Tomás Unger Golsztyn

Divulgador científico. Colaborador.

tunger@comercio.com.pe

El avance de la ciencia occidental fue a saltos. A pesar de sus limitaciones tecnológicas, los griegos pusieron la base e hicieron grandes innovaciones. Amantes de la teoría, prefirieron desarrollar la geometría que otras matemáticas al toparse con los números irracionales, primero con la raíz cuadrada de 2 y luego pi.

Los romanos eran prácticos y progresaron rápido en la tecnología utilitaria. Inventaron la bóveda y otros métodos de construcción, perfeccionaron los vehículos de ruedas y –sobre todo– las armas y los metales. Al caer este imperio, la Iglesia adquirió cada vez mayor poder. Los árabes trajeron vía España las matemáticas de la India, con la notación moderna, el primer catálogo de estrellas y del cielo.

LA ASTRONOMÍA

La primera y más antigua de las ciencias, la astronomía, había avanzado mucho por los griegos y seguido con los árabes. Y aunque la Iglesia detuvo este tipo de investigación por mil años, no pudo con la realidad. En el siglo XVI, Nicolás Copérnico publicó su libro, lo siguió Galileo Galilei. Luego Johannes Kepler e Isaac Newton sacaron a la Tierra del centro del universo.

Por otro lado, la Biblia no dice mucho sobre el supuesto giro de nuestro planeta, excepto en la referencia a la batalla de Jericó, en la cual Josué le pide a Dios que detenga el Sol. En cambio, la geología tenía grandes problemas.

AGRÍCOLA Y LEONARDO

Desde que la gente encontró fósiles comenzó a especular sobre por qué dichas especies habían desaparecido. Georgius Agricola, o Georg Bauer (1494-1555), fue el primero en plantearlo. Leonardo da Vinci dijo que las conchas fósiles en la punta de los cerros estuvieron en un fondo marino.

Pero, en cuanto a la creación, la Biblia tiene todo un libro que no deja ninguna duda sobre la permanencia de todas las especies. Si bien menciona el diluvio, dedicado a eliminar humanos que se estaban portando mal, Noé puso a salvo a todos los animales.

Una secuencia de los descendientes posdiluvianos ha hecho posible calcular la fecha de la creación. Fue el obispo James Ussher (1581-1656) quien hizo el cálculo, concluyendo que el mundo fue creado el 22 de octubre del 4004 a.C. Recién a fines del siglo XVIII, a medida que avanzaba la química y la física ya había alcanzado un desarrollo espectacular con Newton, se fueron tejiendo teorías sobre la formación de la Tierra.

Uno de los primeros en proponer una mecánica observable fue el topógrafo inglés William Smith (1769-1839). Hijo de un herrero, Smith fue aprendiz de un ingeniero y, gracias a su habilidad para el dibujo y las matemáticas, rápidamente se convirtió en topógrafo profesional.

En las minas de carbón pudo observar la secuencia de las diversas capas geológicas y comenzó a apuntar sus secuencias. Llamó a las capas estratos y observó que su secuencia era la misma en diversas partes de Inglaterra. Como los mineros del carbón pagaban mucho por el transporte, les convenía el uso de canales.

Los mineros de la zona donde trabajaba Smith se unieron para hacer un canal desde la ciudad de Bath hasta el río Támesis, para llegar con un precio competitivo al gran mercado de Londres. Le encargaron a Smith la construcción del canal. Esa fue su gran oportunidad para observar las diferentes capas y sus secuencias a través de cortes, túneles y esclusas.

A las capas las llamó estratos, lo que le valió el apodo de ‘Estrata Smith’. A lo largo del canal confirmó que cada estrato tenía sus fósiles y, cuando más profundo –y por lógica, más antiguo–, tenía fósiles más primitivos. Nunca usó la palabra ‘evolución’; sin embargo, notó que los fósiles más recientes de las capas superiores eran más desarrollados.

EL MAPA

En 1799, Smith aplicó todos sus conocimientos sobre el subsuelo de la región de Bath para hacer un mapa geológico. En él pintó los diferentes tipos de roca de diverso color, indicando la posición de los estratos. En 1801 hizo el primer bosquejo de lo que sería el primer mapa geológico, que mostraba la mayor parte del territorio de Gran Bretaña.

El mapa de Smith fue el primero en cubrir un área tan grande en detalle. En él usó los símbolos convencionales para marcar túneles, canales, caminos y rieles. Indicó las minas y las salinas. Según los expertos, el mapa geológico de Smith se asemeja mucho a los actuales.

En 1815 publicó la delineación de los estratos de Inglaterra, y al año siguiente la identificación de estratos por su organización de fósiles. El mapa y los libros no fueron un éxito de ventas, dejándolo fuertemente endeudado.

Pasó unos meses en prisión por deudas y se vio forzado a vender su colección de fósiles. Eventualmente, su talento y su trabajo fueron reconocidos. En 1831, la Sociedad Geológica de Londres lo condecoró en reconocimiento a sus logros, el mismo año recibió un doctorado honorario de la Universidad de Dublín, y se hizo merecedor de varios otros honores.

EL TIEMPO GEOLÓGICO

Como hemos visto antes, uno de los grandes impedimentos para el progreso de la geología era la censura eclesiástica: el solo hecho de reconocer los fósiles como restos de animales que se habían extinguido era inaceptable para la Iglesia.

Luego, la teoría de Charles Darwin, publicada en 1859, causó un escándalo mayor. Pero para la evolución planteada por Darwin se necesitaban millones de años, y eso se lo dio la teoría geológica de sir Charles Lyell (1797-1875), el geólogo escocés que cinco años antes había publicado su libro “Principios de geología”.

Planteaba que los mismos procesos que operan hoy formaron la Tierra como la conocemos. De acuerdo a esto, se requirieron muchos millones de años para que el viento, la lluvia, las mareas, etc., formasen la Tierra actual.

Era el período de tiempo que Darwin necesitaba para la evolución. Las observaciones hechas por Smith medio siglo antes confirmarían el proceso. Próximamente veremos cómo los estratos de Smith ilustran la cronología de la evolución de Darwin y la geología de Lyell.

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