Tomás Unger Golsztyn

Uno de los impactos más peculiares del COVID-19 es la pérdida del olfato. Este es uno de los sentidos más versátiles y útiles, en comparación al tacto o el gusto. Nos permite detectar peligros, identificar alimentos, disfrutar aromas y reconocer circunstancias de una manera clara, ya sea en la luz o en la oscuridad, y sin importar el ruido circundante o el contacto directo.

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