MDN
Artesanía y color rompen esquemas en estos interiores - 1
Redacción EC

Una vivienda de 800 m2. Una pintora australiana con una particular colección de piezas autóctonas peruanas, guardadas en cajas durante tres años. Un esposo empresario con un gusto especial por las plantas. Una decoradora brasileña obsesionada con las piezas antiguas y con el encuentro estético entre el pasado y el presente. Tres meses de trabajo.

Todos estos elementos encontraron el mismo lenguaje cuando el concepto del diseño fue plasmado por la interiorista Cristyane Marusiak.

La primera etapa del trabajo implicó desembalar y rescatar toda la artesanía que la pareja había comprado en sus múltiples viajes por el interior del país. Eso tomó un mes. En este lapso también recuperó los muebles antiguos de la familia, arrimados en el desván.

“Fue un trabajo pesado, pero sumamente gratificante”, cuenta Cristyane, quien reconoce que el apoyo de la dueña fue fundamental para encontrar el equilibrio entre el arte, la predilección por el folclor peruano y lo contemporáneo.

ESENCIA NATURAL

Toda la vivienda tiene un espíritu relajado y acogedor. En ella, cada pieza parece haber encontrado su lugar de manera natural. Nada se ve forzado, aunque cada detalle haya sido pensado de forma casi milimétrica. La paleta de colores es una invitación al juego.

El primer piso tiene un marcado espíritu social. En la sala destacan los muebles y sillones recuperados, el gran espejo con marco de madera elaborado con un carrete para cables y la alfombra de Jonathan Adler.

La pintura de Jorge Flores, la escultura en forma de gato de Juan Pastorell y la cruz de hierro de Las Pallas son los elementos más importantes de este espacio.

El comedor tiene una cava de cuatro metros de largo por dos metros de alto, con estructura de madera y mallas de gallinero, diseñada por el arquitecto español Rafael Moya. Una gran mesa de caoba hecha a medida por el talentoso carpintero Alejandro Calero define el espacio.

La colección de toros de Pucará, adquirida en diversas ciudades de la costa y sierra del país, se convierte en el punto focal durante las noches, cuando las luces se encienden y se dirigen sobre ellos. El comedor se conecta a la terraza. En ella, un jardín vertical se apodera del espacio y crea un área verde y urbana perfecta, que le permite a la familia tener un pequeño huerto de hierbas aromáticas, ajíes y lechugas. El diseño también es de Moya.

INTIMIDAD TOTAL

La pasión de la propietaria por el arte se deja sentir con más fuerza en el segundo nivel. En la sala, se mezclan muebles tallados, elaborados con madera recuperada, tejidos cusqueños y esculturas hechas con piedra de Huamanga; con piezas de colección de artistas foráneos como las esculturas negras del estadounidense Jonathan Adler.

En este piso también aparece un pequeño comedor que refleja la admiración del matrimonio por los artistas nacionales. En las paredes se exhiben fotografías, esculturas, grabados e ilustraciones de Gary Villafuerte, Jorge Flores, Shila Alvarado, Cherman, Flavia Meléndez, Hans Stoll y Ana de Orbegoso; así como esculturas de artesanos de Ayacucho, Cusco, Puno y Loreto.

Continuando con la tendencia de darle a cada espacio un sello propio, en la habitación matrimonial impera una atmósfera ultradelicada y femenina. Está llena de detalles, como los cajones tallados de la cómoda principal, el colgador con figuras de animales de Patricia Gygax, el viejo espejo de pie que pertenece a la familia desde hace décadas o el edredón tejido a mano que viste la cama.

La firma contemporánea la ofrecen los accesorios de la dueña, piezas de colección como los ya míticos clutch del desaparecido diseñador inglés Alexander McQueen asoman y reclaman presencia. Espacios personales, reinventados, independientes, pero vinculados gracias a un cuidado trabajo de diseño interior que obedece a las sensaciones y al impulso creativo de sus dueños.

Contenido Sugerido

Contenido GEC