No todo es tecnología, el sentido común puede cambiar ciudades
No todo es tecnología, el sentido común puede cambiar ciudades
Redacción EC

 

es el autor de “El imperio digital” y “La gran manzana”. El primer libro explora el auge de las redes sociales y el segundo, el éxito de Apple. Sin embargo, su primer éxito fue “”, sobre la relación de Diego Maradona y los periodistas.  En su búsqueda por las nuevas tendencias, el argentino explora en su libro aquella que lleva a toda la sociedad a generar grandes cantidades de información y tratar de sacar provecho de ello.


—Acabas de lanzar “Futuro inteligente”, sobre las . Aunque ese concepto se maneja desde hace años, ¿es el momento ideal para tocar ese tema?


Desde hace por lo menos 50 años que el concepto de ‘smart city’ apareció en algún medio científico y en algunos libros. Siempre se habla de las ciudades del futuro porque, en definitiva, a todo el mundo le interesa cómo será el lugar donde viviremos. Quería encontrar nuevos horizontes para mirar. Entonces, viajando por trabajo, descubrí que en muchos países el concepto ‘smart city’ estaba mucho más presente que en Buenos Aires y gran parte de Latinoamérica. En Abu Dabi, Finlandia, San Francisco, Berlín, Barcelona, Beijing, Nueva York... en cualquier gran ciudad se trabaja de cara al futuro y con visiones de largo plazo en temas como seguridad, transporte, medio ambiente, servicios públicos, gobierno, educación, etc. El tema es clave: somos cada vez más personas habitando casi las mismas ciudades que hace 100 y 200 años. Entonces, ¿cómo viviremos en 10 o 20 años? Con muchos problemas nuevos que hay que solucionar para que no nos matemos entre nosotros. Y las soluciones vienen de la mano de la tecnología y la innovación. Ese es el concepto de ciudad inteligente que desarrollo en el libro.


—Para muchos una ‘smart city’ está compuesta de semáforos inteligentes y cámaras de vigilancia centralizadas.


Me di cuenta de que la ciudad es como una persona humana gigante, a gran escala. Una ciudad puede tener problemas en un rubro y ser muy buena en otros. Y al igual que las personas, las ciudades respiran, tienen olor, color, humores, crecen, mueren, se estancan, son más prósperas, más lindas, pequeñas o grandes, etc. Tienen su carácter, sus culturas, sus tradiciones y su historia. Es clave entender que la tecnología (una cámara o un servicio de estacionamiento automático, por ejemplo) puede ser muy efectiva para una ciudad pero no para otra, según múltiples factores. Una ciudad es un organismo vivo, que muta todo el tiempo y tiene vida propia. Y para pensar un proyecto tecnológico para una ciudad, primero es fundamental conocerla y vivirla por dentro.


—Estos conceptos están vinculados estrechamente al manejo de grandes cantidades de información o ‘big data’. Sobre ese tema hay mucha desconfianza. ¿Es solo una percepción del usuario que no conoce el tema o realmente no se ha podido solucionar de la manera adecuada?


Creo que el rotundo y acelerado avance en materia digital en los últimos años (es decir, que toda nuestra información esté en bits y almacenada) no dio tiempo para pensar la seguridad y la protección de esa información. Lo que pasó con las fotos de famosos en Apple, Wikileaks, Snowden y el reciente hackeo a Sony son muestras de ello en cuanto al sector privado. ¿Pero qué ocurre con los datos obtenidos a diario por gobiernos, municipios y alcaldías? Nadie sabe y, además, parece no interesarnos demasiado al común de la ciudadanía. ¿A alguien le interesa qué ocurre con sus datos?


—En la región hay ejemplos interesantes de ciudades inteligentes, ¿pero crees que sea posible que ese concepto se pueda adoptar de manera general? ¿Qué hace falta?


Me resulta interesante lo que está haciendo Buenos Aires en materia de innovación y espacio público y respecto a la movilidad, como darle más protagonismo a las bicicletas. Santiago de Chile y Río de Janeiro crecieron mucho en infraestructura y servicios. No es casual que le hayan dado a Río la organización del Mundial de Fútbol y la de los próximos Juegos Olímpicos. En Bogotá se avanzó mucho con el Transmilenio. Medellín es un faro a seguir respecto a urbanización, innovación y cultura. Creció mucho al respecto. Me falta conocer Lima para ver de primera mano lo que se está haciendo allí. Pero no todo es tecnología ni grandes proyectos. Muchas veces el sentido común, un pequeño cambio, producen enormes avances sociales y culturales en la sociedad. Los que gobiernan las ciudades deben sentarse a mirar a la gente en la calle y de ahí sacarán las mejores soluciones a sus necesidades.


—Un distintivo de tus libros es que se pueden descargar de manera gratuita. Los primeros fueron de la mano de editoriales y este último lo has hecho por tu cuenta. ¿A qué se debió este cambio?


A dos motivos: conceptual y económico. Creo en la libre circulación de los contenidos desde hace muchos años y pongo todo en línea para que sea consumido por los que quieran. Yo me ocupo de ganar dinero con eso y no debe ser un problema que tenga que trasladárselo al lector. Yo vendo mi trabajo, como el carpintero, como el abogado, etc. Se lo puedo vender a la gente y también a empresas interesadas en las temáticas que cubro. Entonces si yo hablo del futuro, me parece que tengo que dar el ejemplo de pensar modelos diferentes a los actuales. El segundo motivo es económico. Las editoriales se quedan con ¡el 90% de cada libro vendido! Eso es un abuso que perjudica mucho al autor.


Zanoni por Zanoni: Nací hace 38 años y vivo en Buenos Aires. De chico quería ser arquitecto, bombero y periodista. Me animé por lo último y ejerzo el periodismo desde los 18 años. Soy hincha de Boca Juniors y mi ídolo de toda la vida es Diego Armando Maradona. En el 2007 fundé TercerClick, una agencia de comunicaciones en nuevos medios que se ha mantenido con mucho éxito hasta hoy. Colaboro con muchos medios de Argentina y otros países y también doy charlas. Mi principal defecto es que tengo pie plano y mi mayor virtud es que cocino muy bien.

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