Nuestro cuerpo está "programado" para reaccionar ante estímulos que nos causan miedo. (Foto: Pixabay)
Nuestro cuerpo está "programado" para reaccionar ante estímulos que nos causan miedo. (Foto: Pixabay)
Redacción EC

Los expertos han estudiado durante décadas cómo funciona el miedo. Ahora se conoce que sentir temor, al igual que la alegría o el placer, cumple una función biológica importante. A propósito del día de , explicamos el proceso del miedo en el cuerpo.

El miedo sirve para ponernos alerta y, gracias a ello, hacer frente a situaciones que nos ponen en peligro. Según explica la , debido a ello, no solo lo sienten los humanos, sino también otros animales que utilizan este mecanismo para sobrevivir.

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El miedo es desencadenado por un estímulo externo (sonido, olor, etc.) que es percibido por el tálamo, una estructura cerebral por donde pasa la información sensorial antes de ir hacia otras partes del cuerpo. Luego el estímulo es recibido en la amígdala, también otra parte del cerebro que procesa y almacena emociones.

Es esta pequeña estructura la que activa dos tipos de respuestas: de pelea, que le dice al cuerpo que debe enfrentarse a aquello que le causa miedo, o huida, que indica que la mejor alternativa es escapar.

Luego de que el sistema límbico (primitivo) ha interpretado las señales, el cuerpo comienza a liberar hormonas (noradrenalina, que agudiza la percepción y aumenta la capacidad de memoria) que activan una serie de reacciones fisiológicas: aumento de la presión arterial, aumento de la velocidad en el metabolismo, aumento de la glucosa en sangre, detención de las funciones no esenciales, aumento de adrenalina, aumento de la tensión muscular y apertura de ojos y dilatación de pupilas. El cuerpo se pone en “modo supervivencia”.

Paralelamente, el hipocampo, otra región del cerebro, analiza la situación y evalúa las posibilidades: ¿en realidad estoy en peligro? De acuerdo a esta respuesta, el hipocampo le dice a la amígdala si debe continuar con la respuesta de pelea, huida o si vuelve a la normalidad.

Los estímulos son “traducidos” en base a la información genética que tiene cada especie. Por ejemplo, si un ratón oye un sonido lo evalúa y relaciona con información con la que ya cuenta. De acuerdo a ello, puede presumir que se trata de un depredador o si es otro animal que no representa peligro.

Este es un proceso normal en los humanos y varios animales. El miedo permite al sujeto responder rápidamente ante un eventual peligro y este mismo proceso ha ayudado a algunas especies a evolucionar hasta mejorar algunas de sus capacidades, como la visión periférica, agudeza visual en la oscuridad o la detección de sonidos más específicos.

Pero en algunas personas este proceso se ha visto afectado y las personas llegan a presentar fobias (miedos irracionales) a determinadas cosas. Su sistema límbico les dice que no hay un problema, explica un estudio publicado en la revista , pero no son capaces de impedir una respuesta fisiológica de miedo.

“Un ejemplo es una persona que vivió una situación traumática con un ratón, en la que el cerebro pensó que había un posible riesgo. A nivel del sistema nervioso, pueden quedar ciertas vías hiperactivadas, y cuando se vuelve a exponer a ese evento (un ratón), el sistema reacciona de forma excesiva, como si fuera una situación de muchísimo peligro”, explica el psiquiatra Mauricio Campos al diario La Nación.

Si bien el proceso del miedo ya es conocido por los expertos, se sabe que existen algunas predisposiciones genéticas que determinan a qué cosas le tenemos miedo. Por ello, las personas que presentan serios problemas de ansiedad o fobias deben acudir a un especialista.

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