Los estudiantes son los más asiduos visitantes de la Biblioteca Nacional.2003 (Foto: GEC Archivo)
Los estudiantes son los más asiduos visitantes de la Biblioteca Nacional.2003 (Foto: GEC Archivo)
Caroline  Gibu

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Un día viene mi hija y me dice “Mamá, tengo que dibujar el mapa del Perú con sus departamentos”; otro día me dice “Mamá, tengo que escribir sobre el mar peruano”, y así muchas veces, más ahora en pandemia.

Guiar a mi hija en el desarrollo de sus tareas escolares es algo que disfruto, porque me permite decirle “entremos a la página web del Instituto Geográfico Nacional” o “entremos a la del Instituto del Mar Peruano”. Así ella y yo hacemos nuestro trabajo: ella concluye su tarea y yo puedo pasearme por las páginas del Estado para evaluar su usabilidad, la descarga de datos - y si son datos abiertos, mejor – la existencia de repositorios, la diversificación de secciones según el tipo de usuario (niños, investigadores, empresas, etc.), el uso de lenguaje ciudadano e inclusivo, las herramientas para personas con una o más discapacidades, entre otros.

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Con todo, soy consciente en ser la excepción, una persona privilegiada por dos razones: tengo Internet y conozco en gran medida las instituciones que conforman el Estado y en dónde buscar. A falta de libros y bibliotecas escolares, más aún ahora que todos estamos en casa, el Internet se ha convertido en un bien de primera necesidad y complemento necesario para la educación, aunque Wikipedia sigue siendo el lugar preferido y fuente para los trabajos escolares.

No es que esté en contra del desarrollo colaborativo de enciclopedias digitales, pero el Estado produce mucha información oficial y todas las personas en nuestro país, incluyendo los estudiantes, tenemos derecho al acceso a la información pública.

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Estamos acostumbrados a pensar que el derecho al acceso a la información está vinculado solo con los trámites que necesitamos hacer o aquello que deseamos vigilar para evitar actos de corrupción (uso de recursos públicos o agendas de visita) pero existe otra gama muy amplia de información en el sector público que puede ayudar a la investigación, a la innovación y a forjar ciudadanía.

¿Qué hacer entonces?

Esfuerzos muy loables se han producido en tiempos de pandemia para apoyar la teleeducación y que espero continúen luego de la emergencia sanitaria. Uno de ellos es el de la Biblioteca Nacional del Perú, que a través de su , brinda alrededor de 200 recursos digitales colaborativos de instituciones públicas y privadas para el apoyo a las tareas escolares.

Sin embargo, es posible hacer más. Cada institución pública, empezando por los institutos de investigación, así como los ministerios, gobiernos regionales, municipios y organismos técnicos, pueden desde ahora hacer una exploración de qué información requiere o podrá ser requerida y utilizada por los estudiantes, con los propios estudiantes y profesores, para que su difusión incluya su perspectiva.

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Una forma de difundir información y ayudar a la educación, y de esa manera se conozca qué hace cada institución pública y qué valor público gestiona.

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