro género (en cuanto a premios, cobertura mediática y sanciones). Hay que decir con claridad y sin temores que ha sabido levantar la voz, ir contra la corriente y hacer grandes rebeliones personales con ese objetivo. Pero hasta la mejor de las mejores puede perder los papeles y hacer que se cuestione si esta vez han tenido eco sus reclamos feministas. 

La tarde lluviosa en la que se disputó la final del US Open 2018, Serena se puso nerviosa desde los primeros puntos de la japonesa Naomi Osaka (29). La 23 veces campeona del US Open tenía la presión (y el deseo) de conseguir frente a su joven rival el triunfo número 24 y, con ello, alcanzar en ese récord a Margaret Court, otra leyenda del tenis. 

Por eso se explica que su entrenador, Patrick Mouratoglou, le haya hecho coaching desde la banca, lo cual fue visto por el juez de línea Carlos Ramos. El hecho ameritó un inmediato llamado de atención a Williams, lo cual fue recibido con mucho fastidio por la tenista.  

La segunda falta de Serena llegaría pronto, cuando aún molesta por la primera amonestación, lanzó su raqueta al suelo y la quebró. El juez de nacionalidad portuguesa cobró la falta y la tenista, iracunda, lo llamó “ladrón y mentiroso”. Ella entonces denunció un comportamiento machista en su contra, lo que en realidad era la pura aplicación del reglamento ante la comisión de tres faltas seguidas, como las que cometió aquel día la menor de las hermanas Williams.  

También racismo
Como mujer afrodescendiente, Serena ha debido soportar diferentes tipos de abusos y agresión por parte de jugadores, ejecutivos y aficionados del tenis. Prueba de ello es lo ocurrido luego de que en el 2001 venciera en el torneo de Indian Wells a la belga Kim Clijsters.  

Serena había llegado a la final después de que su hermana Venus renunciara a jugar la semifinal contra ella por presentar un cuadro de tendinitis. Pero esto fue muy mal recibido por el público, que esperaba ver el choque de las hermanas y pifió a Venus y a la propia Serena durante el partido final. Aun así, la americana se impuso a Clijsters, pero asumió que los abucheos tuvieron un matiz racista y por ello decidió no jugar el torneo durante 14 años.  

Este, sin embargo, no fue para nada el caso. Hubo gente abucheando el sábado pasado, sí. Pero era la gente que se plegaba así al reclamo que Williams hacía a Ramos. Gente que siguió abucheando, incluso, cuando la joven Naomi Osaka recibía, entre lágrimas, el trofeo del campeonato.  

“Si yo me hubiera comportado de esa manera en una cancha de tenis, habría esperado recibir todo lo que le sucedió a Serena”, escribió pocas horas después Martina Navratilova, quien no solo tiene el récord de nueve títulos de Wimbledon y 18 títulos de Grand Slam, sino que es también una fuerte defensora de la igualdad en el deporte.  

Y esa es la clave del asunto. Esta vez fue el comportamiento de la tenista lo que terminó por deslucir el partido. Pero no es la primera vez que Serena Williams ha tenido este tipo de reacciones airadas. Que antes no hayan sido sancionadas, ese es otro tema.  

Tantas veces, Serena
“No es la primera vez que Serena tiene este tipo de reacciones en un US Open. En un partido contra Klim Clijsters y también en uno contra Samantha Stosur, tuvo reacciones parecidas. Es más, en el partido contra Clijsters casi casi amenazó de muerte a la jueza de línea. Ahora, Serena es una tenista que tiene más presión de lo normal dentro del circuito, pero aun así cometió un error; un error que alguien de su talla no puede cometer”, dice Silvana García, feminista del movimiento Ni Una Menos, docente y aficionada al tenis. 

Las estadísticas indican, además, que en el último US Open, los tenistas varones recibieron más sanciones que las mujeres, añade García, con lo cual pierde peso el argumento de la permisividad de los jueces. Al menos en lo que se refiere al último US Open.  

Quizá Serena quiso hacer un control de daños al dar soporte a Osaka, quien, entre lágrimas, recibió el trofeo del campeonato. Quizá. Lo que sí está fuera de cualquier dura es que ese día fue Osaka la que dio el mejor tenis y eso es algo que nadie se lo quita. //