Meses después de adoptar a Yako, Lilian Rozas y José Antonio Bedoya se enteraron que tenía microchip. Había tenido un dueño, nadie sabe cómo terminó en la calle.
Meses después de adoptar a Yako, Lilian Rozas y José Antonio Bedoya se enteraron que tenía microchip. Había tenido un dueño, nadie sabe cómo terminó en la calle.
Andrea Carrión

Muchas personas sueñan con adoptar un perro que resulte ser la mascota perfecta desde el día uno. ¿Y quién no? A Lilian Rozas y José Antonio Bedoya también les hubiera gustado que Yako fuera más sereno cuando lo adoptaron, pero este perro venía con una carga muy particular.

La noche que llegó a su nueva casa, Yako entró tranquilo. Lo habían castrado hacía unas horas y aún estaba medio atontado por haber estado bajo los efectos de la anestesia.

“Igual se me acercó apenas entró a la casa, se sentó a mi lado y me dio la patita”, recuerda Lilian.

Pasó los 3 primeros meses con entrenador porque no se adaptaba con otros perros. (Cortesía)
Pasó los 3 primeros meses con entrenador porque no se adaptaba con otros perros. (Cortesía)

Fue una muy buena primera impresión, algo que le gustó a Lilian pues había estado debatiendo si adoptarlo o no ya que meses antes había perdido a sus dos perritas, Jackie y Belle, por envenenamiento con un polvo que alguien había tirado en el parque donde normalmente paseaban.

Pero la historia de Yako la había conmovido a ella y a su familia desde que se enteraron de que Lile Masari y su vecina María lo habían rescatado de la calle junto con su hermana Maki.

Yako y Maki tras ser rescatados. (Cortesía)
Yako y Maki tras ser rescatados. (Cortesía)

“Nos enteramos por redes sociales que habían aparecido estos dos Goldens en una sede de Serenazgo cerca a nuestras casas. Fuimos y ya se los habían llevado. Pensamos ‘¿Habrá sido una buena persona o será que los quieren usar para crianza?’. Al día siguiente los regresaron y nosotras felices, pero por otro lado pensamos ‘¿Y ahora qué hacemos?’. Las dos ya teníamos varios perros en ese momento, también rescatados”, recuerda Lile.

Yako y Maki pasaron varios meses en un albergue esperando que alguien los adoptara juntos, pero nada. Felizmente Lilian, José Antonio y su hijo Alonso estuvieron más que felices de llevarse a Yako y Maki fue adoptada por otra familia igual de amorosa.

Lile Masari, Lilian Rozas y Yako. (Foto: Andrea Carrión)
Lile Masari, Lilian Rozas y Yako. (Foto: Andrea Carrión)

Volviendo a la primera noche de Yako en casa de los Bedoya, este perro de 1 año, aproximadamente, estaba tan nervioso y golpeado por la anestesia que vomitó y nunca quiso subir al segundo piso, donde había sido ubicada su nueva cama. Solo se acomodó debajo de la escalera y ahí finalmente descansó.

El problema fue que terminó convirtiendo ese espacio en su guarida y al día siguiente, cuando Lilian se le acercó para hacerle cariño, Yako le mordió el brazo.

“Entendí que su intensión no había sido hacerme daño porque me soltó rápido, sino que estaba tan asustado”, recuerda Lilian.

A esa mordida siguieron tres incidentes más. Días después Yako le gruñó a Alonso cuando se acercó a la escalera para sacarlo a pasear. Semanas después mordió a Isabel, la señora que ayuda en casa, una mañana que entró a despertar a Alonso y como la habitación estaba oscura, no había notado que Yako estaba cerca a la cama.

La tercera mordida la recibió su cuñado una vez que intentó coger la pelota de Yako con la idea de jugar con él. Eso fue al mes y medio de ser adoptado.

“Ahí me puse a llorar, me preocupé mucho. Pensamos en devolverlo, pero me daba demasiada pena. Él se sentaba y me miraba como diciendo ‘No me devuelvas, por favor’, pero era muy complicado”, recuerda Lilian.

Lilian y José Antonio suelen sacar de paseo a Yako cada mañana.
Lilian y José Antonio suelen sacar de paseo a Yako cada mañana.

Lilian y José Antonio llevaron a Yako al parque con la idea de encontrar una solución. Durante el paseo, se cruzaron con un Sereno caminando con un perro de Serenazgo. Le preguntaron ‘¿No será que necesitan un perro nuevo para la brigada canina?’. Le explicaron lo que estaba ocurriendo y él les dijo ‘Ese perro no es agresivo, ha mordido porque debe de estar asustado. Consigan un entrenador’.

Los convenció y eso hicieron. Contrataron a un especialista que ayudó tanto a Yako como a Lilian y José Antonio a lidiar con él. Y es que además de los ataques, al principio era muy agresivo con otros perros y resultaba muy difícil controlarlo en la calle.

Yako al año de llegar a la familia Noriega. (Cortesía)
Yako al año de llegar a la familia Noriega. (Cortesía)
Yako tras ser rapado , hace unos 6 años, y Yako ahora. (Cortesía)
Yako tras ser rapado , hace unos 6 años, y Yako ahora. (Cortesía)

A los problemas de conducta su sumaron dos más: garrapatas y pánico a los fuegos artificiales. La infestación de ectoparásitos los obligó a rapar a Yako y a iniciarlo en un tratamiento intensivo. Por otro lado, en su primera Navidad con él, al volver a casa de celebrar la Noche Buena, los Bedoya encontraron un perro escondido y aterrado y tres puertas destrozadas.

Tomó cerca de seis meses adaptar por completo a Yako a su nueva vida y convencerlo de que ahora estaba a salvo. Hoy, seis años más tarde, es un perro cariñoso y equilibrado.

Hoy se le puede llevar de paseo en carro y al parque a hinchar con la blanquiroja sin problema. (Cortesía).
Hoy se le puede llevar de paseo en carro y al parque a hinchar con la blanquiroja sin problema. (Cortesía).

“¿Cómo lo hicimos? Pues con mucho amor, mucha paciencia y siempre buscando ayuda y soluciones. Claramente el perro estaba asustado. ¿Qué le habrá pasado?", se pregunta.

Por oro lado, ayudó mucho el hecho de que desde el inicio yo siempre lo vi lindo por dentro y por fuera. Se conectaba un montón conmigo y me daba mucha pena renunciar a él”, comenta Lilian.

Uno de los principales retos con los que deben de lidiar muchos asociaciones dedicadas a promover la adopción de mascotas, albergues y rescatistas independientes es el factor devoluciones. Muchos animales no resultan ser lo que se esperaba y la buena voluntad en ocasiones no basta.

es una asociación sin fines de lucro que promueve la adopción de perros y la tenencia responsable de mascotas. Y en esa línea, desarrollamos proyectos que contribuyan a la construcción de un mundo mejor para todos los perros.

Para es fundamental compartir este tipo de experiencias y recomendaciones pues parte de nuestra misión es promover una tenencia responsable de nuestras mascotas, las que tal como se ve en este artículo, tienen la habilidad y capacidad para ayudarnos a mejorar la calidad de nuestras vidas y las de nuestros animales.


Yako y José Antonio son "uña y mugre". De hecho José Antonio fue uno de los más convencidos cuando se presentó la oportunidad de adoptarlo. (Foto: Andrea Carrión)
Yako y José Antonio son "uña y mugre". De hecho José Antonio fue uno de los más convencidos cuando se presentó la oportunidad de adoptarlo. (Foto: Andrea Carrión)