guerito y gaby cusco
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Andrea Carrión

Era día de mercado en el Valle del Urubamba. Gaby Prieto quiso aprovechar la tarde para dar una vuelta al aire libre y en el camino se encontró con una paisana sentada en la pista junto a una caja repleta de cachorritos apretujados y de distintos tamaños.

“Mientras los acariciaba y jugaba con ellos, noté que al lado había un costal de papas que se estaba moviendo. Le pregunté a la señora ‘¿Tiene más perritos ahí?’ Ella metió la mano al costal y sacó uno del pellejo con una carita de terror... La señora me dijo ‘¿Lo quieres o no?’ Ahí mismo decidí que no volvería a meterlo a ese costal nunca más y me lo llevé”, recuerda Gaby.

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En realidad, esta limeña de 21 años no tenía un lugar dónde llevarlo, solo respondió a su instinto protector. Gaby había estado viviendo en el Cusco desde marzo de este año y las cosas no habían resultado como ella esperaba. Pero no era momento para preocuparse de eso, había que actuar rápido.

Así que se subió a una moto y llevó al cachorro al primer médico veterinario que encontró. Le dijeron que antes de vacunarlo o desparasitarlo, debían esperar unos días para ver si presentaba algún síntoma que revelara algún problema de salud. Entonces lo llevó al hospedaje donde estaba alojada.

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“Estaba bien flaquito y su colita estaba tan pegada con popó que tuve que jalarle desde adentro y cortarle pedacitos de pelo para limpiarlo bien. Días después Güerito –así lo llamé– seguía ahí, bien, así que regresé a la veterinaria y lo vacunaron, lo desparasitaron y botó hartos gusanos. Me dijeron ‘No lo bañes todavía’, muy tarde, ya lo había hecho”, comenta Gaby entre risas.

A los pocos días Gaby y Güerito tuvieron que mudarse a una pequeña casa en el mismo Urubamba. En el hospedaje donde estaban había otro perro y el dueño no quiso más animales.

Pese a conseguir un nuevo trabajo, una vez más las cosas no le fueron bien a Gaby. Güerito fue creciendo y se convirtió en un perrazo. No había suficiente dinero para que ambos se alimentaran bien y su calidad de vida fue de mal en peor.

“Yo ya estaba durmiendo en el piso... prefería darle de comer bien a Güerito”, recuerda.

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Por esos días, la mamá de Gaby, Carmen Larrañaga, llegó de visita. Al ver a su hija es esa situación, le pidió que volviera a Lima, pero que con el dolor de su corazón, tendría que hacerlo sin el perro pues no tenían cómo costear su traslado en avión.

“Para mi eso no era una opción. Encima en esos días alguien envenenó al perro de mi amiga. Allá la gente trata muy mal a los perros, no los quieren. Al mismo Güerito, cuando era chiquito, una vez un chico que pasaba a su lado mientras caminábamos por la calle, le tiró una piedra porque sí”, recuerda Gaby. “¡No había forma que dejara a mi perro!”, agrega.

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De pronto se abrió una ventana, uno de esos contactos inesperados que ofreció pedirle ayuda a WUF para prestarle a Gaby una caja transportadora (canil), lo suficientemente amplia como para transportar a Güerito por aire.

es una asociación sin fines de lucro creada en el Perú que, desde el 2015 trabaja promoviendo la adopción de perros y la tenencia responsable de mascotas. Los caniles son usados con mucha frecuencia por WUF para trasladar a los perros de sus albergues afiliados cuando se da una adopción o cuando se realiza alguna actividad. En esta ocasión el motivo fue ayudar a que un perro del Cusco pudiera mantenerse cerca a su familia.

“No nos dedicamos a traer perros rescatados a Lima”, aclara Lucía Soler, gerente general de WUF, “pero si alguien necesitara apoyo logístico en el que podamos ayudar, siempre estaremos a favor de que la gente pueda adoptar mascotas. Éste, al ser un caso de adopción con traslado a Lima, no dudamos en apoyar a Gaby porque historias como ésta motivan a que otras personas se animen a hacer un esfuerzo por cambiarle la vida a un animalito", añadió Soler.

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Gaby, su mamá y Güerito, ya con 5 meses de edad, llegaron a Lima el 17 de agosto. Hoy viven en casa de los abuelos de Gaby y sus días tienen mejor color.

“No siento que lo haya salvado, más bien él me salvó a mi. Y es que Güerito llegó en un momento en el que yo estaba muy mal anímicamente. Me sentía muy sola allá, muy deprimida. Él salió de ese costal como diciendo ‘Soy la luz de tu vida’. Y vaya que lo es”, agrega Gaby.

Gaby y Güerito empezando una nueva vida en Lima.
Gaby y Güerito empezando una nueva vida en Lima.