Elmer Huerta

En su libro “”, Charlotte DeCroes Jacobs describe el verano de 1916 en Nueva York. Los padres de familia temblaban de miedo con el advenimiento del calor, pues sabían que era el tiempo de los brotes de o parálisis infantil. Al azar, centenares de niños desarrollaban una enfermedad que en dos o tres días los llevaba a la parálisis permanente de uno o más brazos o piernas, sucediendo que algunos otros morían asfixiados porque la infección les comprometía el centro de la respiración en el sistema nervioso.

Ese terror a los veranos sucedía también en otras ciudades de muchos otros países. Recuerdo mucho que en mi infancia, mi difunta madre rehusaba llevar a la familia a la playa en Lima, pues aseguraba que allí se había contagiado de la un familiar. Será por eso que prefiero las montañas a las playas para mis vacaciones.

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La vacuna inyectable

La historia de la vacuna contra la polio refleja el estado de la ciencia en la década de los 50 y grafica la lucha de los monumentales egos de dos científicos, cuyas vacunas se usan hasta ahora: Jonas Salk y Albert Sabin.

Durante los primeros años de esa década, el joven investigador Salk desarrolló una vacuna inyectable que usaba virus inactivos. En esa misma época, el Dr. Sabin desarrollaba también una vacuna que, a diferencia de la de Salk, usaba virus vivos atenuados y tenía la ventaja de poder administrarse por la boca.

Experimentos iniciales con niños discapacitados y en su propia familia, conducidos a fines de 1952, le permitieron al Dr. Salk, anunciar en un programa de televisión el 25 de marzo de 1953 que su vacuna era efectiva y segura, y que se preparaba el estudio clínico más grande de la historia de la medicina.

Dicho estudio se inició el 26 de abril de 1954, y estuvo compuesto de dos experimentos paralelos. El primero, hecho en 750.000 niños de primer, segundo y tercer año de primaria, los sorteó a recibir la vacuna o un placebo. Ni los padres, ni los profesores ni los investigadores sabían qué inyección estaban recibiendo los niños. El objetivo era verificar la eficacia de la vacuna, comparando los casos de polio en niños vacunados y los que recibieron el placebo.

“La historia de la vacuna contra la polio refleja el estado de la ciencia en los años 50 y grafica la lucha de los científicos Jonas Salk y Albert Sabin”.


El segundo estudio administró la vacuna a 400.000 niños del segundo año de primaria, comparándolos con 725.000 niños de primer y segundo año de primaria que no recibieron la vacuna y sirvieron como grupo control.

Los diarios de la época reportan el enorme interés de los padres de familia, que pugnaban por inscribir a sus niños en el estudio, la vista de centenares de niños paralizados en sillas de rueda o usando soportes metálicos en sus piernas era la única educación que necesitaban recibir para querer participar.

El estudio anunciado el 12 de abril de 1955 hizo que millones de personas, que habían estado esperando la noticia en sus radios, salieran a las calles a celebrar, mientras que las campanas de todas las iglesias tañían festejando la buena nueva.

La vacuna inyectable (IPV) fue aprobada ese mismo día por el Gobierno y al día siguiente empezó la campaña de vacunación más exitosa de la historia en EE.UU. Para 1957, los se redujeron de 58.000 a 5.600, y en 1961 solo se diagnosticaron 161 casos. Salk nunca patentó la vacuna y en una entrevista de 1955, al preguntársele quién era el propietario de la patente de la vacuna IPV, respondió: “Bueno, la gente diría yo. No hay patente. ¿Podría patentarse el sol?”.

La vacuna oral

En la misma época, Albert Sabin, que le tenía una enorme animadversión a Jonas Salk, desarrolló su vacuna oral, la cual fue estudiada en 20.000 niños en 1958, en 10 millones de niños en 1959 en la Unión Soviética, y en más de 110.000 niños entre 1958 y 1959 en Checoslovaquia, demostrándose que era segura y efectiva.

La vacuna oral (OPV) empezó a usarse en Hungría en diciembre de 1959 y en la antigua Checoslovaquia a comienzos de 1960, país que se convirtió en el primero en erradicar la polio en el mundo. Cuba la empezó a usar en 1962 y de allí para adelante, por su facilidad de administración, la OPV fue la vacuna preferida, especialmente en países pobres.

Ninguna vacuna es perfecta

Si bien es cierto que la IPV protege de la enfermedad al niño vacunado, no impide que un niño infectado, pueda eliminar el virus por sus heces. Por su parte, la OPV, no solo protege al niño de la enfermedad, sino que es capaz de impedir que el virus pueda eliminarse por las heces, por lo que es ideal para evitar brotes.

Lamentablemente, en regiones con bajas coberturas de vacunación, el virus atenuado de la vacuna puede circular entre niños no vacunados, y mutar a una cepa llamada poliovirus circulante derivados de vacunas (cVDPV), el cual es capaz de causar parálisis.

, el virus original o salvaje solo circula en Pakistán y Afganistán, mientras que los casos de cVDPV en el mundo se triplicaron entre el 2018 y 2019, y entre el 2019 y 2020. Entre enero del 2020 y abril del 2022, 33 países informaron casi 1.900 casos de parálisis por cVDPV.

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Corolario

Los programas de vacunación infantil, muy exitosos en el Perú en el pasado, empezaron a presentar una merma antes de la pandemia, y sufrieron un severo deterioro durante esta.

El Perú usa una combinación de vacunas inyectables y orales. Es urgente que el Minsa refuerce el programa de vacunación infantil, pues sería terrible que, por las bajas coberturas de vacunación, el primer caso de polio de las Américas aparezca en el Perú.

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