Ochat, la startup peruana que rompe barreras a discapacitados
Abraham Taipe Ballena

Esta nació como un proyecto de tesis. Era el 2012 y dos estudiantes de ingeniería de la UPC, María Claudia Guzmán (Ing. Electrónica) y Úrsula Salazar (Ing. de Telecomunicaciones), decidieron juntarse para hacer una investigación aplicada en el curso que a ambas les había fascinado: ingeniería biomédica.

Así empezó la lluvia de ideas y la búsqueda de referencias. Sin imaginarlo se abocaron a un proyecto que buscaba una solución: permitir que las personas de los miembros superiores puedan chatear como cualquier otra.

¿Cómo? El sistema es el siguiente: la persona discapacitada –que llevará unos electrodos en la cabeza- puede controlar la escritura mediante guiños oculares que son “leídos” por un software que es conectado a una computadora o laptop.

“De esta manera, se pueden redactar frases completas y también hacer uso de símbolos como “emoticones”, entre otros,  en la plataforma Telegram (similar a Whatsap)”, dice Salazar.

El proyecto en cuestión recibió elogios y le sirvió a ambas para titularse. Pero no todo quedó allí. El año pasado, por recomendación de la universidad, decidieron presentarse a concursos para mejorar su proyecto y lograr que sea económicamente viable.

“Fuimos a un concurso universitario en la Universidad Javeriana de en Bogotá y ganamos el primer puesto. Estuvimos tres días por allá”, recuerda Guzmán.

También participaron en la tercera generación de Startup Perú, un concurso organizado por el (Produce) que otorga fondos –entre S/50 mil y S/137 mil- para iniciativas de alto impacto. Y estuvieron entre las 43 elegidas.

Con ese dinero y la asesoría de la aceleradora de startups Bioincuba, de la UPCH, las creadoras de Ochat buscarán que a fines del 2016 su proyecto tenga una mejor versión. “Estamos trabajando en el diseño del software para que se pueda conectar directamente como con un cable USB, hacerlo portátil y que el usuario lo pueda llevar. Además que la batería sea duradera (10 horas aproximadamente) y recargable”.

LAS PRUEBAS NECESARIAS
En este camino para darle impulso a su iniciativa han enfrentado el temor (comprensible) de algunas personas. “A veces queríamos hacer pruebas de Ochat con personas que, lamentablemente, perdieron los brazos o las manos, pero sus familiares se oponían”.

Sin embargo, en instituciones como el Omaped de Surco y les prestaron atención y permitieron realizar pruebas con el producto. “Por eso, cuando tengamos un mejor prototipo vamos a realizar donaciones a ambas instituciones”, señalan ambas.
Gracias a estas pruebas pudieron identificar que una de las mejoras necesarias es que los electrodos deben acondicionarse en unos lentes o quizá un gorro. 

LO QUE SE VIENE
Salazar y Guzmán dicen que el proyecto fue creciendo lentamente y hoy con dos premios ganados irán por más. “Sabemos que nos faltará dinero para que Ochat llegue al consumidor final, por eso estamos pensando en participar en otros concursos y seguir sumando fondos. Ya estamos identificando algunos”.

El deseo de las jóvenes ingenieras es que en un mediano plazo Ochat sea utilizado por aquellas personas que jamás pudieron comunicarse con otras  mediante el chat. “En el mundo hay 138 millones de personas que carecen de movilidad en brazos y manos o que presentan daños cerebrales que afectan su motricidad. Imagina que puedan comunicarse digitalmente”, asegura Salazar.

Por eso, si bien hoy utilizan Telegram, prevén hacer pruebas como Whatsapp y Facebook Messenger. Además, quieren que la escritura de palabras sea predictiva. “Es decir, que si pones ho…aparezcan las letras que completan la palabra. Así será más sencilla la comunicación”.

Sobre su modelo de negocio, pieza fundamental de toda startup, la recomendación que han recibido de varios expertos que las han asesorado es que primero tengan el prototipo final. 

“Al principio queríamos dirigirnos a instituciones del Estado como Essalud o las Omaped, pero luego creímos conveniente dirigirnos al público final: personas con alguna discapacidad de los miembros superiores. También evaluamos trabajar con alguna empresa y proveer equipos personalizados porque existen múltiples necesidades que cubrir en el sector tecnológico”.

Ambas no lo niegan: siguen trabajando en empresas que no son suyas. María Claudia en el sector salud y Ùrsula en el ámbito tecnológico, pero saben que llegará el momento en que tendrán que dejarlo todo y dedicarse a Ochat, ese proyecto que nació en las aulas de una universidad y que quiere darle solución a un problema que pocos deciden darle un vistazo.

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