(Foto: Reuters)
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Pablo Lavado

Economista

La semana pasada recibimos la visita del profesor Gary Banks, exjefe del Consejo Nacional de Competitividad de Australia. Banks describió la experiencia australiana para lograr implementar una reforma hacia una mayor productividad. En ese sentido, destacó que el Perú y Australia se parecen en dos aspectos.

El primero es que la minería juega un papel importante en la economía de ambos países. Y el segundo es que tienen buenos fundamentos macroeconómicos. Australia está disfrutando de 28 años de crecimiento continuo a un promedio de 3,1% anual (la OCDE crece a 2,2%).

El Perú está gozando de un crecimiento continuo por 20 años a una tasa de 4,7% y en los últimos 28 años solo hemos tenido dos años de caída (1992 y 1998).

La diferencia sustancial entre Australia y el Perú es que más de la mitad del crecimiento en Australia se ha sostenido por el alza de la productividad, mientras que el incremento de la productividad laboral y la mayor participación en la fuerza laboral han contribuido con la otra mitad.

No obstante, el crecimiento de la productividad se ha ralentizado en los últimos cinco años. Esto como consecuencia de tres factores: una caída en la inversión, sobre todo en la minera; una concentración de la innovación sobre todo en las empresas más grandes y productivas (la adopción de las innovaciones está tomando un tiempo para demostrar sus beneficios); y una recomposición estructural de la economía australiana hacia los servicios, los cuales son más intensivos en mano de obra en sectores como educación, salud y servicios asistenciales.

Australia está confiada en que en el mediano plazo la aplicación de las innovaciones y la tecnología, en particular en sectores como los de educación y salud, llevarán a aumentos significativos de la productividad.

Para ello, Banks resalta la importancia del gobierno con el fin de implementar una reforma laboral y tributaria que, por un lado, permita a las empresas invertir y propiciar su crecimiento, sobre todo las pequeñas y medianas; y, por otro lado, impulse una mayor acumulación de capacidades y habilidades por parte de los trabajadores.

Asimismo, busca incrementar la inversión pública en infraestructura, mejorar la calidad de la educación y de los servicios de salud, y propiciar la competencia y el comercio exterior con un ambiente regulatorio estable, simple y eficiente. Esta parece ser una historia que puede ser aplicada muy bien para el Perú.

El crecimiento en nuestro país ha sido menor en los últimos cinco años. El país debe dejar de depender de los precios internacionales de los minerales y empezar a fijarse más en sí mismo, en la calidad de sus empresas y de sus trabajadores, con un fuerte énfasis en la inversión y en la innovación.

El Plan Nacional de Competitividad y Productividad es un gran esfuerzo y un buen principio. Ahora toca comunicar, priorizar y tener el sentido de urgencia para implementar.