"El porcentaje de ‘ninis’ y la brecha de género son persistentes en el Perú", señala Molina. (Foto: GEC)
"El porcentaje de ‘ninis’ y la brecha de género son persistentes en el Perú", señala Molina. (Foto: GEC)
Oswaldo Molina

Director ejecutivo de la Red de Estudios para el Desarrollo (Redes)

La crisis sanitaria ha golpeado a diversos grupos y sectores económicos. Uno de los grupos más golpeados –y del que no se habla a menudo– es el de los ‘ninis’, aquellos que ni estudian ni trabajan. Para darnos una idea de la magnitud del golpe, se estima que, hacia el final del año, alrededor de 600 mil jóvenes abandonarán sus estudios superiores. Muchos de ellos querrán insertarse en el , pero más de la cuarta parte no podrán hacerlo.

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), casi 10 millones de jóvenes estaban desempleados en América Latina y el Caribe antes de la pandemia. Seis de cada diez laboraban en la informalidad y cerca de 23 millones se encontraban sin estudiar ni trabajar. En el Perú, según cifras del Ministerio de Trabajo, alrededor de 1,3 millones jóvenes de entre 15 y 29 años son ‘nini’.

¿QUIÉNES SON LOS ‘NINI’?

Se define a un ‘nini’ como un joven, de entre 15 y 29 años, cuyo estatus en el mercado laboral no calza con alguna de estas tres categorías: empleado, estudiante o en capacitación. Las cifras del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) muestran que, al 2019, uno de cada cinco jóvenes peruanos coincide con esta definición.

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Los números también indican que este no es un problema que afecta a todos los jóvenes por igual. En el Perú, de cada 100 ‘ninis’, 65 son mujeres y solo 35 son varones. De las 65 mujeres, 30 pertenecen a etnias indígenas o son afrodescendientes (Alcázar, 2019). Sin embargo, esta diferencia por género no se daría en todos los casos. De acuerdo con el investigador Hugo Ñopo, las diferencias de género no se perciben en el quintil de la población con mayores ingresos. Así, alrededor del 70% de ‘ninis’ se encuentra entre los tres quintiles con menores ingresos.

Un estudio del BID en el 2018 reveló además que el 15% de estos jóvenes son padres de familia (muchas son madres adolescentes) y el 20% vive en hogares con más de siete personas. Por otra parte, más del 50% de los jóvenes ‘nini’ tienen educación básica completa (primaria y secundaria). Sin embargo, también existe un 15% que, a pesar de tener educación superior, también están en esta categoría.

¿POR QUÉ EXISTEN LOS 'NINIS’ Y POR QUÉ MERECEN NUESTRA ATENCIÓN?

El porcentaje de ‘ninis’ y la brecha de género son persistentes en el Perú. En los últimos cinco años, el número de jóvenes ‘ninis’ aumentó en más de 380 mil. Y la diferencia entre el porcentaje de varones y mujeres ‘nini’ se ha mantenido entre 10 y 11 puntos porcentuales durante este período. Lo que es peor, se espera que esta cifra se incremente durante este año de crisis, debido tanto al aumento del desempleo, como al incremento de la tasa deserción estudiantil.

Una pregunta válida en este contexto es por qué una gran parte de jóvenes son ‘ninis’. Muchos podrían creer que se debe a su propio descuido o que no tienen las suficientes aspiraciones para salir adelante. No obstante, la realidad es otra. De acuerdo con el estudio del BID, solo el 3% de jóvenes latinoamericanos son personas inactivas que no realizan labores productivas. El otro 97% ayuda en su casa, busca empleo o tiene alguna discapacidad que le impide trabajar o estudiar.

Entre las principales causas de deserción de los estudios está el embarazo adolescente o el cuidado de una persona (en el caso de las mujeres) y la necesidad de generar ingresos adicionales para el hogar (principalmente en el caso de los varones). Sin embargo, si no llegasen incluso a desertar y concluyeran sus estudios superiores, estos jóvenes encontrarían obstáculos al querer insertarse en el mercado laboral, debido a que la calidad educativa que recibieron no se alinea con las necesidades del mercado (Yamada, Lavado y Martínez, 2014).

Por otra parte, en su búsqueda de empleo muchos jóvenes afirman que son discriminados por su inexperiencia o por el lugar del cual provienen. Ello, sumado a la falta de contactos, los limitan tanto en el campo laboral como estudiantil. Adicionalmente, de acuerdo con los investigadores Alcázar, Balarín, Glave y Rodríguez, el limitado servicio de transporte en las zonas donde habitan y la inseguridad ciudadana también juegan un importante rol en la existencia de ‘ninis’ en el Perú.

Un país con escasez de oportunidades, educación de baja calidad, inseguridad ciudadana y un sistema de transporte precario es, por tanto, el escenario perfecto para que abunden los jóvenes ‘nini’. Si bien este es un problema que se ha visibilizado en los últimos años, las estadísticas muestran que poco o nada se ha hecho para contrarrestarlo. ¿Y por qué contrarrestarlo? Más allá del drama que representa la existencia de los ‘ninis’, ellos representan un capital humano que nuestro país desaprovecha. En Latinoamérica y El Caribe, se estima que la inclusión de ‘ninis’ en la fuerza laboral podría aportar, en promedio, alrededor de 5% en el PBI (BID, 2017). El crecimiento de los países requiere tanto de capital físico como humano. Invertir en la productividad de los jóvenes es invertir en el desarrollo a mediano y largo plazo, así como en mayor bienestar de la población.

LOS ‘NINIS’ Y LA PANDEMIA

Según la OIT, la población joven corre el riesgo de convertirse en una “generación del confinamiento”, caracterizada por la interrupción de programas educativos, pérdida de empleos, quiebre de emprendimientos y desplome de sus ingresos. La actual crisis ha hecho que aproximadamente el 15% de estudiantes deje sus carreras. Asimismo, según cifras del INEI, durante el último trimestre se ha registrado una caída en la población joven ocupada de 44%. Por lo tanto, si bien las cifras de contagio van cayendo, la cifra de ‘ninis’ será un indicador que irá, más que seguro, en aumento. Cambiar esa tendencia será fundamental, no solo para salir de la actual crisis, sino también para construir un país con un crecimiento más inclusivo en el futuro.

*Este artículo fue escrito junto con Jesús Gutiérrez.

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