Los primeros días Chata le sacaba los dientes a todo lo que ella interpretara como amenaza, hasta que Ricardo le enseñó a confiar.
Los primeros días Chata le sacaba los dientes a todo lo que ella interpretara como amenaza, hasta que Ricardo le enseñó a confiar.
Andrea Carrión

Hay historias de adopción que empiezan con encuentros dramáticos de perros atropellados o abandonados a morir en medio de la nada. También están las que surgen de la insistencia de los niños por adoptar perritos que ven en o en . Otras surgen espontáneamente de la llamada de un amigo pidiendo ayuda con una perrita encontrada sola y aterrada en un parque.

Ésta última es la historia de Ricardo Lamartine y Chata.

El último perro que Ricardo había tenido en casa fue uno de raza Pointer al que llamó Pascual. Se lo regaló un amigo luego de que su perra tuviera una camada de cachorros. Pero eventualmente Pascual se fue a Estados Unidos, los detalles son parte de otra historia.

Chata
Chata

Pasaron 6 meses desde esa despedida y a los pocos días Ricardo vio en que una amiga suya pedía ayuda para que alguien adoptara a una perrita que había encontrado deambulando sola en un parque cerca de su casa.

“La llamé, me contó que la perra estaba muy flaca, que le tenía miedo a todo; gente, perros, todo. Entre varios vecinos la mantuvieron en el parque dándole agua y comida mientras un sereno la acompañaba, pero era complicado”, comenta Ricardo.

La amiga de Ricardo terminó metiendo a la perrita a su departamento, pero solo por unos días porque su edificio es de esos que no aceptan perros. Y fue ahí cuando pidió ayuda.

“Me dijo que estaba desesperada porque la iban a tener que llevar a la perrera si no encontraba dónde dejarla. Le dije ‘No te compliques, me la quedo yo mientras le buscas quién la adopte. Un mes después me dijo que le había encontrado un lugar, que su prima la podía recibir en su casa en La Planicie, pero yo le dije que no, que ya nos habíamos enamorado’”, comenta Ricardo.

Con paciencia y constancia, Ricardo logró hacer de Chata una perra más confiada y social.
Con paciencia y constancia, Ricardo logró hacer de Chata una perra más confiada y social.
Compañeros de departamento. (Cortesía: Ricardo Lamartine)
Compañeros de departamento. (Cortesía: Ricardo Lamartine)

Ha pasado un año y cuatro meses desde que Ricardo adoptó a Chata y asegura que el cambio ha sido radical. Esta perrita de raza mixta le tenía miedo a gente, animales, carros, buses, ruidos fuertes, etc., a lo que ella solía reaccionar sacando los dientes, pero no porque fuera agresiva, sino por temor a lo desconocido.

“Al principio siempre andaba con la cola tan metida que casi tocaba su barriga. Me daba pena verla tan asustada, así que empecé a en espacios abiertos, con otros perros y con otras personas, y poco a poco se fue relajando. Conmigo agarró confianza a los 3 o 4 días, con otros animales y otra gente recién a las dos semanas. Ahora camina con la cola afuera y cuando está recontra confiada, hasta la levanta con todo”, dice Ricardo.

El paseo constante ha sido parte de la receta de Ricardo para recuperar la confianza de Chata.
El paseo constante ha sido parte de la receta de Ricardo para recuperar la confianza de Chata.
Felizmente Chata recibió bien los paseo en carro. (Cortesía Ricardo Lamartine)
Felizmente Chata recibió bien los paseo en carro. (Cortesía Ricardo Lamartine)
Llevarla a lugares públicos también ha ayudado mucho, aunque algunos sean menos amigables que otros con las mascotas. (Foto: Ricardo Lamartine)
Llevarla a lugares públicos también ha ayudado mucho, aunque algunos sean menos amigables que otros con las mascotas. (Foto: Ricardo Lamartine)

Como suele suceder en estas historias, Chata no fue la única que salió ganando al ser adoptada, Ricardo también.

Asegura que tener un perro en casa le obligó a cambiar su rutina y que fue para bien pues cuando estaba solo, se levantaba para ir a trabajar y punto. Chata lo obliga a empezar y terminar el día caminando, en el parque, haciendo ejercicio, viendo la ciudad despertar o cerrando el día en algún local que acepte perros, y eso le encanta.

“No la siento como una obligación, lo hago tanto por ella como por mi. Y si a eso le sumas , pues es mucho mejor. Para mi es otra cosa adoptar versus comprar, el cambio que logras en el perro te da mayor satisfacción como persona y siento que ellos terminan siendo mucho más agradecidos. Nunca he tenido un perro tan fiel como Chata, siento que ellos valoran ese cambio que logramos en ellos”, agrega Ricardo.

Incondicionales.
Incondicionales.
Ricardo: "Llego a mi depa y ahí está la Chata, con unos ojos de concentración, mirada bien profunda que dice miles de cosas".
Ricardo: "Llego a mi depa y ahí está la Chata, con unos ojos de concentración, mirada bien profunda que dice miles de cosas".