"Devs". (Foto: Fox)
"Devs". (Foto: Fox)
Sebastián Pimentel

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La ciencia ficción es, hoy en día, un género que no deja de renovarse, quizá por el cambio de paradigma cultural que supone el desarrollo de la inteligencia artificial. Alex Garland, realizador británico conocido por “Ex Machina” (2014), vuelve a explorar el tema en “Devs” (disponible en el streaming de Fox), miniserie que por la ambición que ostenta, en todo sentido, ha generado reacciones dispares y polémicas.

“Devs”, abreviación de “Development” (desarrollo), pero también palabra en clave que puede leerse como “Deus” (Dios), es un proyecto secreto de la Corporación Amaya. Forest (Nick Offerman), el dueño, busca que su supercomputadora permita ver el pasado y el futuro de cualquier persona o cosa, mediante el uso del big data (especie de cálculo integrado de toda la información acerca de la realidad) y la teoría cuántica.

Temas que siempre han intrigado a los filósofos, como el sustrato ilusorio de la libertad humana, o el determinismo causal (todo lo que vemos es un efecto de una causa, y esta de otra, y así al infinito), se presentan de la mano de Forest, demiurgo impenetrable y algo siniestro. Aunque la verdadera protagonista de la historia es Lily (Sonoya Mizuno), sensible y frágil, pero también valiente especialista en tecnología digital.

Pero más allá del aspecto enrevesadamente científico o metafísico, del que hablaremos en breve, hay que reconocer en “Devs” la elección de un tono y un ritmo marcadamente lentos, de invitación a la cavilación y, también, a la tristeza, como afecto casi perenne. El estilo de actuación pautado por Garland nos remite a una humanidad descreída, derrotada por dentro, resignada a un estado de pesadumbre y melancolía.

Lo que venimos diciendo es pertinente, en la medida en que podamos relacionar ese eclipse de la esperanza y la alegría, al poder omnímodo que las grandes corporaciones han logrado respecto al control de las vidas de los demás. En el caso de “Devs”, esto se lleva más lejos, al hacer, de su supercomputadora una especie de Dios, y de Forest, el supremo mesías: de ese poder, a la impunidad y la amoralidad, hay solo un paso.

Garland tiene problemas con cierta solemnidad mística de la puntuación musical, y sobre todo por la excesiva verbalización de las preguntas metafísicas o filosóficas. Mejor le va con la intriga criminal (el novio de Lily desaparece misteriosamente, luego de ser contratado para trabajar en “Devs”) y con el sicario que interpreta con recia convicción Zach Grenier, que parece sacado de una película de David Lynch.

A veces, la serie parece dar tumbos, pero también consigue una inusual capacidad hipnótica, reflexiva, que sabe hacer uso de imágenes cuidadosamente confeccionadas. Como sucede con Denis Villeneuve (aunque sin alcanzar su talento) hay mucho de monolitos y espacios simétricos de Stanley Kubrick, y de la poética de energías latentes de Andrei Tarkovsky, con el objetivo de desestabilizar cualquier mirada prosaica.

En los últimos capítulos, la supercomputadora permite ver lo que los personajes hacen en el futuro, o hicieron en el pasado. El mundo se convierte en una caja de cristal, donde un tiempo desdoblado los hace prisioneros. Las pantallas de esta máquina también son la metáfora del cine mismo, y la serie se abre a varios niveles de lectura. Lamentablemente, esa forma tan visual de comunicar ideas llega tarde. Cierta retórica pomposa empaña mucho de lo visto antes, aunque sin restarle a la serie su delicado encantamiento. La belleza y los diagnósticos existenciales de “Devs” no serán olvidados.

LA FICHA

Rítulo original: “Devs” (Fox).

Género: drama, ciencia ficción, thriller.

País y año: EE.UU., 2020.

Director: Alex Garland.

Actores: Sonoya Mizuno, Nick Offerman, Jin Ha, Alison Pill, Zach Grenier.

Calificación: ★★★1/2.

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